RUGBY | MUNDIAL 2023

Nuevo Mundial, nuevo rugby: los cyborgs aprenden a pensar

Después de un crecimiento físico devastador de los jugadores, el siguiente paso evolutivo trata de la gestión de situaciones de presión y toma de decisiones, con dos escuelas diferenciadas: 'Smash Rugby' o 'Rugby Sapiens'

Dupont saca una pelota de la melé en un partido ante Australia

Dupont saca una pelota de la melé en un partido ante Australia / EFE/EPA/YOAN VALAT

Fermín de la Calle

Fermín de la Calle

 “El primer bote es acierto del pateador, el segundo es culpa del defensor”, nos advertía un galés sexagenario a finales de los 90. Aquella máxima ha caducado porque hoy cualquier pelota que bota en el campo de rugby delata la mala colocación de los defensores. Y es que la profesionalización del rugby ha disparado las prestaciones de los jugadores hasta el punto de convertirlo en otro deporte.

Galthie y los "frigoríficos americanos"

Hoy se trata de un juego más físico en el que los jugadores han disparado su peso, altura, velocidad y, consecuentemente, su potencia. El 80% de los jugadores de un equipo profesional se encuentra entre los 90 y los 120 kilos, rondando muchos el 1,90, morfología clásica de un segunda línea cuando el Cinco Naciones no era un circo. Es lo que el seleccionador francés, Fabien Galthie, llama cariñosamente “frigoríficos americanos”. A ese crecimiento morfológico se suma además el aumento de juego efectivo, por lo que además deben ser móviles y explosivos. Esto ha provocado que el campo se haya quedado pequeño y las defensas se impongan a los ataques en un rugby más previsible. Por eso en los campos del rugby ya no botan las pelotas...

Deslumbrante imagen en un 'maul' de Irlanda en el partido ante Inglaterra tomada con la cámara cenital del Aviva Stadium. 

Deslumbrante imagen en un 'maul' de Irlanda en el partido ante Inglaterra tomada con la cámara cenital del Aviva Stadium.  / SIX NATIONS

Esa 'fisicalización' del juego ha derivado también en un conservadurismo táctico que despliega un juego con menos pases y más carreras para limitar el riesgo de pérdidas. Malos tiempos para la lírica. El maestro Villepreux, el francés que advirtió que “al bosque se entra sorteando los árboles y no chocando con ellos”, apuntaba en un acertado diagnóstico que “este rugby uniforme conduce a una suavización de las especificidades identitarias. Pocos equipos han preservado su libertad”. Ante esta tendencia el siguiente paso evolutivo lo dio el hemisferio sur desarrollando la técnica individual para crear espacios donde no los hay. Y lo hizo ‘fabricando’ delanteros con buenas manos que generan más continuidad a través de lo que los sajones llaman ‘offload’ y aquí “pase tras contacto”. Percutir y descargar antes de caer para mantener viva la bola y conservar la situación de ventaja.

El rugby actual se basa en secuencias cada vez más largas de juego. Se enlazan fases de hasta dos minutos de juego corrido, algo que ocurre entre diez y doce veces por partido si analizamos las estadísticas. Ahí es donde estos cyborgs, además de físicos devastadores, deben mostrar buenos pulmones para llegar a todos los rincones y, sobre todo, clarividencia, lo que los kiwis las llaman ‘cabezas azules’, para tomar la decisión correcta en cada situación de partido por mucha presión que estén soportando.

El análisis del 6 Naciones 2023 de Felipe Contepomi

Fermín de la Calle / PI Studio

Dos escuelas en el nuevo escenario: 'Smash Rugby' o 'Rugby Sapiens'

Este escenario tan físico ha generado diferentes formas de abordarlo. Por un lado está el plan de juego del entrenador que apuesta por no arriesgar con el balón, para no cometer errores, y presionando al rival para optimizar fallos del contrario. Selecciones cartesianas que no regalan nada al adversario... ni al espectador. La Inglaterra de Borthwick, la Gales de Gatland e incluso los equipos de Eddie Jones, que trae a una Australia con más mimbres que cesto, presentan este perfil rocoso. Algo que exige jugadores obedientes que se ciñen al plan.

El sudafricano Snyman descarga ante la defensa de dos jugadores neozelandeses

El sudafricano Snyman descarga ante la defensa de dos jugadores neozelandeses / South Africa RU

Sudáfrica e Irlanda, alineando centros-flankers, son una evolución de este rugby abrasivo con matices. En el caso de los bokkes, que han dado un salto de calidad abismal con la integración de jugadores negros en los springboks tras lo ocurrido en el 95 con Mandela, con su celebrada ‘Bomb Squad’. Seis delanteros que salen del banquillo a desintegrar a los rivales en la sublimación del aplastamiento físico. Sin embargo, eso deja más descuidada su línea. En Irlanda, el maridaje Munster-Leinster, aún ofrece automatismos evasivos cuando la pelota llega a los pasillos con un 'back-three' con buenos pies.

Luego están los que priorizan las neuronas al músculo. Equipos como Nueva Zelanda que apuestan por lo que podríamos llamar ‘Rugby Sapiens’. Decía aquel entrenador galés que “hay dos tipos de jugadores: los que cierran los ojos al percutir y los que chocan con los ojos abiertos”. Los kiwis son el mejor ejemplo de lo segundo. Jugadores que piensan con la pelota en las manos, leen cada situación de juego y arriesgan buscando el desequilibrio no solo la conservación. A eso suman una capacidad innata para desempeñarse en escenarios hostiles. Nadie sufre como los All Blacks.

Francia, que ha ganado a todas las selecciones del hemisferio sur en los últimos tres años, ha armado una delantera capaz de competir en este contexto físico manteniendo el gen evasivo que les caracterizó durante años. Dirigidos por el jugador más influyente del rugby mundial, Toto Dupont, que desde su posición de medio melé condiciona todo. Nadie toca más balones ni recorre más metros que él. Levanta la primera pelota del suelo y ofrece siempre el último apoyo. Galthie lo dejó claro a sus 'portadores': “Tú lánzate a tumba abierta al intervalo y gana la línea de ventaja, el apoyo ya es cuestión de otro que aparecerá”. Una suerte de 'Rugby Champagne' a galope tendido. Argentina es otro equipo profundo, muy agresivo en defensa y más aún en ataque donde siempre da un pase más para encontrar el pasillo. Duros en el combate e inteligentes en los espacios, los Pumas tienen el rol de lo que en las casa de apuestas inglesas llaman ‘dark horse’.

Imagen de los capitanes de los candidatos a ganar el Mundial 

Imagen de los capitanes de los candidatos a ganar el Mundial  / WR

Mundial 'multicultural'

Pero en este Mundial habrá un escenario táctico muy atractivo por la convivencia de propuestas diferentes: el 'Rugby kamikaze' de Japón, el ortodoxo juego de melé y maul de Georgia, el solidario estoicismo uruguayo, el 'divertimento' italiano, el nuevo calado de tonganos, fiyianos y samoanos tras recuperar a viejos All Blacks que regresan a casa, la épica de Escocia, los entusiastas tres cuartos portugueses... Esa "suavización de las especificidades identitarias" de la que hablaba Villepreux vuelve a resurgir tras igualarse el factor físico.

Disfrutaremos, a diferencia de otros Mundiales recientes más encosertados, de una atractiva variedad de propuestas con todos los matices que existen en el rugby actual: desde el ortodoxo juego estático de los georgianos a la alocada continuidad polinesia, de ochos devastadores en la carga a otros que generan toneladas de juego en su entorno, desde especialistas defensivos de primer índole a terceras de una versatilidad envidiable, aperturas canónicos de pie telemétrico frente a dieces que viven en el intervalo, primeras líneas mastodónticos ante tipos con un nombre en el oficio… Cada detalle, cada decisión puede ser decisiva en este rugby en el que los cyborgs han vuelto a pensar.