HISTORIAS DE NARCOS | TERCERA ENTREGA

Vioque, "Don Pablo", el hombre que quiso convertir Galicia en Sicilia

En marzo se cumplirán 30 años del primer ajuste de cuentas del narcotráfico arousano; un crimen que marcó el principio del fin del poderoso abogado

Pablo Vioque, durante el juicio por el caso de El Dobell

Pablo Vioque, durante el juicio por el caso de El Dobell / BERNARDO RODRÍGUEZ

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Anxo Martínez

Pablo Vioque Izquierdo, don Pablo, fue el primer “narcoabogado” español que alcanzó notoriedad. En sus años de gloria fue uno de los hombres más poderosos de las Rías Baixas; manejaba los hilos de la Cámara de Comercio y de la agrupación de Alianza Popular en Vilagarcía, y era el hombre de confianza de los más escurridizos contrabandistas de tabaco, luego reconvertidos a la cocaína. La figura de Vioque está también muy ligada al asesinato de José Manuel Vilas, considerado como el primer ajuste de cuentas del narcotráfico en las rías.

El mundo del contrabando en Galicia estaba lleno de tipos listos como el hambre. Tenían intuición para los negocios y el arrojo necesario para entregarse a los imprevistos de una actividad tan lucrativa como peligrosa. Pero carecían de alguien que supiese manejarse en los pasillos de los juzgados, que tuviese los contactos necesarios para codearse con los jerifaltes de la época. Por eso, la aparición en escena de Pablo Vioque fue celebrada con júbilo por muchos de los históricos tabaqueros arousanos. El abogado extremeño era el maquiavélico cerebro que necesitaban para salir de los líos en los que, inevitablemente, se verían metidos tarde o temprano.

Pablo Vioque Izquierdo nació en Cáceres en 1956, en el seno de una familia acomodada. Su padre era abogado y representante de importantes casas comerciales. Pero las cosas no siempre iban bien entre el padre y el hijo, y Pablo terminó marchándose a Murcia para estudiar Derecho. Se le daban bien los estudios y con 22 años ya ejercía como letrado. Su llegada a Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) se produjo a mediados de la década de los 70. Llegó de la mano de su cuñado, entonces secretario de la Cámara de Comercio de esta ciudad gallega, y su ascenso profesional sería meteórico.

Vioque, en primer término, en su etapa como secretario general de la Cámara de Comercio de Vilagarcía. / JOSE LUIZ OUBINA

La vida le sonreía a Pablo Vioque. En 1980 se convirtió en secretario de la Cámara de Comercio y el cargo se convirtió en un trampolín desde el que impulsó docenas de proyectos, muchos de ellos un tanto oscuros: polígonos industriales, ferias de muestras, promociones de viviendas, y hasta un centro comercial... Vioque extendió sus alianzas como tentáculos e incluso se atrevió con la política. Afiliado a la Alianza Popular de Manuel Fraga, llegó a controlar el partido en Vilagarcía. Don Pablo, como era conocido por muchos, era admirado y temido casi a partes iguales.

En esa época, las Rías Baixas se habían convertido en la gran puerta de entrada del contrabando de tabaco en España, y algunos de los “señores do fume” confiaron en las dotes de Vioque como picapleitos y en su aura de hombre con influencias, siempre necesarias para corromper voluntades. Es por ello que por su despacho comenzaron a desfilar históricos contrabandistas como Luis Falcón, Laureano Oubiña y Manuel Carballo.

El poder del primer “narcoabogado” de la ría de Arousa se agigantaba. Hacía lo que le venía en gana en la Cámara de Comercio y en el partido en Vilagarcía -afilió en la formación a numerosos contrabandistas, cuya pertenencia al partido de Fraga aún hoy escuece-, y empezó a planear el futuro del narcotráfico en Galicia: ¿por qué no importar el modelo de organización de las familias mafiosas de Sicilia o Nueva York, creando una entidad en la que estuviesen representados todos los clanes y donde se repartiese el trabajo y se resolviesen las escaramuzas que pudiesen producirse entre ellos? Se llamaría “La Comisión”, y él estaría en lo más alto de la pirámide, como juez y cerebro último de la organización. Pero su suerte tenía fecha de caducidad.

El ajuste de cuentas

El buque alemán Dobell transportaba dos toneladas de cocaína rumbo a Cedeira (en el norte de Galicia), pero la operación falló, y solo se salvaron 500 kilos. Los narcos gallegos aseguraron a los colombianos que se había perdido todo, pero estos no se lo creyeron.

Este es el punto de partida del que está considerado como primer ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico gallego. El 17 de marzo de 1992, dos arousanos, el vicepresidente de la Cámara de Comercio, Luis Jueguen Vilas, y su primo, el tesorero de la misma entidad, José Manuel Vilas Martínez, se citaron con dos hombres sudamericanos en el jardín de La Mota, en Benavente (Zamora). El encuentro acabó en sangre.

Eran las cinco menos cuarto de la tarde cuando uno de los presuntos sicarios disparó tres veces a Vilas Martínez, que moriría horas después en un hospital de León. Su primo huyó despavorido y llegó con vida a Galicia. Aquel incidente marcó de algún modo la caída en picado de Pablo Vioque, y fueron muchos los que le reprocharon haber enviado a la reunión de Benavente a dos emisarios en vez de tener el valor de acudir él personalmente. “A mi marido lo llevaron al matadero”, declararía años después la viuda del asesinado en el juicio contra Vioque por la droga del “Dobell”, el presunto detonante del ajuste de cuentas.

A la izquierda, Luis Jueguen. A la derecha, José Manuel Vilas.

Cansado de sus desmanes, el presidente de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, José Vilas Villanueva, acudió a Manuel Fraga en busca de ayuda para jubilar al controvertido abogado. Meses después, el Ayuntamiento de Vilagarcía aprobó una moción en la que pedía la reprobación de Vioque y se solicitaba que fuese apartado del puesto. Con estos antecedentes, el 4 de julio de 1995, Fraga ordenó la intervención de la Cámara, nombró una gestora y destituyó a Vioque.

A los pocos días, la gestora desveló todo un rosario de irregularidades. “Es una guerra de dosieres del PP”, se escudó el abogado, dispuesto a defenderse y a lavar su imagen hasta el último minuto. De poco le sirvió. Empezó a sentir que todo el mundo le trataba como a un apestado, y terminó huyendo de la Galicia que se había empeñado en convertir en Sicilia.

“Chivatazo” a Garzón

Una imagen de archivo del juez Baltasar Garzón. / Ballesteros

Manuel Vázquez Piturro estaba dolido con don Pablo porque lo había dejado tirado en la cárcel. Así que en 1997 llamó a la puerta del despacho del magistrado Baltasar Garzón y contó su versión del cargamento del “Dobell”. El jefe de la organización gallega había sido Vioque. El letrado fue arrestado en marzo en el domicilio familiar de Cáceres.

Seis años después fue juzgado, y condenado a 18 años de cárcel. El otrora brillante abogado, político y empresario ya podía ser llamado sin ambages narcotraficante.

Ya en prisión, Vioque siguió siendo Vioque. Un exmilitar ecuatoriano, confidente de la Guardia Civil sopló a los agentes que un matón venezolano que era compañero de patio de Vioque en la cárcel le había encargado el asesinato del fiscal antidroga Javier Zaragoza. El Tribunal Supremo confirmó en 2007 la condena de siete años y medio de prisión por esos hechos que le había impuesto la Audiencia Nacional al cada vez más hundido y decadente letrado.

Imagen de archivo del que fuera fiscal antidroga Javier Zaragoza. / BERNABE / VICTOR ESPINO

De haber cumplido todas sus condenas, Vioque habría salido de la cárcel en 2020. Pero lo hizo mucho antes, en 2007. Enfermo de cáncer, la Justicia le concedió el tercer grado por razones “humanitarias”. Falleció en Madrid el 14 de diciembre de 2008, muy lejos de la gloria personal que había soñado.

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