POLÍTICA Y ENCUESTAS

Lo que dicen las tendencias

Lo importante no es estar hoy en primer lugar de las encuestas, sino entender por qué. Esto es lo que permite mantener la posición

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Alberto Núñez Feijóo en el Senado.

Alberto Núñez Feijóo en el Senado. / EFE

Lo comentaba en mi último artículo en este periódico: los datos del CIS del mes de septiembre no iban a registrar los posibles efectos en los alineamientos electorales de los españoles del debate en el Senado entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el principal líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. El motivo: la mayoría de las entrevistas de ese Barómetro se llevaron a cabo antes de que el cara a cara entre ambos tuviera lugar. No obstante, parece que, aunque las entrevistas se hubieran llevado a cabo después la incidencia hubiera sido mínima. Por un lado, porque poca gente dijo haberlo seguido en detalle. Y otro, porque no parece que modificara en lo fundamental la opinión de aquellos que lo vieron o de aquellos que sin llegar a verlo se informaron del desarrollo del mismo posteriormente a través de medios de comunicación. Para los votantes de la izquierda, Sánchez salió victorioso. Para los de la derecha, Feijóo ganó claramente a los puntos. En definitiva, nadie ganó el debate y nadie lo perdió, sino todo lo contrario…

No obstante, el último barómetro del CIS correspondiente a este mes de septiembre arroja unos datos que vistos en perspectiva resultan muy interesantes. Y no me refiero a la estimación de voto (que, por otro lado, suele ser el centro de atención mediática, a pesar de ser el dato que probablemente en menor medida explique la realidad sociopolítica), sino a otros que aluden al liderazgo de los candidatos.

Hagamos un breve balance. Los siete primeros meses del año han supuesto un período electoralmente positivo y fructífero para el PP. En primer lugar, por su victoria en las elecciones autonómicas en Castilla y León el pasado mes de febrero. Aunque las expectativas de los populares cuando convocaron anticipadamente estos comicios eran obtener la mayoría absoluta (algo que no consiguieron), Alfonso Fernández Mañueco logró la reelección como presidente autonómico. En segundo lugar, por la mayoría absoluta lograda por Juan Manuel Moreno Bonilla en las elecciones andaluzas del pasado mes de junio. Estas victorias lograron insuflar optimismo a un electorado que no atravesaba sus mejores momentos debido, en gran medida, a la percibida ausencia de un liderazgo político nacional y a las confrontaciones internas entre sus líderes más destacados (Casado frente a Ayuso, para entendernos). La llegada de Núñez Feijóo a la presidencia nacional del partido junto con estas victorias electorales autonómicas (sin olvidar los comicios madrileños de 2021) permitieron consolidar la idea de que se estaba produciendo un cambio de ciclo electoral en España. Cambio corroborado en alguna medida por las encuestas: el PP superaba al PSOE en la mayoría de los sondeos publicados y Feijóo se ponía por delante de Sánchez en algunos indicadores, algo que su predecesor nunca consiguió.

Los buenos tiempos para el PP coincidían, además, con una coyuntura si no adversa, sí menos propicia para los intereses electorales del PSOE y del Gobierno en general que la de meses anteriores. No tanto, que también, por sus resultados en esos comicios autonómicos, sino, sobre todo, por la situación económica. Al incipiente incremento de la inflación durante los últimos meses de 2021 y el comienzo de 2022 debido, en gran parte, al elevado precio de la electricidad en España, se le sumó la guerra de Ucrania con sus consecuencias presentes y futuras. El Gobierno, que contaba con una segunda parte de la legislatura con viento a favor gracias a la gestión de los fondos Next Generation, se encontraba, otra vez, en mitad de una crisis con efectos perniciosos sobre la economía de los españoles.

Por todo esto era interesante conocer los datos del Barómetro de septiembre una vez pasado el periodo estival: para observar hasta qué punto la tendencia ascendente del nuevo líder de los populares se consolidaba y para medir el grado de desgaste del presidente. ¿Y qué dicen los datos?

Lo más destacable en el caso del presidente del Gobierno y al PSOE es la estabilidad. Hace exactamente un año, en septiembre de 2021, la fidelidad de voto del PSOE era del 63%; Sánchez obtenía una puntuación media de 4.5 entre el conjunto de los españoles y de un 6.6 entre sus votantes; el 29% de los ciudadanos decía confiar en el presidente del Gobierno y el 22% decía preferir a Sánchez como presidente del Gobierno frente al resto de candidatos. Ahora, transcurridos doce meses, esas cifras son prácticamente las mismas: una fidelidad del 65%, una puntuación de 4.4 entre el conjunto y de 6.5 entre sus votantes, idéntico porcentaje de españoles que confían en el presidente (29%) y quienes siguen prefiriendo a Sánchez al frente del Gobierno son prácticamente los mismos: 21%.

En el caso de Feijóo solo se pueden comparar datos nacionales desde el pasado mes de mayo tras ser formalmente elegido presidente del PP a comienzos de abril. Pero su evolución en este tiempo parece indicar un frenazo en la tendencia ascendente del nuevo líder. Los populares siguen gozando de una fidelidad de voto elevada y superior a la de los socialistas, pero tras lograr su mejor registro en julio (tras las andaluzas: 87%) ahora vuelve a situarse en el mismo punto que hace cinco meses: 80%. Lo mismo sucede con el dato referido a la preferencia para ocupar la presidencia del Gobierno: Feijóo logró su mejor dato en julio (21%, casi igualado con Sánchez) y ahora cae hasta el 17%: la misma cifra que obtuvo en mayo. Y hay otros datos que podrían estar indicando que el efecto reactivo provocado tanto por su llegada a la presidencia del partido como por los éxitos electorales estarían ya amortizados. Uno, es que ahora, tras el verano, obtiene su peor evaluación media entre el conjunto de los españoles desde su llegada: 4.5. Y lo mismo ocurre con el porcentaje de ciudadanos que dice confiar en él: ahora es el 28%, el más bajo de los últimos cinco meses. Y un dato más: el trasvase de votos procedente de Vox que en julio era del entorno del millón (28%) ahora se habría reducido a cerca de los 600.000 (17%).

En definitiva, esto no es como empieza, sino como acaba. Y aún queda mucho tiempo para las próximas elecciones generales. Lo importante no es estar hoy en primer lugar de las encuestas, sino entender por qué. Esto es lo que permite mantener la posición.

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