ENTREVISTA

Un día con el árbitro Pizarro Gómez: "Te acostumbras a todo, también al insulto"

  • El colegiado madrileño abre las puertas de su lugar de entrenamiento a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA y comparte los detalles de su preparación para los partidos

  • "Tengo relaciones cordiales con entrenadores y jugadores, al final estamos todos en el mismo barco, pero no amistad, no me escribo con ninguno. Yo al menos, no"

El árbitro Valentín Pizarro Gómez en su vestuario del campo de Vicálvaro, en Madrid.

El árbitro Valentín Pizarro Gómez en su vestuario del campo de Vicálvaro, en Madrid. / Alba Vigaray

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Es lunes por la tarde cuando en el teléfono móvil de Valentín Pizarro Gómez salta una alerta. El correo electrónico del Comité Técnico de Árbitros (CTA) con la designación para la siguiente jornada ha llegado pronto esta vez y tanto él como el resto de colegiados y asistentes de Primera División lo agradecen: cuanto antes sepan su destino, antes pueden empezar a planificar el trabajo del resto de la semana. El sábado viajará en tren desde Madrid hasta Alicante, dormirá en Elche y el domingo a las 18.30 horas arbitrará el Martínez Valero el partido entre el conjunto ilicitano y el Betis. El lunes, estará de vuelta en Rivas-Vaciamadrid, donde vive junto a su pareja y su hija pequeña, y la rueda volverá a girar.

Es martes por la mañana cuando Valentín Pizarro Gómez cita a los reporteros de EL PERIÓDICO DE ESPAÑA para la entrevista. Lo hace en el campo de fútbol de Vicálvaro, una instalación que la Federación Madrileña de Fútbol pone a disposición de ocho árbitros y asistentes de Primera y Segunda División para sus entrenamientos. El día del encuentro solo hay cuatro de ellos entrenándose, dado que es una semana especial, con seminarios y pruebas físicas en Las Rozas.

"Yo las tengo mañana, así que para mí el entrenamiento de hoy va a ser una sesión de activación, bastante corta", promete (y cumple) el colegiado nacido en Ciudad Real pero criado desde bebé en Madrid. Poco más de media hora después, sonríe para la reportera gráfica (se le ve en su salsa, coqueto) y después la grabadora se pone en funcionamiento. Suena el pitido inicial. La primera pregunta, para romper el hielo, era obvia.

Pregunta. ¿Por qué se hizo árbitro?

Respuesta. Al futbolista se le pregunta si siempre quiso ser futbolista, pero nadie nace queriendo ser árbitro, ¿verdad? Tengo un primo que es árbitro de ACB [Emilio Pérez Pizarro, un clásico] y mi padre estuvo durante mucho tiempo insistiéndome para que probara en el fútbol. Al final, cuando tenía 13 años, le dije que sí. Y, fíjate, ya llevo 27.

P. ¿Recuerda su primer partido?

R. Sí. Y no fue agradable, porque es algo que no has hecho nunca y que no controlas. Pero a partir del segundo, ya me sentí cómodo. Y además me pagaban 500 pesetas por partido, me sacaba unas 2.000 al mes, ganaba más dinero que cualquier otro chaval del instituto. Eran los años 90, así que era bastante dinero para un adolescente. Yo nunca tuve paga de mis padres, cuando quería comprarme algo lo pagaba con lo que me daban por arbitrar. Si quería, qué se yo, unas zapatillas, sabía que necesitaba arbitrar tantos partidos. Y a ahorrar.

Empecé con 13 años y ganaba unas 2.000 pesetas el mes, nunca tuve paga de mis padres

P. ¿Cómo se aprende a convivir con el insulto?

R. Al final te acostumbras a todo, también al insulto. Para mí es más complicado arbitrar en fútbol base, porque realmente diferencias el insulto. En Primera, en un campo lleno de gente, solo escuchas un murmullo. Desde el principio de tu carrera te percatas de esa sensación de que el árbitro está mal visto, que se le puede insultar sin que pase nada, que puedes poner lo que sea en redes sociales con total impunidad. Vives con eso. Por desgracia, te haces.

Profesor en excedencia

Pizarro siguió con el arbitraje mientras desarrollaba su vida académica, estudiando INEF, Magisterio de Educación Física e Inglés y un máster en gestión y organización de instalaciones deportivas. Trabajó como profesor en un colegio bilingüe de Madrid, también en la Universidad Camilo José Cela y en un instituto de Colmenar Viejo. Estando en Segunda, decidió solicitar una excedencia para poder dedicarse al arbitraje en plenitud. Hace años, los árbitros de Primera compaginaban esa labor con sus propios trabajos, pero la profesionalización la dedicación requerida es tan alta que ya no es posible.

El árbitro Valentín Pizarro Gómez consulta su ordenador.

/ Alba Vigaray

P. ¿Puede solicitar con antelación no arbitrar un día o un fin de semana porque tiene...?

R. [Interrumpe] No.

P. Pongamos que se casa un familiar directo. ¿Tampoco?

R. No. De hecho se casó mi hermano y fui su boda porque me coincidió así. Pero si hubiera tenido un partido, no habría podido ir. Piensa que somos 20 árbitros, hay 10 partidos más la parte de VAR, tiene que haber árbitros de reserva… Pueden ocurrir cosas graves, emergencias como tener un familiar directo en el hospital y no hay problema, por supuesto. Pero por una boda...

Reunión del CTA

Regresemos al momento de la designación, en esta ocasión al lunes por la tarde, otras veces el martes por la mañana. Para entonces, Pizarro ya ha visto un par de veces el partido que ha arbitrado el fin de semana anterior (sea en el campo o en la sala VAR) para realizar una autoevaluación de su labor y se ha reunido de forma telemática con el delegado del partido para poner en común sus conclusiones.

A lo largo de la semana, el CTA convoca a todos los colegiados a una reunión telemática para analizar conjuntamente situaciones de área, fueras de juego, expulsiones... Tanto los aciertos como los errores. También tienen a su disposición la grabación en audio de todo lo que se han dicho árbitros de campo y de VAR a través de los intercomunicadores. Todo se puede revisar.

La rutina de un árbitro, en realidad, no es tan distinta a la de un futbolista, con una parte de preparación física y otra de evaluación de su propio rendimiento y de análisis de los equipos a los que arbitrará el siguiente duelo, como un jugador hace con quienes van a ser sus rivales. "Según nuestro contrato, libramos un día y medio a la semana, aunque yo entreno un mínimo de seis", explica Pizarro. La parcela física arranca a primera hora de la mañana: "El CTA realiza un control sobre nuestras métricas. Al levantarme, tengo que registrar mi frecuencia cardiaca, el peso, cómo he dormido, cómo me siento, mi nivel de motivación…".

P. Espere, espere... ¿Cómo se siente? ¿Nivel de motivación?

R. Claro, tengo que poner si he descansado bien, si por lo que sea he dormido solo tres horas, si estoy motivado o no, si tengo algún dolor o molestia… Todo eso incide en el entrenamiento. Una persona que ha dormido poco, que tiene molestias o que está estresado por algo tiene más posibilidades de lesionarse. Hay que jugar con eso. Si estoy pasando momentos en los que estoy tensionado, por motivos profesionales o personales, eso va a influir en mi entrenamiento, por eso la manera de organizarlo tiene en consideración esos factores.

P. ¿Y en qué consiste su entrenamiento?

R. Contamos con un preparador físico del CTA que nos marca lo que tenemos que hacer a diario. Para el trabajo de fuerza en el gimnasio, tengo un preparador físico personal que adapta la pauta en función de lo que nos indica el del CTA, con el que está en contacto. Luego venimos aquí, al campo y realizamos alta intensidad, sprints repetidos o lo que toque en función de la planificación. En total, dos horas y media o tres al día.

Dedico al entrenamiento físico dos horas y media o tres al día, entre gimnasio y campo

P. ¿Los árbitros juegan a fútbol?

R. No, no. El fútbol me encanta, pero no juego, porque me puedo lesionar y es mi trabajo. Algún día, en épocas sin partidos, puedo jugar un partido pádel, ir a la montaña, en bici… Sobre todo, para despejar la mente en periodos sin competición, pero durante la temporada intento no realizar ningún deporte en el que pueda lesionarme.

Pizarro Gómez, al fondo, junto a dos de sus compañeros de entrenamiento.

/ Alba Vigaray

14 horas de vídeo

Los árbitros no juegan a fútbol, al parecer, pero desde luego sí consumen muchísimo fútbol. Una vez conocida la designación del partido, la rutina de análisis de pone en marcha. Cada uno de los dos asistentes de Pizarro Gómez visiona, analiza y prepara informes de los dos equipos a los que deben arbitrar ese fin de semana, uno cada uno: "Fase de ataque y defensa, conocimiento de jugadores, sanciones disciplinarias, tipo de amonestaciones que tiene cada uno, cómo juega…". Calcula que dedica 14 horas semanales al trabajo de vídeo.

La identidad de cada equipo influye en la manera de preparar los partidos. Para un árbitro, pocas virtudes hay más importantes que la de gozar de una buena colocación, tanto para ver desde una posición óptima las acciones conflictivas como para no estorbar al desarrollo de juego. "Un equipo como el Barça, que tradicionalmente juega mucho por el medio, al toque, es mucho más complicado en ese aspecto, porque es más fácil que te encuentres en medio de la jugada sin querer. Es mucho más cómodo arbitrar a equipos verticales, que se la pasan del defensa al medio y del medio al delantero", detalla el colegiado madrileño. Los jugadores veloces que viven siempre al límite del fuera de juego son los seres vivos más estresantes para un árbitro.

Es más complicado pitar a un equipo que juega al toque, te dificulta la colocación

Él, como árbitro principal, revisa además en herramientas como Instat y Wyscout las jugadas a balón parado de los dos equipos. "Estudio, por ejemplo, que si el sacador de un córner levanta el brazo, el balón va al primer palo. En función de su rutina, cuando lo veo en el terreno de juego, gestiono cómo cubrimos la jugada: un asistente mira una zona, el otro se centra en otra y tratamos de cubrir todas las posibles situaciones. Si sé que un equipo defiende en zona, sabré mejor de qué manera me puedo fijar en los jugadores y dónde posicionarme", explica el árbitro madrileño. También consulta la prensa deportiva y la local de cada uno de los equipos... salvo el día posterior el partido, en el que hace dieta total de medios y redes.

Pizarro Gómez durante su entrenamiento en Vicálvaro.

/ Alba Vigaray

Charla prepartido

El contacto entre los miembros del equipo arbitral es constante durante la semana, sobre todo vía grupo de Whatsapp, pero es el mismo día del partido, en una reunión en el propio hotel en el que han pasado la noche, cuando ponen en común el conocimiento acumulado y "definen roles".

P. ¿A qué se refiere? Póngame un ejemplo.

R. A dejar cosas claras, como dónde nos fijamos cada uno en diferentes situaciones. Normalmente, mis asistentes miran a los pies en las jugadas y yo miro arriba para cubrir al jugador entero. Lo hacemos siempre igual, yo siempre miro arriba, porque el asistente se fija en la salida del balón de cara a los fueras de juego, sobre todo en acciones cercanas a ellos. Entablar estos rituales nos ayuda a la concentración de cara al partido.

P. Van al campo hora y media antes de que empiece el partido. ¿Qué se lleva?

R. Nada especial. La equipación de arbitrar, las botas, un neceser, un ordenador, algunos apuntes para antes del partido y poco más.

P. ¿Algún amuleto?

R. Sí, unas anotaciones de mi padre, que ya falleció, de cuando yo empecé a arbitrar. Siempre van conmigo.

P. ¿Es supersticioso?

R. No. Bueno, no me gusta pisar la línea del campo, pero nada más.

P. ¿Tiene contacto con jugadores y entrenadores antes de los partidos?

R. El que pueda haber al revisar el campo... Saludarse, desearse suerte y poco más.

P. ¿Cómo se dirige a los jugadores?

R. Normalmente, por el nombre de pila. Igual que ellos a mí me llaman Valentín.

Llamo a los jugadores por su nombre de pila, ellos también me llaman Valentín

P. ¿De tú o de usted?

R. Depende de las situaciones. Trato de empezar con el usted, pero luego puede surgir un momento de chascarrillo y les hablas de tú. No tiene por qué ser todo tan políticamente correcto.

P. ¿Ha llegado a entablar amistad con alguno?

R. Yo no. Tengo buenas relaciones, cordiales, al final estamos todos en el mismo barco, pero no me mensajeo con ninguno ni nada así.

Pizarro Gómez expulsa a Bellerín durante el Elche-Betis del domingo.

/ Matías Segarra

El partido

La semana de Pizarro Gómez, escrito queda, finalizó el domingo por la tarde en el Martínez Valero, con un partido exigente para él y ganado por 0-3 por el Betis. En el minuto 24 sancionó un penalti a favor de los andaluces y en el 68 expulsó con roja directa a Bellerín, ya con el resultado definitivo en el marcador. Medié Jiménez no tuvo que corregirle desde el VAR en ninguna jugada. Un alivio. No siempre es así.

P. ¿Cómo gestiona que el compañero VAR le haga saber que se ha equivocado?

R. Al principio tuvimos que adaptarnos a ese cambio. Pasamos de canalizar nuestros errores en casa, con nuestros mecanismos de aceptación en la intimidad, a tener que gestionarlos en el mismo momento. Y no fue fácil. Cuando te equivocas y corriges la decisión, estás haciendo lo justo y lo correcto para el fútbol, pero en ese momento tú dices “ostras, me acabo de equivocar”. Y tienes que seguir adelante, mentalmente tienes que avanzar, y todo tiene su proceso de aprendizaje. El VAR es una herramienta para no irte a tu casa con más piedras en la mochila, te salva si cometes un error grave y claro. Es bueno para el fútbol, lo tengo claro.

P. ¿Ha llorado después de algún partido?

R. Sí, pero sólo de alegría. Hay partidos que están rodeados de una atmósfera de mucha tensión, la sientes, y que el resultado sea bueno y nadie vaya a hablar de ti porque has tenido una buena actuación, te lleva a soltar alguna lágrima. No llorar a moco tendido, pero sí que se me salten las lágrimas. Por errores he pasado muy malas noches, no de llorar pero sí de no dormir.

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