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REINO UNIDO, MEDALLA DE PLATA

Santísima Chanel: Ucrania gana Eurovisión, pero España hace historia con la mejor puntuación en 62 años

'SloMo' recibe 459 votos, lo que devuelve a nuestro a país a un podio que no visita desde 1995

Chanel, tercera en Eurovisión 2022 gracias a su espectacular interpretación de ’SloMo’. 

Chanel, tercera en Eurovisión 2022 gracias a su espectacular interpretación de ’SloMo’.  / ARCHIVO

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Europa es pura pasión. Adora a esa gente que pone toda la carne en el asador. Que se levanta. Que vive sin permiso. Que ilusiona. Por ello, Ucrania ha barrido en Eurovisión 2022. Es cierto que el factor emocional de la guerra ha jugado un peso clave, pero este dato no debe quitarle hierro a lo sustancial: Stefania es un canto al amor en tiempos de dolor. Y eso, en un Viejo Continente desestructurado, resulta un bofetón directo al corazón.

No es una canción típica ni destemplada. Es única, una característica que no abunda con frecuencia en el certamen. Ha sabido hacer de la sencillez su carta de presentación, sin necesidad de caer en estridencias ni alardes. Les ha bastado un mensaje de hermandad: a todos nos gusta sentirnos vivos… en especial, si lo hacemos unidos. Esto explica también que España haya subido tantos puestos respecto a la última década. Chanel no ha ganado, pero ha conseguido algo único: decir a nuestros vecinos que queremos celebrar la vida con ellos.

SloMo ha recibido 459 puntos, lo que le ha valido una tercera plaza que sabe a victoria. Pues, desde la participación de Ruth Lorenzo en 2014, España no ha vuelto a ser tema de conversación. Ni a generar interés ni entusiasmo. De hecho, llevábamos seis ediciones consecutivas quedando por debajo del número 20 (Edurne, Barei, Manel Navarro, Amaia y Alfred, Miki Nuñez, Blas Cantó).

Después de bastantes años, nuestro país ha conseguido cuajar un concepto ganador. Tanto es así que, de las 25 propuestas exhibidas, la de Chanel ha sido de las pocas que ha sabido sacar punta a la diferencia. Desde luego, no tiene la mejor voz, pero sí el mayor carisma. Así lo ha demostrado en las distintas conexiones que, durante la gala, Laura Pausini, Mika y Alessandro Cattelan han realizado con la Green Room. Además, no hay que perder de vista que estos formatos los conquistan quienes son capaces de conectar de forma más intensa con el público. Ahí están, por ejemplo, los casos de Neta (Israel, 2018), Måns Zelmerlöw (Suecia, 2015) o Lena (Alemania, 2010).

Los gorgoritos discotequeros de We Are Domi (República Checa), el conjuro bretón de Alvan & Ahez (Francia), las palmadas nostálgicas de Maro (Portugal), la oración pagana de Systur (Islandia) o la esperanza desbocada de Stefan (Estonia) no han conseguido hacer sombra a la entrega con la que Chanel ha pisado un abarrotado Pala Alpitour.

Los ritmos latinos, así como la letra y la puesta en escena, han encajado a la perfección en el ideario que la cantante hispanocubana ha defendido desde el Benidorm Fest, la plataforma donde fue escogida para representarnos en Turín: feminista, reivindicativa y empoderada. "Y no se confundan, señoras y señores. Yo siempre estoy ready para romper caderas, romper corazones. Sólo existe una, no hay imitaciones. Y, si aún no me creen, pues me toca mostrárselo", ha cantado (y bailado) enfundada en su brillante Palomo Spain y ante un auditorio dividido entre la devoción y el estupor.

Podría incluso decirse que, a primera escucha de muchos, ha encandilado más rápido a los europeos que a los propios españoles. Aunque la verdad es que, con el paso de los meses, numerosos escépticos se han reconvertido al chanelismo democrático. Lo dicho, pura pasión.

Durante los tres minutos que ha durado su actuación, la artista se ha desnudado por completo. Segundo a segundo, hasta alcanzar ese clímax de luz y color que Europa lleva tiempo demandándonos. ¿O acaso hay que recordar que 200 millones de espectadores se quedaron traspuestos durante aquel “eres el arte que endulza la piel” de Amaia y Alfred? Chanel se ha marcado un show al estilo Camila Cabello, Olivia Rodrigo o Ariana Grande. Con ese mismo aplomo se han personado los otros dos favoritos: el segundo puesto ha sido para Reino Unido y el cuarto, para Suecia.

Space Man ha sido el revulsivo que Gran Bretaña lleva buscando tras lustros de fracaso. Han ganado cinco veces el concurso de la mano de nombres de la talla de Sandie Shaw o Katrina & The Waves. Sin embargo, desde 1997, su mayor mérito ha sido una medalla de bronce en 2002. De ahí que la apuesta del tiktoker Sam Ryder haya devuelto una esperanza perdida hace un cuarto de siglo. Repleta de agudos de vértigo, este pop cósmico ha recordado lo valioso que es tener una canción a la altura de las cualidades del intérprete.

Poderosa y abrumadora a partes iguales, ha enamorado a una audiencia embobada ante semejante derroche de garganta y entrañas. No se olviden, la pasión… Algo que, igualmente, se puede atribuir a la candidatura escandinava.

El Hold Me Closer de Cornelia Jakobs desgarra por la simpleza con la que empieza y la contundencia con la que termina. Favorita desde su selección en el Melodifestivalen, el tema no ha dejado de incorporar adeptos pese a no añadir ningún elemento novedoso. La SVT no ha conseguido su séptimo triunfo, pero tampoco le ha hecho falta.

Serbia marca la diferencia

Respecto al anfitrión, todo ha salido conforme estaba predicho. Como pasa en la mayoría de las ediciones, las propuestas transalpinas suelen ser una de las más mimadas. Y no faltan motivos para ello. Desde que regresó al certamen en 2011, han cuidado sus presentaciones al detalle. En ellas siempre prima el pelaje. No quieren un éxito instantáneo, sino quedarse en los oídos del público. Un objetivo que, en este 2022, han revalidado con la escarpada Brividi.

Gracias a Mahmood y Blanco, la melodía se ha convertido en unos de los grandes himnos por la sencillez con la que relatan los recuerdos de una pareja asfixiada por los problemas. Ellos lo tenían claro: no iban a ganar, pero al menos han conseguido mantener el encanto que tanto caracteriza a Italia en Eurovisión. Han quedado sextos.

Más abajo se han repartido las plazas algunas de las canciones más aplaudidas este año. Ahí se hallan Polonia (12), Países Bajos (11) o Armenia (20). Las tres tienen algo en común: aunque son baladas, han sabido imprimir un sello propio. Lo que, en el fondo, les ha permitido diferenciarse de candidaturas con el mismo tallaje. Grecia, en cambio, ha salido perjudicada: a pesar de partir como una de las favoritas, su popularidad empezó a caer tras la primera semifinal. Ahora, se ha conformado con un octavo puesto.

Todo lo contrario que Noruega o Rumanía, que han visto cómo sus temas se han crecido conforme el espectáculo avanzaba. El aullido de Subwoolfer (10) y el casticismo de WRS (18) han conseguido caldear una final marcada por compases desangelados.

La sorpresa la ha dado Serbia. Con su particular oda a la salud (y, en concreto, al pelo de Meghan Markle), Konstrakta ha evidenciado que el secreto del festival reside en la autenticidad. Entrar en In corpore sano no es fácil, pero poco a poco su "biti biti biti biti zdrava" consigue algo que no está al alcance de cualquiera: dejar huella. Con seguridad, casi nadie ha averiguado a qué se refiere esta letra ni qué hacía Ana Đurić lavándose las manos de manera continua. Ahora bien, lo más probable es que la mayoría haya terminado moviendo los brazos al unísono.

Lo peculiar nos llama la atención y, como ya ha pasado otras veces, ser diferente siempre suma. Ya saben… la pasión por defender un sentimiento. La canción ya era un éxito en los Balcanes y lo terminará siendo en el resto del continente. Sin duda, ser la quinta clasificada le ayudará.

A ras de los mejores proyectos

Se ha echado de menos a San Marino, Montenegro, Albania, Letonia o Dinamarca para romper la dinámica de la gala. No obstante, el desparpajo de Pausini y compañía ha dado dinamismo a los minutos menos frenéticos. A destacar, su actuación. Como la de Mika. A un nivel por encima de cualquiera de los participantes. Se nota ese cariño singular que desde España les tenemos. A ellos, la estructura en forma de sol tampoco les ha ayudado demasiado.

Ésta iba a ser la sorpresa del escenario de esta edición… Sin embargo, un problema técnico ha impedido que éste se moviera, lo que ha obligado a todas las delegaciones a adaptar su staging. Un hándicap que, quizá, para el 95% de las personas que ven sólo la final haya pasado desapercibido y apenas haya influido en sus votos.

Sobre estos, poco se puede contar: nervios, intuiciones y escasas sorpresas. Algo que, en realidad, nos ha sentado de maravilla: éramos uno de los favoritos y las predicciones se han cumplido con creces. SloMo llegó arrasando y rápidamente se puso a ras de los mejores proyectos. Hemos enviado algo que ha marcado tendencia, exactamente igual que en las tres candidaturas españolas que más puntos habían recibido hasta ahora a lo largo de la historia del concurso: Eres tú, de Mocedades (125); Vuelve conmigo, de Anabel Conde (119) y Bailar pegados, de Sergio Dalma (119). Ninguna venció, pero cada una tenía dos cosas básicas: personalidad y novedad. Algo que también comparte la propuesta de Chanel.

Apasionada hasta los topes, la estrella de la noche ha sido ella. Y lo más importante: nos ha devuelto la ilusión. España ha ganado… esta vez, sin necesidad de pisar el primer puesto. 

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