ENTREVISTA

Elvira Sastre: "Todos nos hemos ido callando con los años, la situación está complicada para posicionarse"

La escritora repasa su obra y todo lo vivido en la última década con la antología 'Lo que la poesía aún no ha escrito'

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La escritora Elvira Sastre, fotografiada en un parque de Madrid

La escritora Elvira Sastre, fotografiada en un parque de Madrid / Alba Vigaray

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Aunque el tiempo pasa volando, sobre todo a medida que vas cumpliendo años, una década da para mucho, en la vida y en la literatura. A Elvira Sastre (Segovia, 1992) la última le ha servido para madurar y tomar conciencia de la frágil naturaleza de las palabras, para asentarse en ese territorio narrativo, a veces enfangado, que empezó pisando con la inseguridad propia de quien abraza la humildad, pero también el arrojo, tan necesario en la escritura.

Por el camino, ha pasado del anonimato a la celebridad, casi, siendo capaz de llenar teatros y estadios, en España y al otro lado de ese charco que no hermana tanto como nos separa, recitando sus poemas. Ha ganado, también, uno de los premios literarios más preciados de nuestro país, el Biblioteca Breve. Lo hizo con su primera novela, Días sin ti (Seix Barral, 2019), y aquello le granjeó muchas críticas, que no siempre fueron constructivas. Sin necesidad de rehacerse, pues pudo más la felicidad que el vituperio, siguió su propia senda. Con la antología Lo que la poesía aún no ha escrito (Visor), que acaba de llegar a las librerías, repasa su obra y lo vivido.

P. Hace una década ya de su primer libro. ¿Pesa la responsabilidad?

R. No. Miro hacia atrás con mucha ternura e intento ser un poco benevolente conmigo misma, también.

P. ¿La Elvira Sastre de hace diez años es distinta de la de ahora?

R. Yo espero que sí. Hay cosas de mi personalidad que mantengo bastante, a nivel personal soy una tía con sus complicaciones, como todo el mundo. Mi parte más limpia es la de la escritura. Pero mi cabeza es un martillo que tengo que cuidar mucho y en estos años he adquirido más herramientas para conseguir una estabilidad emocional mejor o más firme, aunque eso no implica que no me caiga, que no me equivoque y que no esté mal. Pero soy una mujer bastante más independiente y bastante más fuerte.

P. ¿Ahora se permite los mismos errores que entonces?

R. No. Con el tiempo me he convertido en una persona muy autoexigente y muy perfeccionista, y eso me lleva por la calle de la amargura. Eso antes no lo tenía tan acusado.

P. Qué difícil es ser tolerante con una misma, ¿verdad?

R. Sí, muy complicado. Antes, que tenía menos ojos puestos, escribía de una manera quizá no más libre pero sí más relajada, menos preocupada. Ahora, la presión es mayor. También influye mucho el hecho de ser mujer, de ser joven, de estar en un género que es bastante minoritario, que está bastante ocupado por hombres mayores. Me he enfrentado a situaciones en las que dices: tengo que demostrar el triple, merezco estar aquí hoy, pero mañana tengo que seguir demostrando que merezco estar aquí hoy.

"Hay ciertos hombres que se sienten más amenazados por la figura de una mujer, la ven más como una antagonista que como un compañero"

P. ¿A un hombre no le pasaría?

R. Creo que no. Creo que ese nivel de exigencia por parte del otro es mucho más acusado cuando eres mujer. Me da la sensación de que hay ciertos hombres que se sienten más amenazados por la figura de una mujer, la ven más como una antagonista que como un compañero.

P. ¿Y se enfrenta igual a las críticas ahora que cuando tenía 21 años?

R. Depende. Lo he llegado a pasar mal a veces, otras he intentado que no me afectara… Lo que sí he protegido siempre ha sido mi escritura.

P. ¿Más que su vida personal?

R. Sí, aunque mi vida personal la tengo bastante protegida, a medida que va pasando el tiempo menos me apetece mostrar. Ahí sí me he vuelto muy reservada, antes enseñaba muchísimo más.

P. ¿Y por qué?

R. No lo sé, supongo que también es una cuestión de intimidad, de preservar ciertas parcelas de mi vida. Hay gente que se cree que te conoce y te enfrentas a situaciones que… Yo soy muy introvertida y muy tímida, y necesito saber que hay una parte de mi vida que está bajo control y es mía. Nadie sabe cómo soy yo en mi casa, y me parece bien que sea así.

P. Pasó del anonimato a la fama, a llenar teatros recitando poesía. ¿Se lleva bien con esa celebridad?

R. En España sí, porque es mucho más tranquilo. En América Latina sí me ha supuesto más problemas, me he visto envuelta en situaciones con las que no me siento cómoda, pero, como no vivo allí, el rato que voy lo gestiono como puedo.

P. ¿Y se arrepiente de algo que haya hecho o dejado de hacer?

R. No, pero he aprendido a ser consciente del altavoz que puedo tener.

"He demostrado que llevo ya muchos años y que mi intención es seguir escribiendo poesía, y no obligo a nadie a que la lea o a que le guste"

P. ¿Cree que el gremio la toma en serio o a veces se siente menospreciada?

R. Me han pasado las dos cosas. En general, me siento bastante respetada, tengo al lado a grandes poetas que me han ayudado mucho, Benjamín Prado, Luis García Montero… He demostrado que llevo ya muchos años y que mi intención es seguir escribiendo poesía, y yo no obligo a nadie a que la lea o no la lea, a que le guste o le parezca mejor. Hago mi camino sin molestar a nadie, y por ahí sí que se me respeta.

P. Qué curioso que haya usado el verbo demostrar...

R. Sí, es que lo sigo sintiendo.

P. Pero, ¿por qué cree que tiene que demostrar algo?

R. Sí y además ¿cómo?, ¿qué más tengo que hacer? Llevo diez años intentando que la poesía sea accesible, que llegue a la gente. La poesía tiene un público cada vez más mayoritario, pero hay gente que, por lo que sea, no se va a acercar a un libro de poesía. Entonces, me invento otras maneras de acercarles la poesía: hago recitales, le pongo música, salgo recitando un poema con autotune... He llenado teatros, me voy a América Latina… Allí creo que se me respeta bastante más que aquí.

P. ¿Sí?

R. Sí, es una diferencia bastante palpable y creo que viene de la educación cultural que hay allí y la que hay aquí o la que no hay aquí. ¿Qué más tengo que hacer? Y, aun así, hay gente que me sigue preguntando cuántos seguidores tengo. Me aburre y me cansa y me cabrea un poco ya. Hay cierto sector que me da la sensación que cree que cuanto menos vendas mejor poeta eres.

P. Bueno, eso no sólo pasa en la poesía…

R. Sí, es el elitismo que hay en la cultura. Pasó hace años en la música indie: molaba tu grupo hasta que lo escuchaban dos personas más que tú.

"Hay gente que me sigue preguntando cuántos seguidores tengo. Me aburre y me cansa y me cabrea. Hay cierto sector que cree que cuanto menos vendas mejor poeta eres"

P. ¿Y por qué sucede eso?

R. No lo sé. No siento que pase fuera de España, es un problema local. Yo creo que es por el elitismo que hay. En la poesía ha pasado: tenerla muy relegada en los cajones y que nadie la lea, que nadie la entienda y cuanto más se parezca a un jeroglífico un poema mejor es. Literatura hay para todo el mundo. Es como esta gente que dice eso de «literatura para mujeres», que a mí me da mucha rabia. El perfil de persona que sostiene la cultura de este país es una mujer de 60, 50 años, y se la desprecia mucho, se la relega mucho, se hacen chascarrillos muy absurdos. ¿Por qué pasa? No lo sé, pero da bastante pena, la verdad.

P. ¿Y por qué hay quien se arroga la potestad de decidir qué es poesía?

R. No lo sé, supongo que hay gente que se cree con la suficiente capacidad. A mí me parece tan atrevido que no se me ocurriría. Me puede gustar más un estilo que otro, pero nunca se me ocurriría decir que lo que escribe quien sea no es poesía. ¿Quién soy yo para decir eso? Hay un ansia por etiquetarlo y clasificarlo todo, por despreciar lo que viene de canales que no son los clásicos, como las redes sociales, que creo que hace más daño que bien, pero ellos sabrán.

"Nunca se me ocurriría decir que lo que escribe quien sea no es poesía. Hay un ansia por despreciar lo que viene de canales que no son los clásicos que creo que hace más daño que bien, pero ellos sabrán"

P. Usted ganó el premio Biblioteca Breve con su primera novela y aquello le trajo muchas críticas, no siempre constructivas. ¿Cómo lo vivió?

R. La felicidad es superior a todo eso. Yo no me di el premio a mí misma, no tengo responsabilidad en que me eligieran. Yo venía de la poesía, me iba bien, pero no hacía demasiado ruido, no molestaba. La poesía no es incómoda, no le tambalea al otro su posición, pero con la narrativa sí, claro, y más con un premio así. Yo lo disfruté muchísimo, me vino muy bien, fue un empujón para seguir en este oficio. Fue conocer también ese sector que es más crítico y más caníbal. Y, además, con el tiempo me doy cuenta de que les ha pasado a casi todas las escritoras, gente súper asentada que también ha recibido muchísimo. Dejé que eso reposara un poco y seguí mi camino. ¿Que eso me ha dejado poso de autoexigencia y perfeccionismo? Sí, por desgracia sí.

P. En esa novela había un compromiso literario y social. ¿Cómo valora la toma de posición pública del escritor? ¿Se debe manifestar?

R. Para mí, es vital y esencial y antes le hubiera dicho que todo el mundo debería hacerlo, pero he aprendido que no puedes juzgar las decisiones que toma la gente. Tú no sabes por lo que está pasando un artista al que se le exige salir del armario o un posicionamiento político. No puedes exigirle a gente que sólo conoces de leer un libro suyo o de escuchar una canción que se posicione en temas que te parecen bien, porque no sabes lo que hay detrás. Ahora bien, yo lo he hecho siempre, porque va en mi educación. Si tengo un altavoz y lo puedo usar, no para tratar de convencer a nadie de nada, pero sí para compartir causas en las que creo y me parecen justas, sí concedo esa parcela de mi intimidad, porque creo que puede llegar a algún sitio.

"Tú no sabes por lo que está pasando un artista al que se le exige salir del armario o un posicionamiento político"

P. En eso, las redes sociales han sido bastante nocivas. Imagínese que a usted la hubieran obligado al outing o la hubieran cancelado por apoyar a al político que fuera.

R. Sí, me ha pasado. Por posicionarme a favor de según qué ideas políticas, ha habido gente que me ha dicho: ya no te leo más. Hace no tanto, cuando hubo muchas agresiones homófobas en Madrid, puse un tuit que decía: «Madrid nos mata». Se hicieron eco muchos trols muy fascistas, me pilló en un mal día y me hizo daño esa ráfaga de violencia. Sí me he visto en situaciones así, pero es mi voz, si no la quieren escuchar que no la escuchen.

P. Tampoco se va a callar, ¿no?

R. Exactamente, es que me parecería bastante triste. Igualmente, creo que todos nos hemos ido callando con los años, porque la situación está complicada para posicionarse como yo lo hacía al principio.

"Ha habido una radicalización desde lo más alto, y eso cae. La sociedad es un reflejo de lo que hacen sus gobernantes y si quienes te representan se comportan así… ¿Quién da ejemplo en este país?"

P. Qué triste eso, ¿no?

R. Sí, es bastante triste. Yo antes en redes me posicionaba muchísimo más y ahora busco otros canales, en un poema, en los recitales… Cuando voy a América Latina comparto la situación política de mi país, porque me parece importante que se sepa. Aquí cada vez es más complicado hablar del franquismo. Me ha pasado de estar en Alemania y darme cuenta de que estaba respondiendo con una libertad que aquí no tengo. Es muy fuerte, y antes no pasaba.

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P. ¿Y cómo hemos llegado ahí?

R. Pues porque ha habido una radicalización desde lo más alto y eso cae, evidentemente. La sociedad es un reflejo de lo que hacen también sus gobernantes, porque es lo que ves. Si quienes te representan se comportan así… ¿Quién da ejemplo en este país? Una no sabe bien dónde a quién mirar. Al final, te queda la educación que te den en tu casa, y no siempre a lo mejor es la más apropiada.

'Lo que la poesía aún no ha escrito'

Elvira Sastre

Visor

488 páginas

20 euros