DE 1991 A 2006

Las otras huelgas de los árbitros en el fútbol español: "Hubo esquiroles que llegaron a internacionales"

El árbitro López López con los capitanes de Madrid (Sanchís) y Celta (Salinas) durante la huelga arbitral de 1997.

El árbitro López López con los capitanes de Madrid (Sanchís) y Celta (Salinas) durante la huelga arbitral de 1997. / Efe

Los colegiados españoles convocaron cuatro parones entre 1991 y 2006, aunque solo dos de ellos se llegaron a materializar y nunca se tuvo que aplazar ningún partido de Primera División, a diferencia de lo que ha ocurrido con la Liga F

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Este sábado, al fin, arranca la primera edición de la Liga F y con ella el inicio del fútbol femenino totalmente profesionalizado en España. Ha habido que esperar una semana más de lo previsto debido al parón que anunciaron el jueves de la semana pasada las árbitras y asistentes que van a dirigir esta categoría, a cuenta del desacuerdo sobre las cantidades que debían cobrar

El conflicto se resolvió seis días después, la noche del miércoles, después de que el CSD y la RFEF acordaran realizar una aportación extra de un millón de euros durante tres años para complementar la oferta realizada por la Liga F, lo que derivará en un salario anual de unos 42.000 euros brutos para cada colegiada, según explicó Luis Rubiales.

No fue la primera vez en el fútbol español que un colectivo de árbitros se pone en huelga, aunque formalmente no fuera tal. Sus compañeros hombres anunciaron o ejecutaron cuatro parones entre 1991 y 2006, con la diferencia de que jamás se llegó a suspender un partido de Primera División por incomparecencia arbitral, como sí ocurrió con la primera jornada íntegra de la Liga F.

Díaz Agüero, el árbitro que se negó a pitar un partido del Atlético, en una imagen de 1991.

/ Archivo

1991: Protesta contra Gil

El jueves 9 de mayo de 1991, un amplio colectivo de árbitros de Primera División anuncia que no iba a dirigir los partidos del fin de semana. El motivo del plante fue el castigo a Rafael Díaz Agüero por haberse negado a pitar un Atlético de Madrid-Mallorca unas semanas antes. Una decisión que otros compañeros ya habían tomado durante la temporada, en protesta por los insultos vertidos hacia ellos por el presidente colchonero, Jesús Gil y Gil.

Hay que recordar, sobre todo a los más jóvenes, cómo era Gil cuando tenía un micrófono delante. En resumen, decía cualquier barbaridad que se le pasara por la cabeza, sin ningún tipo de filtro. Baste con recordar lo que dijo en Radio Nacional al principio de esa misma temporada sobre un colegiado francés: "No es que sea un mariquita, es un maricón. Sé de muy buena tinta que después de quedar nosotros eliminados de la Copa de la UEFA a ese colegiado le buscaron los italianos un niño rubio de ojos azules".

No es que sea un mariquita, es un maricón. Los italianos le buscaron un niño rubio de ojos azules

Jesús Gil (1990)

Normalmente no llegaba a ese tipo de extremos, pero llegó un momento en que los árbitros españoles se cansaron. Dicho queda, fueron varios los que se negaron a pitar al Atlético, pero fue Díaz Agüero quien iba a pagar el pato, recibiendo una sanción de mes y medio sin arbitrar por parte de la RFEF. Y ahí fue cuando la mayoría de colegiados se cansaron.

Fueron 15 los que se negaron a arbitrar esa jornada, pero la RFEF que dirigía Ángel María Villar logró salir airosa, convenciendo a colegiados alternativos para que la jornada se celebrara con la máxima normalidad posible. A pesar de ello, los que estaban en huelga mantuvieron su plante durante una semana. Solo la levantaron cuando el Comité Español de Disciplina Deportiva (el actual TAD) suspendió cautelarmente la sanción a Díaz Agüero, disputándose con normalidad la jornada del 18 y 19 de mayo.

Ansuategui Roca antes de un Celta-Barça de 1993.

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1993: Y García lo evitó

Dos años después, se juntaron el hambre y las ganas de comer. Los presidentes de la época sentían barra libre para decir cualquier cosa sobre los árbitros, mientras el estamento se sentía menospreciado dentro de la propia RFEF. "Fue sobre todo una cuestión de tener representatividad dentro de la Federación, nos tenían ninguneados", recuerda el árbitro Antonio Jesús López Nieto.

El lunes 15 de marzo de 1993, tras críticas veladas de Lendoiro y Mendoza ese fin de semana, la Asociación de Jueces Profesionales de Fútbol anuncia su plante para la siguiente jornada, secundado por la mayoría de árbitros de la categoría. Ese mismo día, Villar destituye a Pedro Sánchez Sanz como presidente de los árbitros y nombra en su lugar a Victoriano Sánchez Arminio, quien permanecería en el cargo hasta 2018, 25 años.

Su primera labor fue, precisamente, evitar el plante arbitral de quienes hasta hace nada habían sido sus compañeros. Garantizó que no habría sanciones disciplinarias, pasara lo que pasara, y trató de tender puentes con la Federación, "pero le pedimos una reunión a Villar y nos la negó", dice López Nieto.

García nos juntó en directo a mí, a García de Loza, a Díaz Vega, a Sánchez Arminio y a Villar. Y lo solucionamos

López Nieto

Al final, el asunto se acabó arreglando, el miércoles 17 de marzo, como se arreglaban los asuntos del fútbol en los años 90: en el programa de José María García. "Nos juntó en directo en la radio a mí, a García de Loza, a Díaz Vega, a Sánchez Arminio y a Villar. Y lo solucionamos", recuerda López Nieto.

Al día siguiente se celebra una reunión en la sede de la RFEF en la que se termina de sellar ese acuerdo radiofónico. Villar reconoció a los árbitros como un estamento con representatividad propia dentro de la Federación y se comprometió a denunciar de oficio los insultos y críticas subidas de tono que vertieran los presidentes. La jornada de ese fin de semana transcurrió con normalidad.

López Nieto, entrando en la reunión de árbitros que desembocó en su huelga de 1997.

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1997: "Esquiroles" de Segunda B

Pese al acuerdo al que habían llegado tras la anterior amenaza de parón, la de 1993, los árbitros llegaron al tramo inicial de la temporada 1997/98 con la misma sensación de indefensión ante las críticas e insultos que recibían. Y eso llevó a que el miércoles 26 de noviembre de 1997 los 22 árbitros de Primera División se declararan en huelga para la siguiente jornada, sin ofrecer siquiera margen para ninguna negociación.

"Un presidente te insultaba y lo único que le podía pasar es que no le dejaran sentarse en el palco. Pero daba igual, se ponía en algún otro palco del estadio y era todavía peor, porque muchas veces se sentaban al lado de los periodistas y así tenían todavía más eco", recuerda López Nieto, principal impulsor de aquel parón junto a Díaz Vega.

"Es que tenían barra libre. Y encima ya veníamos calientes por nuestras condiciones de trabajo. No teníamos contrato, ni Seguridad Social, cobrábamos poco y ninguna seguridad. Te descendían a Segunda y estabas en la calle", señala por su parte el histórico Rafa Guerrero.

Alguno llegó a ser incluso internacional en pago por los servicios prestados aquel día

Rafa Guerrero

La RFEF garantizó al día siguiente del parón que esa jornada habría fútbol. Para ello, reasignó los partidos a árbitros de Segunda B y, en efecto, todos los partidos se disputaron. "La huelga también era por ellos, por los que llegaran a Primera en el futuro. Pero los que pitaron se comportaron como unos esquiroles, más de uno llegó a Primera en pago por los servicios prestados aquel día e incluso alguno llegó a ser internacional", incide Guerrero.

Puesto que el parón convocado era para una sola jornada, la actividad normal de los árbitros de Primera se retomó de cara a la siguiente. "Nos dieron ciertas garantías disciplinarias y aquello amainó un poco el temporal. Nos hicimos respetar", recuerda López Nieto.

Undiano Mallenco y el resto de árbitros de la temporada 2005/06 durante una reunión.

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2006: 200 transferencias

En el verano de 2005, los árbitros realizaron un amago de ponerse en huelga de cara a la primera jornada de LaLiga. De fondo existía una reclamación económica, después de que sus emolumentos se hubiesen visto rebajados con respecto a temporadas anteriores.

Finalmente, la competición arrancó con normalidad, pero el runrún, con el sempiterno conflicto de fondo entre RFEF y LaLiga (entonces presididas por Ángel María Villar y José Luis Astiazaran, respectivamente) enturbiándolo todo.

Llegamos así al lunes 27 de marzo de 2006, cuando la RFEF comunica a LaLiga que los árbitros no pitarían la siguiente jornada si no cobraban cantidades de dinero impagadas. En realidad, el conflicto tenía que ver con cómo contabilizaban ambas instituciones el pago de ciertas partidas generales y los árbitros eran en cierta manera víctimas de ello.

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LaLiga, desconfiada de Villar y Sánchez Arminio, propuso a los árbitros ingresarles el dinero directamente en sus cuentas bancarias, pero estos, representados por Undiano Mallenco, Pérez Burrull e Iturralde González se negaron a aceptar ese procedimiento de pago.

Esa jornada se disputaba un Barça-Madrid, lo que incrementaba la urgencia por llegar a un acuerdo. Y llegó en la noche del jueves 30 de marzo con una fórmula mixta: LaLiga abonó 1,8 millones de euros a la cuenta de la RFEF, pero lo hizo mediante 200 transferencias bancarias, una por cada árbitro y asistente de Primera "para que se vea claramente que el dinero es para ellos y no para otros fines", según dijo Astiazaran. Un final esperpéntico que, como en el resto de casos (salvo el actual de las árbitras), evitó que el fútbol tuviera que detenerse.