ENFERMEDADES

La angustia de María, afectada por la infrecuente alergia al frío: "Hay días que no me puedo poner ni vaqueros"

Foto: Alba Vigaray / Vídeo: EPE

  • La enfermedad, conocida como urticaria a frígore, afecta a un 0,05% de la población y predomina en mujeres

  • Los afectados por esta dolencia, que provoca principalmente picores, enrojecimiento, ronchas e hinchazón en la piel, se ven incapacitados en muchas ocasiones para desarrollar las actividades cotidianas de la vida

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María Trigueros comenzó a notar cambios en su piel durante este verano. Cuando se bañaba con sus amigos en piscinas, ríos o playas, la piel de esta joven de 27 años se transformaba. Brotaban de ella numerosos bultos que, en su momento, no supo interpretar. A veces estaban localizados, como cuando pegaba un vaso de cubata a su brazo; otras, se extendían por toda una extremidad, especialmente cuando entraba al agua o cuando le mojaban las piernas las gotas de lluvia.

"Me empezó a picar bastante y me salían habones de forma generalizada por todo el cuerpo, sobre todo en las piernas", relata. Preocupada por un fenómeno que apareció casi de repente y del que no encontraba una causa, acudió al médico, tras tiempo de espera para que llegase su cita con el especialista. "Hasta que he tenido un tratamiento, he estado haciendo vida normal, con las consecuencias que eso conllevaba", indica. Su alergólogo, después de someterla al test del cubito de hielo, le diagnosticó urticaria a frígore, una afección provocada por la intolerancia al frío. Para detectarlo, el doctor desliza un hielo por la piel del paciente, lo retira pasado un tiempo y espera hasta observar qué reacción le ha ocasionado ese cambio de temperatura repentino. "A una persona que no tenga alergia al frío, le saldría solamente un habón (roncha) en la zona en la que se le ha colocado el hielo, mientras que a mí se me extiende bastante", cuenta Trigueros. 

Erupciones en la piel de María provocadas por su urticaria por frío: la primera, por lluvia; la segunda, por un baño en la piscina durante el pasado verano.

/ CEDIDAS A EPE

Este tipo de alergia, a pesar de que los datos registrados son aún escasos, incide anualmente en el 0,05% de la población y su alcance es comparable al de la urticaria inducida por ejercicio físico. Es la segunda irritación más frecuente, según evidenciaba a principios de este año la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). La urticaria inducida por frío (UF) desencadena en quienes la sufren picores, enrojecimiento, ronchas e hinchazón en la piel (angioedema). Sin embargo, tal y como explica el doctor Ignacio Jáuregui, especialista en Alergología y miembro del Comité de Alergia Cutánea de la SEAIC, los síntomas se pueden recrudecer si los afectados se exponen de manera intensa y sistemática al frío, por ejemplo, con baños de agua fría. "Reacciones anafilácticas, con síntomas cardiovasculares -mareo o pérdida de conocimiento- y respiratorios" son algunas de las consecuencias más graves de esta enfermedad, señala este médico.

"Aunque no es una patología muy frecuente, tiene mucho interés porque afecta a la calidad de vida de los pacientes, ya que les incapacita en muchas ocasiones para desarrollar las actividades cotidianas de la vida", expresa María del Mar Gandolfo Cano, especialista de Alergología del Hospital Universitario de Fuenlabrada. No obstante, no suele perdurar, sino que "tiende a resolverse espontáneamente en los primeros cinco años" en la mitad de los casos, asegura esta doctora. Para el resto de pacientes, puede persistir o reaparecer en distintos momentos de la vida, sobre todo si existen enfermedades subyacentes, como el hipotiroidismo o trastornos autoinmunes o relacionados con la sangre.

Tratamientos de la urticaria por frío

La urticaria a frígore es "más frecuente en adultos jóvenes y predomina en mujeres", que representan el doble de casos que los hombres, destaca Gandolfo Cano, como es el caso de Trigueros. A ella, su médico le recetó unos antihistamínicos que ella se toma dos veces al día: uno por la mañana y uno por la noche. Pero es la propia paciente quien tiene que tomar diversas precauciones para esquivar las reacciones en la piel que le generan los cambios bruscos de temperatura.

Erupción por la urticaria por frío que comenzó a tener María Trigueros este verano.

/ CEDIDA A EPE

Los pantalones vaqueros, aunque confiesa que los sigue usando, deberían quedarse dentro del armario hasta que su afección mejore. "Hay días en los que noto que resultan molestos para mi piel. Cuando hace mucho frío, no los puedo usar, porque es una tela bastante fría", apunta. En la época estival, entrar al agua para refrescarse como hizo el verano pasado puede reproducir las hinchazones en sus piernas y brazos. "Para el año que viene, serán planes que tendré que prevenir y tomarme los antihistamínicos antes. No sé cómo tengo que gestionarlo todavía", asegura. 

La doctora Gandolfo Cano recomienda dejar la mínima parte posible de la piel expuesta al aire frío, mediante "el uso de gorro, guantes, bufanda o abrigo" y sustituir las bebidas o alimentos fríos por los que se encuentren a temperatura ambiente. En casos muy intensos de comienzo brusco e inesperado de la afección a María Trigueros podrían recetarle corticoides orales, que tendría que ingerir junto a sus antihistamínicos en dosis más altas de las habituales. En el caso de que la enfermedad escale a su punto más severo, el alérgico al frío tendrá que disponer de adrenalina en autoinyector para poder usarlo de forma autónoma si fuese necesario.

"Cuando entro al metro, mi cara es una bomba"

María no podrá controlar todos los cambios de temperatura a los que se somete su cuerpo. A lo largo de este otoño, ha notado que las reacciones se han ensañado con su rostro. "Cuando salgo del trabajo, ya de noche, y entro al metro, mi cara es una bomba. Parece como si me ardiera. Está roja, con un montón de habones. Sin haberme tocado apenas, parece que me han dado una paliza y que me han arañado la cara. Me pasa también en el pecho", recalca María Trigueros.

María Trigueros, afectada por la urticaria a frígore, el viernes, en Madrid.

/ ALBA VIGARAY

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Durante los días de lluvia, extrema las medidas, ya que aunque lleve paraguas, si se le moja el pantalón, sus piernas quedan después rojas. Estas ronchas desaparecen pasado un tiempo, alrededor de media hora, calcula. A menos de un mes de que comience el invierno y en una semana en la que los termómetros han empezado a desplomarse, Trigueros muestra su temor a que su primer contacto con un clima gélido desde que le detectaron esta alergia. "No quiero que haga mucho frío este invierno ni que haya cambios bruscos de temperatura, porque no sé qué va a pasar con mi vida. Como me pilla de nuevas, no sé cómo lo gestionaría", dice. 

La sensación térmica de su cuerpo desde que le afectó esta urticaria también ha cambiado. Antes, era una mujer calurosa, pero últimamente presenta menos tolerancia a las bajas temperaturas. María Trigueros, aunque tendrá más complicaciones que quienes no sufren esta alergia, tendría alguna esperanza de cara al verano, según alergólogos de la SEAIC: "Un estudio adecuado individualizado podría servir para indicarle al paciente que no se puede bañar en el Atlántico, pero sí en el Mediterráneo, que es más cálido".