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Emergencia climática

Tres ciudades que ya se hunden por el cambio climático

Estos son tres ejemplos de urbes que ya están evacuando población ante la subida del mar

Tres ciudades que ya se hunden por el cambio climático
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Joan Lluís Ferrer

Ya no son solo algunos islotes desiertos los que aparecen en las noticias como primeros lugares que van quedando sepultados bajo las aguas por efecto del cambio climático. Ahora empiezan a ser ya pequeñas ciudades enteras, con miles de habitantes en algún caso, las que preparan su evacuación general porque se hunden y dentro de unos treinta años sencillamente  no existirán. Es una nueva fase de un proceso por desgracia irreversible y que irá sumando más ciudades cada vez más poblados, cada vez más grandes y con consecuencias cada vez más dramáticas. El cambio climático era esto.

Tangier es una ciudad, situada en la isla del mismo nombre, en la bahía de Chesapeake (Virginia, EEUU), ubicada a muy baja cota sobre el nivel del mar. Cada milímetro que suben las aguas puede parecer irrelevante para la mayoría de las personas, pero para enclaves como este representa varios palmos de terreno que desaparecen. En 1900 tenía aproximadamente 1.100 habitantes, pero la subida del mar ya ha reducido la población a 436 vecinos, pues la inundación de su territorio se ha acelerado desde hace unas pocas décadas. Se espera que dentro de 15 o 30 años pierda la totalidad de sus tierras habitables.

Imagen de Tangier, en EEUU / Marinas

Por eso, el drama humano y social que se vive en Tangier no es sino un anticipo de lo que sufrirán en la siguiente generación urbes costeras mucho mayores. «Pronto, estos estadounidenses, habitantes de la última comunidad pesquera de Virigina, se convertirán en refugiados del cambio climáticos, obligados a trasladarse», afirma David Shulte, del College of William and Mary, que ha investigado el progresivo hundimiento de la isla. Tangier ha perdido el 67% de su masa terrestre desde 1850 debido al calentamiento global.

Shulte y sus colegas han calculado lo que costará hacer frente a la situación mediante dos posibilidades diferentes: proteger la ciudad frente a la inundación o bien trasladar a todos sus habitantes a otro sitio.

La conclusión es que las obras de contención del mar, las acciones de dragado y otras infraestructuras para salvar la isla costarían entre 250 y 350 millones de dólares. La opción de reubicar a sus 436 habitantes sería más barata: entre 100 y 200 millones de dólares.

También en Gran Bretaña

Al otro lado del océano, en Gran Bretaña, los 700 habitantes de Fairbourne, un pequeño núcleo costero al norte de Gales, se han encontrado de la noche a la mañana con que este pueblo será desmantelado, después de las autoridades hayan llegado a la conclusión de que para el año 2054 ya no será seguro vivir allí. Estos 700 vecinos serán los primeros refugiados climáticos de Gran Bretaña.

«Han condenado al pueblo. Ahora tienen que reubicar a la gente. Son 450 casas», señala el presidente del concejo municipal de Fairbourne, Stuart Eves. «Si quieren que nos vayamos para 2054, deben tener dónde acomodarnos», afirma en declaraciones a Associated Press.

En realidad, nadie quiere irse. Hay muchos jubilados, pero también familias jóvenes con niños que disfrutan de una vida natural y al aire libre. Pero, en realidad, todo está cambiando, debido a las emisiones masivas de CO2 provocadas por la humanidad desde hace casi dos siglos.

Fairbourne, en Reino Unido, amenazado por las aguas / Iklimhaber.org

Los científicos aseguran que el nivel de las aguas ha subido 10 centímetros en el último siglo y para 2100 habrá aumentado entre 70 centímetros y un metro, dependiendo de las emisiones de gases de efecto invernadero que se lancen en adelante. Fairbourne, igual que Tangier, está casi al nivel del mar, en una marisma de agua salobre.

Las autoridades han invertido millones de libras para reforzar un muro marino y unos tres kilómetros de barreras frente a los temporales. Pero es igual, no hay remedio: «Tenemos que ser realistas, no podemos proteger toda la costa», señala Richard Dawson, profesor de ingeniería de la Universidad de Newcastle.

De hecho, los expertos cifran en medio millón el número de propiedades que corren peligro de ser inundadas en la costa en Reino Unido dentro de treinta años, número que se elevará a 1,5 millones en 2080.

El caso desesperado de Tuvalu

Pero ni  Fairbourne ni Tainger sufrirán tanto las consecuencias de la subida del nivel del mar como el pequeño país-isla de Tuvalu, situado en el Pacífico y rodeado de muchas otras islas, como Kiribati, Samoa o Fiyi. A diferencia de los dos pueblos británico y norteamericano, los habitantes de Tuvalu no tienen el continente cerca. Están literalmente en medio de la nada.

Este pequeño estado insular adquirió relevancia el año pasado con motivo de la cumbre de Glasgow cuando su ministro de Exteriores, Simon Kofe, compareció por videoconferencia con el agua, literalmente, hasta las rodillas. Con traje y corbata, detrás de su atril y con las banderas a su lado, el político decidió hablar desde el agua para hacer visible el drama de su pueblo.

«Nos estamos hundiendo, pero lo mismo está suciendo a todo el mundo», afirmó Kofe.

El ministro de Exteriores de Tuvalu hablando para la COP26 / Tuvalu.tv

Tuvalu es muy pequeño (26 kilómetros cuadrados, casi como la isla de La Graciosa, en Lanzarote), pero tiene bastante población: 12.000 personas. Tiene su propio aeropuerto, un banco, escuela, biblioteca y algunos hostales.

La cota más alta es de solo cuatro metros sobre el nivel del mar. «Estas son masas terrestres extremadamente bajas y gran parte de la tierra habitable ya queda bajo el agua durante las mareas normales. Cada milímetro de aumento del nivel del mar incrementa la extensión y profundidad de las inundaciones marinas», señaló a la BBC el experto en cambio climático Arthur Webb, que trabaja en un proyecto de adaptación costera de Tuvalu.

A la mengua de la superficie habitable se añade otra adversidad ecológica, como es la salinización de sus aguas subterráneas. Eso hace que la población dependa ya prácticamente del agua de lluvia, pero los pocos cultivos existentes, básicamente el árbol del pan, es muy intolerante a la sal y está gravemente amenazado.

Isla de Tuvalu, en el Pacífico / Ecoheromagazine

Tuvalu pertenece a la Alianza de Pequeños Países Insulares (Aosis, en inglés), con 39 miembros, entre los que también están islas del Caribe, como Antigua y Barbuda, o del Índico, como Maldivas. Los problemas son idénticos en todos ellos.

Como dijo ante la COP26 el primer ministro de Antigua y Barbuda, «la contribución de los pequeños estados insulares a las misiones globales del CO2 es menos del 1%; nuestros países son los menos culpables del daño ambiental a nivel mundial. Pero, en cambio, nosotros somos los que pagamos el precio más alto».

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Contacto de la sección de Medio Ambiente: crisisclimatica@prensaiberica.es

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