JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ, 'KICHI'

“Con la edad sé que no es importante llevar la camiseta del Che para ser de izquierdas”

El alcalde de Cádiz, José Maria González ‘Kichi’.

El alcalde de Cádiz, José Maria González ‘Kichi’. / ROMÁN RÍOS

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El alcalde de Cádiz, José Maria González ‘Kichi’ (Róterdam, 1975), acaba de dar una rueda de prensa sobre la Sail GP, la Formula 1 del Mar, que la semana próxima recala en Cádiz. Es un viernes espléndido en una ciudad repleta de turistas que sabe celebrar septiembre como nadie. Calles y bares llenos hacen dudar del invierno duro y el otoño caliente que pronostican todos los indicadores económicos por la crueldad de una guerra a las puertas de Europa. El alcalde aprieta el paso camino del ayuntamiento, saluda a pocos conocidos y en general, pasa desapercibido, como si formara parte del paisaje habitual de los gaditanos. En la entrada del ayuntamiento diversos carteles colgados por los sindicatos, exhiben el malestar de la plantilla municipal. Piden su dimisión en un ayuntamiento lleno de gente vestida guapa para celebrar matrimonios civiles. El sábado es la Magna de Cádiz, que trasladará a las principales cofradías de la ciudad procesionando a la Catedral. El alcalde, que nunca ha ocultado eso de que “se puede votar a Podemos y llevar el Nazareno tatuado en el pecho”, acudirá como un gaditano más. “Iré con mi sillita ‘comprá’ y mis niñas de la mano, a verlo y a vivirlo”.

Hace ya días que el alcalde ha dicho abiertamente que apuesta por su retirada “si su partido lo deja”. Prepara el camino ocho años después de acceder al cargo pero no acaba de decir claro que se va. En el antebrazo izquierdo luce un tatuaje con las iniciales de los nombres de sus hijos. Tiene cuatro. Dos de una pareja anterior y otras dos de su actual compañera, Teresa Rodríguez, líder de Adelante Andalucía. Cuando preguntas por el alcalde algunos dicen con sorna que “por las tardes concilia”, deslizando como reproche que se tome tiempo para cuidar a sus hijos. “Intento no perderme eso. No he tenido hijos para pagar a nadie para que me los cuide. Si conciliar es estar con mi hija en una mano y el teléfono en la otra atendiendo asuntos del ayuntamiento, concilio. Para mí es importante estar con mis hijos y además creo que te mantiene con un pie en la vida real. En mi casa, a nuestros hijos los cuidamos nosotros, no contratamos a nadie, tampoco para que nos limpie o nos hagan de comer. Mis camisas me las plancho yo. Bueno con la ayuda de las abuelas, que son santas e imprescindibles”. Si se marcha de la política asegura que no lo veremos ni de diputado en el Parlamento andaluz ni en Cortes. “Jamás”, zanja. “Lo que voy a ser toda mi vida es activista. Voy a ser profesor y participaré en todos los movimientos sociales pero mi etapa en la vida pública empieza y termina en Cádiz”.

He preguntado mucho por usted en los últimos días. Es un alcalde querido, la mayoría habla de usted con cariño en lo personal pero no está tan bien considerada su gestión. Muchos coinciden en que le falta ambición, un proyecto de ciudad.

Esa es una versión muy interesada que se ha dado por parte de quienes quieren trasladar que nosotros no estamos capacitados para gobernar. No es verdad. Cuando entramos en 2015, la situación del ayuntamiento de Cádiz era de ruina económica, con una deuda de 275 millones de euros. No solo hemos estado a la altura y la deuda está solventada hasta tal punto que podemos volver a pedir préstamos bancarios a las entidades financieras, sino que además hemos impulsado a Cádiz para que deje de ser una ciudad del siglo XX y pase a estar en el siglo XXI. Hay un proyecto de transformación de la ciudad muy ambicioso.

¿En qué ha cambiado la ciudad?

En Cádiz ha cambiado la forma de hacer política. Se hace para la gente, no para mis colegas ni para mis amigos ni para mi partido. Hemos mejorado mucho en cuestiones de sostenibilidad, de movilidad, de democratización y consecución de derechos... Este ayuntamiento ha hecho de escudo para la gente en los momentos que hemos pasado tan difíciles. En Cádiz no se le corta a nadie la luz ni el agua si no tiene dinero para poder pagarla. Hemos sido distinguidos por nuestro programa de atención a las personas sin hogar durante la pandemia. Somos reconocidos por ser la segunda capital de España que más invierte en asuntos sociales.

La oposición dice que su único gran proyecto ha sido el carril bici.

Es que Cádiz puede ahora hablarle de tú a tú en cuanto al diseño de su entramado urbano a capitales como Londres, París, Roma, Múnich o Ámsterdam. Cádiz ha cambiado de forma irreconocible. Aquí no había un proyecto de turismo para la ciudad, estaban a vérselas venir y hoy hay un plan estratégico con el sector. Cádiz tiene cultura abierta y accesible para todos los bolsillos, no hay evento que no sea o gratuito o asequible. Este Cádiz de 2022 no es el que yo me encontré.

¿El principal problema de esta ciudad sigue siendo el paro?

El paro es el principal problema de la provincia de Cádiz y si me apuras de Andalucía. Es nuestro principal problema junto con el acceso a la vivienda pero esto excede las competencias del ayuntamiento. Hacemos todo lo que está en nuestra mano, incluso ensanchando el ámbito habitual de lo municipal, metiendo cláusulas en los convenios, en todos los contratos que firmamos para generar el máximo de empleo posible, pero tenemos poco margen. Hemos remunicipalizado muchas empresas y servicios y hemos hecho reservas de plazas para parados de larga duración. Hacemos lo que podemos.

He leído los carteles en la entrada, tiene las plantillas municipales incendiadas.

No. Es un conflicto enquistado que se refiere en exclusiva a la Policía Local.

¿Tiene la sensación de que ni el Gobierno ni la Junta de Andalucía han colaborado con Cádiz o con el ayuntamiento?

Tengo la sensación de que las cosas que consigue Cádiz las consigue peleándolas. Arañándolas. Tenemos que ir arrancando, conquistando cada paso que se da para esta ciudad y da coraje, porque los gaditanos también son andaluces y son españoles, pero nos niegan el pan y la sal y nos obligan a estar permanentemente peleando.

Hace casi un año de protestas muy duras del sector naval que hicieron que los ojos de España se pusieran aquí, ¿ha servido de algo?

Hace un año que los trabajadores del metal de Cádiz dieron un ejemplo de honestidad, que me parece admirable y me sigue emocionando. Es obligatorio que Navantia y la SEPI genere un polo industrial del sector naval y aeronáutico en Andalucía, con lo naval en Cádiz. Ha servido para que la ciudadanía no se olvide de lo que somos y de lo que tenemos que hacer y para que no nos sigan negando el futuro. Desgraciadamente la política sigue siendo la de carga de trabajo puntual y de migajas. Los astilleros de Ferrol, de Cartagena, tienen carga de trabajo para tres o cuatro cuatrienios y aquí tenemos que estar permanentemente pidiendo que venga un crucero para reparar o un barco para construir. No tenemos por qué estar condenados a vivir solo del turismo.

¿Han perdido demasiado tiempo en los debates simbólicos, de cambios de nombres de calles, de banderas? ¿Se arrepiente de la energía empleada en el cambio del nombre del estadio de fútbol?

Lo simbólico es tremendamente importante y no he dedicado tanto tiempo. Eso forma parte de la transformación de la ciudad. Es importante que en el callejero de la ciudad no haya nombres de asesinos, de personas que vivieron en contra de los intereses de la mayoría o que exaltaron fascistas. Tiempo dedican el alcalde (Martínez) Almeida en Madrid o (Díaz) Ayuso en la comunidad, ellos sí que prestan atención a lo simbólico en su política. Quería sacar a la ciudadanía de Cádiz de ese letargo de simbología de derechas que los gobiernos de Teófila Martínez (PP) habían condenado a la ciudad. Aquí ondea la bandera de Cádiz, de Andalucía y de España y a nadie le extraña. Estamos hechos de distintas identidades.

¿En qué ha cambiado su visión de la política?¿Admite que una cosa es la teoría, el discurso revolucionario y otra la práctica?

Evidentemente cuando uno hace política real hay que ser menos romántico pero hay que ser igual de ambicioso y de radical en los objetivos. He aprendido que aunque es importante los logros a corto plazo en el camino hay que ir marcándose hitos, pequeños pasos que son igual de importantes. Va con la experiencia en la institución y también con la edad, sigo teniendo los mismos ideales, me mueven las mismas pulsiones pero soy un poco más mayor, ahora sé que no es tan importante llevar una camiseta del Che para hacer políticas de izquierdas.

Llegó de la mano de Podemos, en 2015, un año que sacudió la política en España, un partido que tenía un discurso contra la casta, contra los profesionales de la política, que distinguía entre los de arriba y los de abajo... ¿Usted reconoce hoy a ese partido?

A Podemos hace tiempo que le he perdido la pista y no sé en qué mundo pueden estar. En mi caso, para nosotros, sí que es muy importante. En Podemos puede haber casos particulares de gente que haya utilizado el proyecto para aventuras personales más que colectivas. No lo sé, sí creo que son la minoría.

¿Y en su caso?

En nuestro caso, intentamos seguir viviendo según ese paradigma del 2015, convencido de que es importante parecerse a la gente a la que representas, no enriquecerse de la política, que esto sea un servicio público, de amor temporal, con un principio y un final. No cobrar más de lo que cobraba de profe. Cobro 2.000 euros y tengo limitación de salario.

¿Cuántos viajes ha hecho como alcalde estos años?

Muy pocos. Siempre me quieren sacar por ahí pero no. Fui a Múnich en la semana europea de la bicicleta, en Méjico en la feria internacional del libro promocionando la candidatura de Cádiz en el congreso de la lengua y en Bermudas cerrando la Sail GP para las dos próximas temporadas. Ah, y en el Sáhara, con mis hermanos y hermanas saharauis, que es el viaje que más me ha gustado.

¿Va a cumplir su compromiso de estar ocho años?

Me gustaría. Es importante cumplir la palabra dada. Es importante ese ejercicio de honestidad porque no es habitual, la mayoría de los políticos mienten a la ciudadanía, cobran unos sueldazos y se dedican a vivir como Dios, a trabajar algunos, claro, pero sobre todo a hacerse con un estatus social que da la política y hay que desmontar eso. Otra forma de hacer política es posible. Pero no sé si mi partido me va a dejar...

Tiene a la oposición esperando como buitres que confirme su retirada...

Quien nos quiera ganar en las municipales tiene que presentar un proyecto para Cádiz más allá de efectos de marketing, aunque hoy la política actúa mucho así, como si esto fuera un plató de televisión, un Sálvame o algo así

Por cierto, tiene a un ganador de Gran Hermano que va a ser candidato

Sí, sí, yo lo voté para que ganara en el concurso (Risas) Aunque ahora no lo votaría. Quien quiera ganar que presente un proyecto que sea mejor porque nosotros tenemos proyecto para rato.

Su marca, admítalo, es muy personal.

Pero no me gustaría que eso fuera así. Lo fue en 2015 porque había que luchar contra un PP y un PSOE muy fuertes y nosotros veníamos con lo puesto, con Pablo Iglesias petándolo en La Sexta Noche y poco más. Ahora no tiene que ser así. La política del siglo XXI camina hacia otra cosa. Son más importantes las ideas que las personas.

¿Adelante concurrirá en solitario a las elecciones como hizo en las andaluzas?

No lo sabemos. En octubre tendremos una conferencia municipalista de Adelante Andalucía y debatiremos la confluencia.

A la vista de cómo está yendo la confluencia de Por Andalucía en el Parlamento andaluz ¿cree usted que es aconsejable?

Me da mucha pena ver lo que ocurre. Asisto con tristeza. Lo lamento. Es penoso. En Cádiz no es así, el acuerdo de gobierno funciona, con sus más y sus menos, pero funciona, tenemos que hacer balance porque todo no ha sido color de rosa.

¿Entiende que haya una parte del electorado de izquierda huérfano e indignado con lo ve?

Lo entiendo perfectamente pero guerras fratricidas hay en todos los partidos. Nosotros no estamos en la guerra de IU y Podemos, afortunadamente. Sería bueno generar un ecosistema diverso de gente de izquierda, amable, que marque distancias con los partidos del régimen de PSOE y PP.

Eso me suena, ¿qué le parece el proyecto de Yolanda Díaz?

Bueno...(Silencio) No sé que decirte.

Veo que no le gusta mucho. ¿Ha venido ya la ministra de Trabajo a visitar Cádiz?

Jamás. La he invitado en múltiples ocasiones porque tenemos mucho que hablar con ella en materia de empleo pero la señora Díaz no se ha dignado a venir. Su proyecto lo sigo con expectación pero no con entusiasmo. No sé que persigue. Me hubiera gustado reunirme con ella y poder preguntárselo.

Bueno, queda tiempo.

Sí, desde esta entrevista la invito. Hay cosas que me gustaría hablar con ella, sí.

Mantiene alguna relación con Pablo Iglesias a día de hoy.

Ninguna. Acabamos mal. Pablo (Iglesias) se portó muy mal con Teresa (Rodríguez), hicieron un pacto de compañeros en Andalucía, con respeto a Adelante y no lo cumplió, ya sabe aquello de que ordenó “Arreglar lo del Sur”. Han sido tremendamente desleales y no le guardo rencor pero sí indiferencia, que creo que es lo peor que se le puede guardar hacia otra persona. Les deseo lo mejor pero no son gente con la que emprendería nada, no haría con ellos ningún otro proyecto político.

Está harto de que se haga la comparación de Iglesias-Montero y Kichi-Tere.

Yo qué sé. Es cierto que somos dos parejas que militan juntas, trabajan juntas y tienen una vida conjunta. Más allá de eso no creo que nos parezcamos demasiado. En nada. No es gente que me preocupe, ya le digo, prefiero la indiferencia.

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