CUIDADOS

Las trampas de los permisos de paternidad que frenan la corresponsabilidad de los hombres

Un hombre lee un cuento a su hija

Un hombre lee un cuento a su hija / Imagen de archivo / Pixabay

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Desde enero, padres y madres pueden disfrutar de 16 semanas de permiso remunerado por el nacimiento o la adopción de sus hijos, pero la normativa dificulta la corresponsabilidad -que los hombres asuman de forma plena el rol cuidador-, pues los obliga a compartir seis semanas con la madre y deja en manos de las empresas la decisión de cuándo pueden tomarse el resto del permiso, por lo que no priman las necesidades organizativas de la familia.

Los progenitores están obligados a tomarse las seis primeras semanas tras el parto de forma simultánea y después tienen un año para poder cogerse las otras diez, pero esa decisión debe contar con el visto bueno de la empresa: "Es una norma defectuosa que sigue siendo vulnerable a las resistencias de algunos empresarios a prescindir de los hombres", lamenta la portavoz de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (Ppiina), Mercedes Cano.

Nueve meses después de la entrada en vigor de los permisos de 16 semanas iguales e intransferibles, comienzan a conocerse casos de presión a los trabajadores hombres para que vuelvan al puesto de trabajo, falta de aprobación de la organización del tiempo de cuidado solicitada por el empleado e incluso inducción a renunciar a las 10 semanas voluntarias para ocuparse del hijo recién nacido. Así, en la práctica, se perpetúa que la mujer asuma el peso del cuidado y se refuerza el papel de proveedor económico del hombre, frenando su implicación y deseo de cuidar.

En manos de los empresarios

"Hay trampas en la normativa: aparentemente es una ley que trata de establecer la igualdad en el cuidado, la corresponsabilidad real, pero a la hora de la verdad impide que los hombres se tomen el permiso de manera igualitaria. Para empezar, tienen que ponerse de acuerdo con la empresa para tomarse el tiempo que no es obligatorio y eso quiere decir que la empresa les puede decir que no", indica Cano.

"Después de las seis semanas de permiso obligatorio, hay que negociar con recursos humanos o con el supervisor cómo y cuándo se van a coger las 10 semanas restantes. (...) Hay empresas que fuerzan a los hombres a cogerse el permiso a tiempo parcial, que les dicen que en el momento solicitado les viene muy mal porque están cerrando un proyecto o porque les conviene más que se lo coja dentro de un mes. No son las necesidades familiares las que cuentan, sino las de la empresa las que deciden el uso del permiso", explica la profesora titular de Sociología de la UNED Teresa Jurado a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

Desde la Ppiina denuncian que se "están encontrando con empresas que ponen trabas" a los hombres, incluso que hay pequeños negocios en los que presionan al trabajador para que no se tome la totalidad del permiso al que tiene derecho por ley. En las mujeres se da por sentado el rol cuidador maternal, una diferenciación que tiene consecuencias graves y estructurales para su carrera.

Sin datos

Los hombres quieren cuidar a sus hijos, disfrutar de estos permisos. Según datos de la Seguridad Social, entre enero y septiembre de este año, más hombres que mujeres accedieron a esta prestación -la tasa de ocupación es mayor entre ellos que entre ellas-: 166.055 madres y 182.337 personas que son el segundo progenitor (principalmente hombres). Sin embargo, el Ministerio de Inclusión no detalla cómo se están cogiendo los padres la parte no obligatoria de estos permisos: si completa, de un tirón o fraccionada, si coincidente con la madre o alternando con ella, su duración...

"Los hombres sí quieren tomarse el permiso de paternidad. (...) Pero si eso va a hacer que se tengan que jugar el empleo, no", subraya Cano.

La profesora Jurado, coordinadora en España de la iniciativa europea Men in Care, incide en que "los mandatos de género y socialización" marcan a los hombres como proveedores económicos principales, algo que está "muy arraigado e interiorizado", y la posibilidad de perder ingresos puede llevarlos a pensar que no van a cumplir con esta obligación. Por eso, continúa, las medidas de conciliación deben ser iguales para todo el mundo y sólo funcionarán de forma equilibrada las que no tengan penalización económica o ésta sea mínima. Son ellas las que mayoritariamente piden reducciones de jornada, trabajan a tiempo parcial y solicitan excedencias por cuidado de hijos.

En la exposición de motivos de la reforma legal para la consecución de permisos remunerados iguales e intransferibles para ambos progenitores figuran como objetivos acabar con la penalización de las mujeres en el mercado laboral como consecuencia de la maternidad y la necesidad de fomentar la corresponsabilidad familiar.

En el texto legal se puede leer que la reforma "da un paso importante en la consecución de la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres, en la promoción de la conciliación de la vida personal y familiar, y en el principio de corresponsabilidad entre ambos progenitores, elementos ambos esenciales para el cumplimiento del principio de igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres en todos los ámbitos".

"El padre pinche"

Sin embargo, el alcance de las medidas no es tan eficaz como se pretendía debido a dos "trampas": la primera, la mencionada de que las empresas decidan sobre los permisos, y la segunda, la obligación de que ambos progenitores coincidan en sus permisos durante las primeras seis semanas.

"Es una pérdida de recursos económicos e interfiere en la posibilidad de la pareja de turnarse. Si yo quiero cuidar al bebé en casa el máximo tiempo antes de que vaya a la escuela infantil, lo mejor es turnarse, y esta obligación acorta el periodo", sostiene la profesora de Sociología.

En el mismo sentido, la portavoz de la Ppiina defiende que sean los miembros de la pareja los que repartan el permiso como más les convenga: "Para que la norma tenga el impacto de generar igualdad y corresponsabilidad debería facilitar que sean las parejas las que decidan cuándo se lo cogen y propiciar que los padres y las madres se queden en solitario con el bebé el mayor tiempo posible para garantizar que pasa el máximo tiempo posible en casa".

"Es una manera muy poco eficaz de invertir el dinero que se ha puesto en juego para que los padres tengan un permiso pagado al 100 %, de hacerlo menos eficaz de lo que podría ser", añade.

Jurado precisa que sólo se aprende a cuidar cuando la persona tiene que hacerse cargo y responsabilizarse en soledad del bebé, por eso la importancia de turnarse en el cuidado y no solapar los permisos: "Cuando la madre está siempre presente, por los mandatos de género va a ser ella la que más se responsabilice".

Y en lugar de propiciar el rol de padre cuidador que se corresponsabiliza y comparte la carga mental de cuidados, se continúa con el papel de ayudante o de "padre pinche", lamenta la portavoz de la Ppiina, y no se rompe con el reparto sexual del trabajo.

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