ELECCIONES ANDALUCÍA

Andalucía y su alfombra roja hacia el Congreso: Feijóo y Sánchez saben lo que está en juego

  • Tener más de un millón de votantes en Andalucía, o tener menos, influye notablemente en el reparto de escaños en el Congreso, y por tanto, en las opciones de gobernar España

  • El 19-J será un test de exigencia al respecto: Juanma Moreno aspira a acercarse al millón y medio de votos; el PSOE confía en no caer por debajo del millón

El presidente del PP-A y candidato a la reelección como presidente de la Junta, Juanma Moreno, se echa un ’selfie’ con sus fans en Málaga.

El presidente del PP-A y candidato a la reelección como presidente de la Junta, Juanma Moreno, se echa un ’selfie’ con sus fans en Málaga. / Europa Press/Álex Zea

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Andalucía, la comunidad más poblada, por encima de los 8 millones de habitantes, es la autonomía que más escaños aporta al Congreso: 61. Es una cifra considerable si se repara en que Cataluña confiere 48 y la Comunidad de Madrid, 37. Si te llamas Alberto Núñez Feijóo o si te llamas Pedro Sánchez, si eres Yolanda Díaz o Santiago Abascal, e incluso su tu nombres es Inés Arrimadas, sabrás ya que si quieres que te vaya bien en las próximas elecciones generales, debes mostrar fuerza el próximo 19 de junio. Y mantenerlo luego, claro.

El PSOE o el PP son las dos formaciones que se han repartido las victorias electorales en las generales y en las autonómicas. Seguimos hablando de Andalucía. El desequilibrio es tremendo a favor de los socialistas, pues han ganado casi todas. Está probado que su fortaleza en la comunidad es una gran fortaleza nacional. Por eso, para la formación de Pedro Sánchez está en juego algo más que un número de escaños que, con ayuda de otros partidos, le ayuden a recuperar la Junta. Para Alberto Núñez Feijóo y el PP de lo que se trata es de atrapar tal cifra de escaños que si no se convierte en mayoría absoluta, poco falte.

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Cártama (Málaga).

/ EFE/ÁLVARO CABRERA

No hay correlación directa entre las victorias en el territorio y las victorias en el país. Andalucía no es una especie de “Ohio” que sirva de oráculo electoral. Lo que sí demuestra un repaso por los resultados electorales de la última década es que conseguir una cifra de electores superior al millón resulta esencial para llevarse, al menos, 20 escaños de los 61 que están en liza en unas generales. El PP y el PSOE saben que por debajo del millón, sus opciones de gobernar España se debilitan.

El test que va a medir cómo están las fuerzas, en un contexto que parece que pinta cambio de ciclo político, se celebrará el domingo que viene. Sería un descalabro para los socialistas caer por debajo de ese umbral, pero las encuestas no lo descartan. En los últimos comicios celebrados, diciembre de 2018, doblegó por poco las 1.009.000 papeletas. Empeorar este número encendería potentes luces de alarma en Ferraz porque un bagaje similar, en las generales de 2023-2024, podría ser fatal para Pedro Sánchez.

El precedente que lo explica a la perfección lo da el PP. Precisamente en los comicios autonómicos de diciembre de 2018 tropezó con estrépito, hasta el extremo de concitar sólo 749.000 papeletas. Que Juanma Moreno fuera presidente gracias a un pacto con Cs y al respaldo parlamentario de Vox disimuló el batacazo, pero en Génova, en donde ya estaba instalado Pablo Casado, no es que se encendiera luces de alarma, es que se encendieron torres de iluminación como las de un estadio de fútbol. Repetir un resultado similar en las siguientes generales sería un desastre.

Los temores se confirmaron el 28 de abril de 2019, la fecha del adelanto electoral convocado por Pedro Sánchez. Los populares, en Andalucía, fueron superados incluso por Cs. Se encaramaron en la tercera posición con 789.000 votos. El saco de escaños que se llevaron fue magro, magro: sólo 11. En cambio, el PSOE cabalgó a lomos de una victoria incontestable: 1,5 millones de votos y 24 escaños.

Pero las elecciones se repitieron en noviembre, y sí, Sánchez perdió fuelle en las provincias andaluzas, aunque sólo un poco. Se dejó por el camino algunas papeletas (cayó a 1,4 millones), si bien acaparó 25 diputados. El PP mejoró y atrajo a 877.000 electores. En cambio, obtuvo 15 escaños en el Congreso.

El presidente del PP-A y candidato a la reelección a la Presidencia de la Junta, Juanma Moreno, junto al presidente del PP, Alberto Núñez Feijoó, clausuran un mitin, en el acto electoral de campaña para los comicios autonómicos del próximo día 19 a 11 de junio del 2022 en Málaga.

/ Álex Zea / Europa Press

Así que efectivamente el 19-J va a examinar el estado de forma de los dos principales partidos españoles, que son los dos principales partidos andaluces, a no ser que las urnas, el domingo, dictaminen otra cosa. Juanma Moreno sueña con acercarse al millón y medio de votos para acercarse lo máximo posible a los 50 escaños en el Parlamento andaluz. Juan Espadas desea no caer por debajo del millón para no caer por debajo de los 30 diputados. Y los sueños de Moreno y Espadas son también los sueños de Feijóo y de Sánchez.

Un recorrido electoral de una década

Un viaje por el pasado reciente, por las elecciones autonómicas y generales en territorio andaluz de los últimos diez años. 

El PP triunfó en las “regionales” de marzo de 2012 tras arrasar en las “nacionales” del noviembre anterior, pero no pudo gobernar en San Telmo. El ardid del entonces presidente, el socialista José Antonio Griñán, al adelantar los comicios y enfrentar a los populares a las consecuencias de sus primeros recortes, lesionó las opciones de Javier Arenas considerablemente. Los 1.985.612 votos que los populares lograron en las ocho provincias andaluzas en 2011 (33 escaños de 60) cayeron a más de 1.500.000 cuatro meses después. El exministro sevillano quedó primero, sí, pero a costa de perder cientos de miles de papeletas. El tropezón propició que una alianza de izquierdas se juntara para alcanzar el Gobierno. Arenas no se recuperó de aquello.

Yolanda Díaz, junto a Inma Nieto, candidata de 'Por Andalucía' a las elecciones andaluzas.

/ epe

Susana Díaz intentó un efecto parecido cuando disolvió el Parlamento andaluz antes de lo previsto y convocó para marzo de 2015. El PSOE A se hizo con la victoria gracias a 1.409.042 votos; a la expresidenta y máxima rival de Sánchez le fue bien. Con un resultado peor que el de Griñán, pero superior al del PP, el pacto con Cs le bastó para continuar. 

La inercia se mantuvo en las generales de diciembre de ese año. En Andalucía los socialistas atrajeron a algo más de 1.400.000 electores y doblegaron a los populares a pesar de una estimable mejora. Ahora bien, Sánchez, quien se enfrentaba a sus primeras elecciones, perdió en el cómputo nacional frente a un Rajoy que forzó la repetición electoral. Operación exitosa, sin duda, porque en junio de 2016, justo hace seis años, los populares escalaron en territorio andaluz hasta los 1.423.000 votos y adelantaron a los socialistas. 

Desde entonces el PP ha ido acumulando señales preocupantes, las de las elecciones andaluzas de 2018 y las de las dos generales de 2019.

El referente del 10-N de 2019

Efectivamente son 61 los diputados y diputadas andaluces que hay en el Congreso en esta XIV legislatura. Además de los 25 socialistas y los 15 populares, están los 12 de Vox, los 6 de Unidas Podemos y los tres de Cs (uno, Pablo Cambronero, se fue al Grupo Mixto). Sevilla pone en liza 12 y Málaga, 11. A continuación, Cádiz (9), Granada (7), Almería y Córdoba (6) y Huelva y Jaén (5).

Los resultados del domingo permitirán a los estrategas de las direcciones nacionales hacer una serie de cábalas. Si Juanma Moreno atrae a más de un millón de electores, el reto consistirá en mantener la cifra para que Alberto Núñez Feijóo, cuando llegue el momento, se aproveche. Dado que las expectativas en Cataluña están bajas, conviene contrarrestar por otros lados. Andalucía, obviamente, y Madrid son fundamentales.

Para Ferraz, pase lo que pase, salvo sorpresa mayúscula tras las encuestas, habrá que redoblar esfuerzos. No será sencillo porque la coyuntura no está acompañando. Por si fuera poco, el estreno del tope al precio de la luz derivado de la “excepción ibérica” se ha visto empañado, cuando no frustrado, por la ola de calor y el aumento del coste del gas. A dirigentes socialistas, por lo que hablaron con este medio durante la semana pasada, les preocupa que la gestión del Gobierno no cale, no cuaje.

Arrimadas y Marín en la precampaña andaluza.

/ RAFAEL MADERO.

Los demás partidos en liza estarán también condicionados por lo que pase el 19 de junio en las urnas de los colegios andaluces. Ciudadanos, por ejemplo, se ha fijado como marco comparativo el resultado de las generales de noviembre de 2019. Entonces lograron más de 346.000 votos. Aquí está la línea que determinará si les va bien o si les va mal, según reconocen dirigentes de la formación.

Vox, que en diciembre de 2018 concitó el apoyo de unos 360.000 andaluces, fue la opción de 870.000 ciudadanos en los comicios de un año más tarde. Éste es también su referente, su objetivo a batir. Igual que para Unidas Podemos, desdoblado ahora en Adelante Andalucía y Por Andalucía. En noviembre del año 19 casi llega a los 560.000 votos. Un registro más bajo sería un golpe duro. PSOE y PP, PP y PSOE, se mueven en marcos comparativos distintos. 

Las elecciones de Andalucía, por estas y otras razones, son cruciales. 

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