CUIDADOS

El inevitable auge de los hombres cuidadores

Europa envejece y necesitará que también ellos cuiden

La crisis de cuidados hace necesaria la implicación de los hombres en la corresponsabilidad.

La crisis de cuidados hace necesaria la implicación de los hombres en la corresponsabilidad. / Imagen de archivo / Pixabay

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Europa necesita quien la cuide: el envejecimiento de la población provocará necesariamente la incorporación de los hombres a las tareas de cuidados. Más allá de la necesidad, los más jóvenes ya quieren implicarse en el día a día de sus hijos y cada vez son más habituales las custodias compartidas. Emerge, aunque con paso lento, la masculinidad cuidadora.

El camino es largo: las mujeres aún asumen de forma mayoritaria el peso de los cuidados, especialmente los menos gratificantes y que suponen mayor carga mental, y padecen las discriminaciones de un mercado de trabajo que las penaliza históricamente por ser madres.

Una doble carga para las mujeres

“Ellas siguen asumiendo los cuidados y tienen una doble y una triple carga, pero vemos cambios en los hombres. (...) Algunos sí quieren cuidar, con una mayor dedicación a las tareas domésticas y a la crianza de los hijos. Es verdad que hay estudios que dicen que se implican en los cuidados más amables, llamados de calidad, como enseñar, hablar, pasear, jugar y no tanto en los más rutinarios, como cambiar la ropa o dar de comer”, explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA el profesor de Pedagogía de la Universitat de Girona Paco Abril, experto en masculinidad, género y cuidados.

“Sabemos que los hombres están implicándose algo más en las tareas domésticas y en el cuidado de sus criaturas menores de 12 años, sobre todo en los cuidados de calidad: pasear, jugar, hacer los deberes, charlar con ellos… Ese tipo de cuidados menos rutinarios y más gratificantes”, coincide la profesora titular de Sociología de la UNED, Teresa Jurado.

Además, en España, a partir de los 65 años los hombres cuidan en igual medida que las mujeres y a partir de los 80 hay más cuidadores masculinos que femeninos en las parejas. ¿Por qué este cambio en la tendencia? Aunque las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, llegan en peores condiciones de salud a la tercera edad que los hombres. Europa envejece a marchas forzadas y esta realidad va a consolidarse.

Reducir la brecha de los cuidados

¿Cómo reducir la brecha para que ellos estén presentes en los cuidados a lo largo de toda la vida, no sólo en la vejez?

Es una de las preguntas que se hace el proyecto Men in Care, del que forman parte los profesores Jurado y Abril. Se trata de una iniciativa que tiene por objetivo mejorar las condiciones laborales para promover que los hombres asuman roles de cuidado. Cofinanciado por la Comisión Europea, el proyecto centra sus esfuerzos en España, Austria, Alemania, Islandia, Noruega, Polonia y Eslovenia.

El mercado de trabajo es un pilar esencial para la conciliación y la corresponsabilidad. Apenas existe brecha de género entre los adultos jóvenes sin hijos entre los 25 y los 49 años, pero la pintura cambia con el factor penalizador de la maternidad: el trabajo a tiempo parcial se duplica entre ellas, mientras permanece inalterado para ellos, y las madres trabajan menos horas semanales que los padres para dedicarse al cuidado de los hijos, lo que hace que sus poder adquisitivo se resienta.

Los varones rara vez trabajan a tiempo parcial o reducen su jornada laboral para el cuidado de menores, no utilizan las medidas de conciliación que disminuyan sus ingresos, aunque sí hacen uso de aquellas que no afectan a su sueldo: bajas de paternidad remuneradas, horario flexible, jornada compacta y teletrabajo.

Entra en juego el rol de hombre sustentador o proveedor de la economía familiar, mientras que los cuidados no están socialmente reconocidos y se asocian con la vulnerabilidad, que a su vez se vincula con la mujer en la cultura patriarcal. Sigue produciéndose una "socialización diferenciada" con marcado sesgo de género y con falsos estereotipos como que cuidar es un talento innato que recae de forma natural sobre los hombros de las mujeres. Esto hace que “muchos hombres no vean la necesidad y se sientan incluso privilegiados de no ser responsables de los cuidados”, apunta Abril.

Crece la participación de los hombres en los denominados cuidados de calidad.

/ Imagen de archivo / Pixabay

Como las mujeres tienen una peor posición laboral, ocupan un lugar más débil a la hora de negociar con la pareja la implicación profesional y familiar. Asumen más cuidados, se ausentan más del puesto de trabajo, reducen sus jornadas y todo ello impacta en su crecimiento profesional.

En la actualidad, los padres que comparten las tareas rutinarias con las madres suelen ganar menos que ella, no tienen un trabajo tradicionalmente masculino, disponen de tiempo y están emparejados con una mujer que no suele estar disponible después de las 17 horas debido a un trabajo remunerado.

Una vida más allá del trabajo

Men in Care identifica las razones que llevan a los hombres a incorporarse a los cuidados: las preocupación de una sociedad que envejece, la voluntad de aquellos que están dispuestos a cuidar de forma similar a como lo hacen las mujeres y un cambio general de valores y actitudes que hace que el cuidador masculino sea cada vez más valorado socialmente.

Si hasta ahora el trabajo definía en gran medida la identidad social del hombre, su lugar en el mundo, cada vez más la entrada en contacto con la paternidad amplía el espectro hacia una visión con más matices y distintas prioridades, hacia la concepción de que “la vida es mucho más que trabajar”, que es más habitual entre los jóvenes con estudios universitarios.

No renuncian a la profesión, está claro, pero quieren compaginarla con ser más activos en los cuidados. El permiso de paternidad lo coge la mayoría y es un buen indicador de que quieren asumir esa voluntad, al menos en lo que se refiere al cuidado de los hijos”, sostiene el profesor de la Universitat de Girona.

A cuidar se aprende, no es una capacidad innata ni depende del género, pero requiere tiempo.

“Los cuidados no siempre son fáciles, es cansado cuidar a un bebé o a una persona mayor, pero sabemos de estudios de la Psicología que cuidar a otra persona es muy reconfortante. Te genera esa sensación de haber hecho algo bueno y haber contribuido al bienestar de un ser querido. También, al cuidar a otra persona tienes que escucharla y ponerte en su lugar, por lo que fomenta la empatía”, asevera Jurado.

La implicación en los cuidados mejora la relación de pareja y beneficia al entorno, pero también a ellos mismos, pues conlleva una mejora de su salud física, mental, sexual y la reducción de la asunción de riesgos y de la violencia, destacan desde Men in Care.

Jurado indica que hay estudios longitudinales que demuestran que cuando tanto el padre como la madre se implican en el cuidado de los pequeños, éstos muestran un mejor rendimiento escolar, una mayor autoestima y un vínculo de apego fuerte con dos personas, no sólo con la madre.

La responsabilidad de las empresas

En un contexto de “explotación del tiempo de las mujeres”, como define Abril la carga desproporcionada que asumen ellas, ¿cómo  conseguir que el sexo masculino avance hacia un reparto equilibrado, hacia la tan ansiada corresponsabilidad?

Hay una parte individual y otra social, pero las empresas pueden ayudar (y mucho) al desarrollo de las masculinidades cuidadoras.

Desde la iniciativa Men in Care proponen cinco políticas: permisos remunerados para el cuidado de niños pequeños -y facilidad para disfrutarlos cuando mejor le venga al trabajador- y permisos flexibles para ausentarse del lugar de trabajo durante parte de la jornada por motivos personales o familiares.

Además, horarios compactos que concentren las horas de trabajo en una parte del día, normalmente la mañana; horarios flexibles para comenzar y finalizar la jornada en función de las necesidades; flexibilidad espacial y teletrabajo para ahorrar tiempo en los desplazamientos y control del horario para determinar cuándo y dónde se trabaja.

Aunque la conciliación de la vida laboral y familiar está positivamente relacionada con el bienestar, la salud y la productividad de los empleados, entre los directivos más veteranos impera la idea de que es perjudicial para la promoción y el desarrollo de la carrera profesional.

“No perjudica a la productividad. Las personas trabajadoras que tienen cubiertas sus necesidades personales de conciliación se implican, se comprometen y son más productivas con la empresa. Consiguen fidelidad, compromiso, mayor productividad y menor absentismo. Hay que apostar por la flexibilización y racionalización de los tiempos de trabajo”, afirma Abril.

Los negocios con diversidad en la plantilla y los líderes que apuestan ellos mismos por la conciliación facilitan el avance de medidas que contribuyan a las masculinidades cuidadoras. También los trabajadores que se sienten seguros en sus empresas lo tienen más fácil para acogerse a estas medidas.

Y, por supuesto, el Estado debe facilitar políticas públicas como la educación de 0 a 3 años y la cobertura de las bajas remuneradas para el cuidado.

El Ministerio de Igualdad ha impulsado una Mesa asesora para los cuidados (con agentes sociales, representantes de distintos ministerios y expertas feministas en cuidados) para diseñar un sistema estatal de cuidado que garantice el derecho tanto a cuidar en igualdad como a ser cuidado.

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