HISTORIAS DE NARCOS | CUARTA ENTREGA

El piloto gallego curtido en mil batallas en el Estrecho

El arousano Francisco Javier Otero Magdalena ha sido detenido en Algeciras en el marco de una nueva operación contra el narcotráfico

Magdalena, en la derecha, durante el juicio en la Audiencia de Pontevedra.

Magdalena, en la derecha, durante el juicio en la Audiencia de Pontevedra. / Rafa Vázquez

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Anxo Martínez

Un conflicto diplomático entre España y Gibraltar; un accidente con una lancha de Aduanas en el que falleció un presunto delincuente; un par de alijos frustrados… La biografía del gallego Francisco Javier Otero Magdalena está salpicada de episodios turbios, siempre navegando entre Marruecos y España.Francisco Javier Otero Magdalena no es un piloto que se rinda con facilidad. Ni de los que se entregan a las primeras de cambio. En el sur, los guardias costeros saben que, si pretenden atraparlo en el mar, no les quedará más remedio que contener la respiración y poner los motores de su patrullera al máximo.

Otero Magdalena nació hace 52 años en O Grove, un pequeño municipio de la ría de Arousa conocido en el resto de España por su fabulosa playa de A Lanzada, la isla de A Toxa y su delicioso marisco. A mediados de la década de los 90, el narcotráfico gallego seguía en "shock". Hacía unos años que el magistrado Baltasar Garzón y el fiscal Javier Zaragoza habían dirigido la operación "Nécora", asestando un duro golpe a las viejas familias del contrabando de tabaco reconvertidas al tráfico de drogas.

Magdalena debió considerar que en ese momento era demasiado arriesgado operar en la ría de Arousa y decidió probar fortuna en el sur. En 1994 sufrió su primer tropiezo con la ley, al verse implicado en un alijo de media tonelada de hachís marroquí intervenido en Marbella (Málaga). Tiempo después, la Audiencia Provincial de Málaga le impuso una condena de seis años y ocho meses de prisión.

Este veterano piloto de planeadoras arousano se ha convertido en las dos últimas décadas en un asiduo de los titulares de prensa. Esta misma semana, ha vuelto a ingresar en prisión después de ser arrestado en Algeciras (Cádiz) como presunto cabecilla de una trama dedicada a la fabricación de "narcolanchas" y el tráfico de hachís.

Interior de una nave de Vilanova de Arousa (Pontevedra), registrada en el marco de la operación “Kerumán-Samario”, que supuestamente dirigía Otero Magdalena. / Iñaki Abella

Clan de los rubios

Francisco Javier Otero Magdalena, del clan de los "Rubios de San Vicente", no forma parte del selecto grupo de narcos gallegos que fueron canonizados en la serie "Fariña". Pero su vida ha estado cuajada de episodios casi novelescos, algunos con final trágico.

En 2007, fue detenido a la altura de Benidorm (Alicante), cuando pilotaba una lancha rápida con 4.200 kilos de hachís a bordo. Había salido unas horas antes de Marruecos y pretendía llegar con la droga a las Islas Baleares. Pero la embarcación tuvo problemas mecánicos y pasó tres días en el agua, hasta que fue avistada por un helicóptero de la Guardia Civil.

Rubalcaba

Cuando el gallego recobró la libertad provisional decidió ponerse de nuevo a los mandos de una planeadora. Dos años después de su detención en la costa levantina, en diciembre de 2009, protagonizó una huida que a punto estuvo de costarle el pellejo a cuatro guardias civiles y al mismísimo Ministro del Interior, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.

Una patrullera de la Guardia Civil, con cuatro tripulantes, localizó una "goma" en las proximidades de Gibraltar y le dio el alto, sospechando que era de las muchas embarcaciones que se estaban dedicando al paso de cannabis magrebí a la península. Los ocupantes de la planeadora sospechosa emprendieron la huida.

El patrón era Otero Magdalena, y le acompañaba el isleño José Antonio Falcón, "O Fogonero", un arousano que también había tenido sus minutos de gloria cuando, de niño, un equipo de televisión visitó su colegio y preguntó a los pequeños qué querían ser de mayores. Sin titubear, él contestó que contrabandista, como su padre.

Huida a Gibraltar

La Guardia Civil inició la persecución, pero Otero Magdalena no era de los que se rendían. El gallego debió considerar que lo mejor para librarse de la patrullera que le pisaba los talones sería poner rumbo a Gibraltar, y así lo hizo. Los guardias le siguieron.

Finalmente, sería la policía del Peñón la que abortó la huida de los dos gallegos, pero también la persecución de la Guardia Civil. Las autoridades de la colonia británica acusaron a los agentes españoles de meterse en sus aguas territoriales sin comunicarlo previamente por radio, y retuvieron durante unas horas a los guardias en su puerto. Con Otero Magdalena zanjaron el asunto con una multa de 5.000 euros porque en la lancha no había rastro de droga. La broma le costaría a España un tirón de orejas diplomático.

Francisco Javier Otero Magdalena cuando fue detenido en casa de su exmujer, en O Grove, en mayo de 2018. / MIGUEL MUNIZ DOMINGUEZ

Fugado de la Justicia

El nombre de Otero Magdalena desaparece de la prensa hasta 2015, momento en el que es juzgado por el alijo de ocho años antes. Se sienta en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Pontevedra y la endémica modorra de la Justicia española en asuntos de narcotráfico sale en su auxilio. Gracias a las dilaciones indebidas, el hombre ve reducida su condena a tres años y nueve meses de prisión y al pago imposible de una multa de 11,5 millones de euros.

Pero entre los planes del gallego no figuraba el de dejarse meter en la cárcel, y huyó. Permaneció así, en paradero desconocido, casi tres años, hasta que en mayo de 2018 la Guardia Civil del cuartel de O Grove supo que se escondía en su municipio natal y fue a por él.

Cuando llamaron al timbre de la vivienda de la exmujer del fugado, los agentes ya habían rodeado toda la casa. Otero Magdalena no tenía escapatoria y se dejó llevar al coche patrulla. Ahora sí, dio con sus huesos en la cárcel.

Y cuando recobró la libertad, volvió al sur. En enero de 2021 se vio envuelto en un feo incidente con una patrullera de Vigilancia Aduanera que terminó de la peor manera posible: con una persona muerta.

Francisco Javier Otero Magdalena patroneaba, según el informe policial, una planeadora a la altura del litoral andaluz. Iban con él otros tres hombres. Al verse descubiertos por los funcionarios de Aduanas, optaron por el camino más espinoso: la huida.

Pusieron rumbo oeste, pero en las proximidades de Málaga las cosas se torcieron. La lancha de los sospechosos se detuvo de repente, probablemente a consecuencia de un golpe de mar, y la Vigilancia Aduanera, que les perseguía de cerca, no pudo parar a tiempo ni esquivarles para evitar el impacto, y embistió a los escapados.

Muerte en el mar

"Dieguito", un hombre de 38 años de La Línea de la Concepción (Cádiz) que iba en la parte posterior de la lancha, murió en el accidente. Los demás, Otero Magdalena incluido, solo sufrieron magulladuras. Y el impacto del susto, de presenciar la muerte desde tan cerca. En la planeadora no había droga, pero sí numerosos -y sospechosos- bidones de gasolina.

Hoy el Estrecho ya no es lo que era hace unos años. La asfixiante presión policial ha obligado a los narcos a ampliar su campo de acción, tanto en Marruecos como en España. Hacen viajes más largos. La Guardia Civil y la Policía Nacional, autores de la investigación "Keruman-Serami", estallada esta semana entre Galicia y el norte de Portugal, creen que Otero Magdalena es de los que no escarmientan con facilidad. Y por eso le detuvieron hace una semana en Algeciras, y su nombre ha regresado a los titulares.

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