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Oded Galor: "La aceleración tecnológica resolverá el cambio climático en dos o tres décadas"

El divulgador israelita cree que la humanidad podrá superar la crisis climática y la insostenible desigualdad que imperan en el planeta

Oded Galor.

Oded Galor. / Alba Vigaray

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Ya lo están viendo, con esa pinta de sabio de otro tiempo. Nació en Israel, año 1953; se doctoró en Columbia y es profesor en la Brown University, Rhode Island, donde vive. Fundador de la teoría del crecimiento unificado, acaba de publicar El viaje de la humanidad (ed. Destino) en 30 lenguas al tiempo. Y así es que lleva dos meses en Europa, divulgando y, apuntan algunos, haciendo carrera para el Nobel. Desde la observación del pasado, Galor asevera que revertiremos el calentamiento del planeta y la insostenible desigualdad de sus hemisferios. Su receta gravita en la educación, pero atiendan al cómo y tal vez duerman mejor esta noche.

-El mundo entero está en llamas. ¿Estamos a tiempo y preparados para detener este calentamiento?

La aceleración tecnológica va tan rápido que nos ha sobrepasado, no sabemos cómo lidiar con la contaminación que supone el progreso, pero a su vez, y esto no es un argumento naif sino basado en la comprensión del proceso histórico de la industrialización, ha conllevado tres factores que estoy convencido serán capaces de resolver los retos del cambio climático en dos o tres décadas. 1) tenemos formación suficiente para darnos cuenta y persuadir para frenar lo que está sucediendo; 2) el poder de la innovación, y 3) la caída de la fertilidad: a menor población, menor contaminación. 

-El calentamiento se produce por el híper consumo masivo, pero mientras la mitad del planeta muere por excesos, la otra mitad, por hambre. ¿También este absurdo se puede revertir?

El hombre siempre ha sido capaz de revertir o reencauzar el progreso: es la propia tecnología lo que nos salvará. Y un claro ejemplo es lo sucedido con el coronavirus

-“Distribuir los recursos de modo equitativo es fundamental para el desarrollo de la economía”, leo en su libro. ¿Tan equivocada está la política conservadora que propugnan los más ricos para preservar su riqueza?

La tesis es que a mayor cooperación y equidad, mayor prosperidad, sí. Las políticas conservadoras son dañinas para un desarrollo a largo plazo: la desigualdad no es sostenible, porque reduce la producción y conlleva el riesgo de levantamientos desestabilizadores. Los regímenes comunistas, en su fracaso, han demostrado que un cierto grado de desigualdad es necesario para incentivar la economía, siempre que vaya acompañado de la igualdad de oportunidades para formarse. Y es responsabilidad de la sociedad que aquellos no tan hábiles para prosperar disfruten de un bienestar suficiente.

-Según su tesis del crecimiento unificado, la desigualdad tiene su origen en el colonialismo, pero ¿no es tan antigua como la Historia?

Mi teoría se refiere específicamente a la desigualdad entre áreas geográficas, y ésta comienza 200 años atrás, con la ruptura de la estagnación malthusiana o la trampa de la pobreza. ¿Qué paso a principios del XIX? Pues que unos países pudieron colonizar y otros, no, y eso originó la gran diferencia en el planeta. La primera raíz de la desigualdad es la geografía, pero la clave para revertir este legado no es otra que la educación, que va a definir la cultura y las instituciones de un pueblo, y por ende, su prosperidad.

-La humanidad rompió con ese estancamiento secular gracias al conocimiento tecnológico, cambiando cantidad por calidad. Hoy que la técnica es capaz de llevar ese conocimiento a cualquier rincón del planeta, ¿por qué la brecha entre ricos y pobres crece aún más y más rápido?

Porque parte de la población mundial no puede pensar ni planificar su futuro, su economía se basa en plantar y pescar; mientras, la otra mitad del planeta contempla el futuro a largo plazo: planifica sus sociedades y sigue invirtiendo en educación y tecnología. Todo esto ha creado dos tipos de sociedad, la de los visionarios del futuro y la de los miopes. Pero la historia ni condena ni bendice, si entendemos el pasado de un pueblo estaremos en condiciones de planificar su desarrollo. 

Oded Galor.

/ Alba Vigaray

-Otra de sus tesis es que la fusión racial es un factor clave para la prosperidad. Si observamos la colonización británica y española en América, la primera no se mezcló con los nativos y dejó tras sí un territorio próspero, mientras que los españoles fueron promiscuos, se mezclaron, y dejaron territorios muy empobrecidos; ejemplo, Cuba, uno de los países más mestizos y pobres del planeta. ¿Me corrige?

No me parece correcto hablar de razas, sino de etnias, de fusión étnica. Los colonos de América del norte llevaron sus mejores instituciones, inclusivas, se asentaron y procuraron la libertad a sus nuevos territorios, donde la poca población previamente existente fue o exterminada o segregada. En América del Sur, un territorio mucho más poblado, los españoles solo pretendieron extraer las riquezas y mantener sus privilegios con regímenes autoritarios, y se mezclaron con los nativos, sí, pero manteniendo la desigualdad.

-Mister Galor, desde este apocalíptico presente, ¿todavía contempla un futuro posible?

Sí, tengo esperanza en el futuro. La humanidad ha sabido enfrentarse y recuperarse de catástrofes terribles, como la peste negra que en un periodo de tiempo muy breve acabó con el 40% de la población. O sin ir más lejos, las atrocidades ocurridas en las dos guerras mundiales del pasado siglo, de las que surgió con fuerzas renovadas. Las catástrofes climáticas que ya observamos son devastadoras y podrían colapsar la vida en el planeta sin posible supervivencia, pero queda tiempo suficiente para revertir la situación si nos esforzamos en cumplir con tres factores esenciales: educación, tolerancia y solidaridad.

-Vivimos un cataclismo geopolítico que pudiera acelerar la toma de decisiones a favor del cambio energético definitivo, y me refiero claro a la invasión de Ucrania, desatada precisamente por la falta de tolerancia. ¿Podría ser el revulsivo que el planeta necesita?

Podría ser una oportunidad adicional, sí. El miedo al totalitarismo, la creciente responsabilidad de la población con el gasto energético y la reconsideración de los gobiernos de energías no fósiles como la nuclear, podrían acelerar el cambio.

-Mister Galor, ¿no son precisamente las élites del poder las que se resisten a cambiar el modelo energético, entre otros vicios mortales de nuestra sociedad, sin ir más lejos el tabaco?

Sí, es cierto que los grandes intereses a los que siempre aludimos están dilatando la transición. Y también, que la decisión ha de ser global y coordinada a través de acuerdos, que de nada sirve que tú instales unas placas solares en tu casa mientras lo demás permanece. Pero lo superaremos, estoy convencido.

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