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EXPOSICIÓN

Bordados, murales y pegatinas para cambiar el mundo: la creatividad colectiva más militante llega al Reina Sofía

La muestra ‘Giro gráfico: Como en el muro la hiedra’ recoge acciones gráficas de artistas y colectivos de América Latina y Estados Unidos desde los años sesenta hasta hoy

Jesús Ruiz Durand, ’Revolución es participación, participación es Revolución. Reforma agraria peruana’. Impresión offset sobre papel. 2017

Jesús Ruiz Durand, ’Revolución es participación, participación es Revolución. Reforma agraria peruana’. Impresión offset sobre papel. 2017 / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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Bernardo Gutiérrez

1973. Carteles celestes con la palabra “violencia” escrita en negro se estampan cerca de la galería Centro de Arte y Comunicación (CAYC) de Buenos Aires. 2018, la frase "De un NO también nace futuro" se lee sobre un fondo amarillo. Los carteles con la palabra violencia, obra de Juan Carlos Romero, denunciaban la naturalización de la violencia de la dictadura cívico militar argentina y cuestionaba a quienes defendían la lucha armada. El segundo cartel, realizado por el Colectivo SURes, parte del archivo Resistencias Tipográficas, denuncia la lógica neoliberal que intenta desmantelar derechos y conquistas sociales. En ambos casos, un mensaje altera el orden. Un gesto interrumpe fugazmente la cotidianidad. Vistos en perspectiva, en paredes casi contiguas, algo –un hilo, una atmósfera, una actitud– atraviesa cuarenta y cinco años. Algo –imaginación, dignidad– deshace miedos y conjura articulaciones colectivas.

La exposición Giro gráfico. Como en el muro la hiedra, que se acaba de inaugurar y hasta el 23 de octubre se puede visitar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, recorre acciones gráficas de artistas y de colectivos de América Latina y Estados Unidos desde los años sesenta. Si bien los carteles, como recoge el capítulo del catálogo Gráficas intempestivas, son una "herramienta que desata potencias poético-políticas de manera dinámica y precaria", Giro gráfico va más allá de ese formato. Sus materiales provienen de pancartas, cometas, bordados, camisetas, pegatinas, carteles, pañuelos, intervenciones urbanas, cartografías, performances...

Graziela Carnevale, Lía Maisonnave y Juan Pablo Renzi. Mural colectivo para la exposición 'Opresión, represión y lucha del pueblo latinoamericano'. París, 1972.

/ Archivo graziela Carnevale

La Red Conceptualismos del Sur, que comisaria la muestra, concibe "giro" no tanto como desvío, sino como revuelta, como una inversión de lo dado que desafía al poder. Ana Longoni, una de las coordinadoras, matiza a El Periódico de España la noción como una "señal de la radical transformación en los modos de hacer de artistas, activistas y movimientos sociales para intervenir ante momentos históricos signados por la urgencia".

Giro gráfico –fruto del trabajo de más de treinta investigadores– relaciona casos distantes en el espacio-tiempo, intentando resquebrajar los relatos lineales y las geografías estancas. Juan Pablo Pérez, coordinador del archivo Resistencias Tipográficas, intentando explicar a este medio la relación entre la obra Violencia (1973) de Juan Carlos Romero y los múltiples afiches de Resistencias Tipográficas (la mayoría producidos en 2018), habla de "aprendizajes a destiempo que funcionan como memorias intempestivas". Y sitúa esa inspiración-diálogo allá "donde cada generación vuelve a soñar a la anterior en un instante de peligro".

Tiempo circular, tiempo ancestral

Los episodios investigados en Giro Gráfico–agrupados en las secciones Gráficas intempestivas, Arseñal, Cuerpos gráficos, La demora, Persistencias de la memoria, En secreto, Pasafronteras, Territorios insumisos y Contracartografías– están hilvanados por una temporalidad dislocada y reversa. Las historias y contextos abordados se conciben como algo fragmentario y parcial. El brasileño André Mesquita, otro de los coordinadores, explica el concepto de tiempo cíclico de Giro gráfico: "Los episodios de la exposición son puntos que se conectan con experiencias del pasado para actuar en las transformaciones del presente y prefigurar futuros posibles". El eco del El tríptico de Vietnam (colección permanente del museo, Taller 4 Rojo, 1971) resuena en acciones de solidaridad trasnacional, como el apoyo latinoamericano a la causa Black Lives Matter. Monografía feminista (LuchadorasMX, 2020) conecta con lenguaje de cómic la lucha de las sufragistas, las zapatistas, la Marea Verde argentina o las ciberfeministas, entre otras.

Colectivo Vao, 'Bandeira Canlaha'. 2016

/ Colección del colectivo

Los materiales, como recoge el capítulo Gráficas intempestivas, "habilitan formas minoritarias de la imaginación política para las que no siempre existen en el presente condiciones". Denunciar la violencia sexual de la dictadura de Fujimori en Perú, como hace Natalia Iguiñiz en Mi cuerpo no es el campo de batalla (2004), interviene el presente para invocar futuros habitables (sin violencias). No es casual que la exposición impugne la temporalidad occidental para dar cabida a un kuti indígena, "un giro o vuelco de la realidad a través de otras dimensiones intempestivas".

Desacelerar como gesto político

En La Demora, los tiempos largos de la muestra se enredan en una técnica ancestral: el bordado. "Hay visualidades que piden lanzarse al espacio público para intervenir como relámpago; otras provienen de una temporalidad dilatada, de sesiones de bordado en el espacio público, en medio de conversaciones", asegura la investigadora Sol Henaro. El bordado, desbordando el ámbito privado, deviene herramienta de prácticas micro políticas. Los bordados de las comunidades salvadoreñas desplazadas por las masacres de los años ochenta, los pañuelos mexicanos para homenajear a las víctimas de la violencia o las telas del colectivo brasileño Linhas do Horizonte que evoca la conexión cielo-tierra de los orixás son fruto de una temporalidad dilatada. "Reducir la velocidad es también un acto político”, apunta Henaro.

El bordado hilvana vidas. Elabora memorias colectivas a través de los cuerpos. Prende los relatos a los territorios. Territorios que desde la perspectiva latinoamericana, no son meras coordenadas geográficas, sino las vidas y comunidades que las habitan. Los territorios, con una memoria cuajada de conflictos, tienen especial peso en las secciones Territorios insumisos, Persistencias de la memoria y Contracartografías. Señalar a los torturados de la dictadura (como hizo el Grupo de Arte Callejero en Aquí viven genocidas en 2006) también construye territorio. Volar 43 cometas con los rostros de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa (México) –como hizo Francisco Toledo en Papalotes de los desaparecidos en 2014– despliega mecanismos contra el olvido. Recorrer las calles de Oaxaca rodeado de niños volando cometas, recreando la tradición para que las almas puedan bajar a recoger sus ofrendas desde el cielo, es otra forma de construir memoria histórica.

Ágora, ahora

En la sección Ágora del presente, la coreografía Un violador en tu camino del colectivo chileno Las Tesis se proyecta en una pantalla, interpretada en diversos países. A su alrededor, carteles, obras y piezas audiovisuales conectan luchas como la legalización del aborto en Argentina o el estallido chileno de 2019. Guillermina Morán, otra de las coordinadoras, sostiene que Ágora del presente aspira a facilitar otra forma de habitar la muestra: "Permite detenerse a deliberar y conversar con otras personas. El Ágora fue imaginado como un espacio para la juntanza, el intercambio y la conversación, en medio de imágenes recientes de las múltiples formas de resistencias".

En Ágora del presente desemboca a su vez la propia experiencia de la Red Conceptualismo del Sur, que desde 2019 ha promovido llamadas gráficas para configurar investigaciones-acciones llenas de solidaridad internacional. Chile: Estallamos (2019), No al golpe racista y fascista en Bolivia (2019) o La normalidad era el problema (2020) fueron algunas de las campañas que de las redes a las calles (y viceversa) entrelazaron creaciones de artistas, diseñadores, movimientos sociales y colectivos.

Creación colectiva y anonimato

Giro gráfico, en palabras de la artista Clara Albinati (Coletivo Alvorada), presenta de forma no jerárquica acciones de "artistas individuales, colectivos o personas anónimas como si formasen parte de una gran marcha colectiva". "En buena medida el pivote del giro es la capacidad de agenciamiento gráfico desde la correlación y sus múltiples hibridaciones. En este proyecto hay una búsqueda del espectro (colectivo), no sólo a través de la selección de materiales, sino también desde su proceso curatorial que convocó a decenas de investigadores e implicó dinámicas asamblearias", afirma la colombiana Sylvia Suárez, otra de las coordinadoras.

La autoría importa poco en las creaciones gráficas que desde América Latina se realizaron para apoyar al pueblo navajo frente el desastre ambiental en la reserva Standing Rock (#NoDAPL). La autoría ni siquiera figura en buena parte del material (fotografías, pancartas, banderas) recopilado en la sección Arseñal, un neologismo que cruza los conceptos “arsenal” y “señal”. Si detrás de los pasamontañas, "no estamos nosotros, sino ustedes", como afirmaba el subcomandante Marcos en los años noventa, bajo las arseñales emana un cuerpo colectivo transfronterizo que atraviesa tiempos largos y geografías dispersas. Especialmente rico en creación anónima y/o colectiva es el Archivo cuir, donde el visitante puede empaparse en fanzines y publicaciones de colectivos involucrados en las libertades sexuales.

Juan Pablo Pérez, de la Red Conceptualismo del Sur, defiende que lo colectivo y anónimo no niega la creación individual, sino que postula otros modos de hacer arte: "Atahualpa Yupanqui solía citar a Antonio Machado diciendo que cuando el poeta escribe una copla y la deja andar, luego el pueblo la hace suya y nadie sabe de su autoría, porque se hace anónima y le pertenece a todos".

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