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POLÉMICA

Ganadería industrial: ¿cuáles son los impactos que denuncia el ministro Garzón?

Los expertos llevan tiempo criticando las macrogranjas, que generan protestas en toda España

Ganadería industrial: ¿cuáles son los impactos que denuncia el ministro Garzón?
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V. Pavés/J. L. Ferrer

El sector de la ganadería industrial ha salido en tromba contra el ministro de Consumo, Alberto Garzón, a raíz de sus declaraciones alertando de los perjuicios que conllevan las macrogranjas. Estas instalaciones, objeto de fuertes protestas a lo largo y ancho de España desde hace unos años, no cesan de generar polémica por sus fuertes impactos ambientales. Son, señalan los expertos, todo lo contrario a lo que representa la ganadería tradicional, sostenible y respetuosa con el entorno.

Maltrato animal, contaminación del agua del subsuelo, malos olores, proliferación de enfermedades, deforestación y generación de CO2… las macrogranjas son, para gran parte de los españoles, una pesadilla que debería prohibirse. Cada vez son más las entidades y pueblos enteros que se rebelan contra estas explotaciones y contra el daño que supone para los ecosistemas, los animales y la salud humana un modelo ganadero industrial e intensivo como el actual.

Las protestas son cada vez más intensas y los afectados aseguran que las macrogranjas ayudan además a intensificar el fenómeno de la España vaciada, al terminar con las explotaciones ganaderas tradicionales que permiten subsistir a muchas personas en el campo.

Casi no hay mes en el que no se convoque una manifestación en España contra algún proyecto de macrogranja, las más recientes en Zamora, Toledo, Ciudad Real, Palencia, Burgos… todas en el mismo año 2021.

Manifestación contra las macrogranjas en Toledo el pasado mes de mayo / Efe/Ismael Herrero

Y a finales de 2021 Greenpeace entregaba al Ministerio para la Transición Ecológica 237.000 firmas recogidas en España contra estas industrias.

Un sector que no para de crecer

Sin embargo, el sector en España no hace más que crecer. Nuestro país es, de hecho, el país donde más aumenta este tipo de ganadería. Entre 2013 y 2019, se instalaron en España granjas industriales a un ritmo de casi 20.000 cerdos a la semana, según el informe de Amigos de la Tierra y Food & Water Action Europe.

España es el tercer mayor exportador mundial de porcino, detrás de China y Estados Unidos, tras convertirse en 2015 en el principal exportador de la Unión Europea (UE), por delante de Alemania y Dinamarca. En ese mismo año, España alcanzó también el mayor censo de la UE, con 28,3 millones de cerdos. Mientras que otros productores europeos reducen su producción, España la incrementa, así como sus exportaciones.

A nivel climático, los alimentos que provienen de animales suponen un 45% de la huella de carbono en España. Cada persona genera 1,5 toneladas de CO2 al año por el hecho de consumir carne. Y es que la forma en la que se producen estos alimentos requiere de gran cantidad de recursos, tanto para su fabricación como para su transporte o embalaje.

Las grandes explotaciones industriales están detrás de la destrucción de grandes extensiones de bosque, y no solo en el Amazonas, donde el ganado bovino causa el 70% de la deforestación.

Ello es así porque para alimentar al ganado es necesario obtener grandes cantidades de pienso y pastos. Ese alimento solo se puede conseguir cultivándolo en terrenos arrebatados al bosque. Al deforestar, aumenta la emisión de CO2 de forma notable.

Animales en una macrogranja / Ricardo Funari

También se ha de tener en cuenta el óxido nitroso, otra de las sustancias que provoca la ganadería intensiva, como consecuencia de las enormes cantidades de deyecciones fecales (purines) que originan estos animales y de los fertilizantes empleados para obtener el pienso. Así lo explica la directora de la cátedra de Agroecología y Sistemas Alimentarios de la Universitat de Vic, Marta Rivera, que también forma parte del panel científico de asesores de la ONU para el cambio climático.

Obviamente, la patronal que agrupa a los ganaderos intensivos españoles no está de acuerdo. La Unión de Uniones emitió en su momento un comunicado en el que criticaba las conclusiones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU y afirma que "en su conjunto, en España el sector ganadero solo general el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero, frente a un 27% del transporte, un 19% de la industria y un 17% de la generación de energía".

"Es hipócrita poner el acento sobre todo en 2.800 ganaderías intensivas españolas y no en los seis millones de aparatos de aire acondicionado que tenemos funcionando en España en agosto", así como los aviones y barcos mercantes que circulan por el mundo, añadía la nota.

Más carne de la que se necesita

Además, se están criando muchos más animales de lo necesario para la demanda nacional. "Producimos el 450% de la carne que consumimos, por lo que sería suficiente para alimentar a 211 millones de personas", explica Ferran García, informe y coordinador de la Unidad de Investigación y Redes de Justicia Alimentaria Global.

Estas prácticas, a su vez, conculcan el bienestar animal. Esta ganadería se basa en la estabulación de un gran número de animales “en espacios cerrados muy reducidos para que produzcan grandes cantidades de carne, huevos o leche al menor coste posible”, como lo define la ONG Amigos de la Tierra.

Esto supone que en algunas ocasiones se vean obligados a pasar su corta vida en jaulas donde apenas pueden moverse. De hecho, a menudo las jóvenes terneras son encerradas en jaulas tan estrechas en las que no pueden ni darse la vuelta, y ello al objeto de lograr carnes más tiernas para el consumidor.

La salud pública es el eje central de la nueva campaña de las asociaciones que integran la iniciativa Stop Ganadería Industrial que se han movilizado para denunciar frente a las administraciones autonómicas esta proliferación de instalaciones de ganadería industrial en España, advirtiendo en sus movilizaciones las consecuencias que este modelo tiene para el entorno tales como la sobreexplotación de los acuíferos, contaminación de suelos, contaminación de agua por nitratos, entre otras.

Macrogranja en Caparroso, Navarra / Pedro Armeste

Además, la Plataforma Stop Ganadería Industrial ha enviado una carta al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en la que piden a su titular, Luis Planas, además de la citada moratoria, una nueva regulación de nitratos para reducir al menos a la mitad las emisiones de nitrógeno en 2027 teniendo en cuenta el año 1996 como referencia.

Asimismo, le instan a elaborar un plan para la reducción progresiva de la cabaña ganadera en intensivo, que esta tenga en cuenta el consumo de agua y otros insumos, así como la producción de purines y la contaminación del agua por nitratos y la emisión de gases de efecto invernadero.

La ganadería sostenible

Las asociaciones apuestan por la ganadería extensiva (o tradicional), un modelo que aprovecha eficientemente los recursos del territorio con las especies y razas adecuadas, compatibilizando la producción con la sostenibilidad y generando servicios ambientales y sociales. Además, permite mantener la actividad económica de la población rural y luchar contra el abandono del campo.

Este tipo de ganadería contempla aspectos clave como: la utilización de razas autóctonas, la movilidad del ganado, el bienestar animal o el manejo ajustado a la disponibilidad espacial y temporal de los recursos disponibles en cada zona. Desde hace cerca de 10.000 años estos sistemas tienen un papel crucial en el cierre de ciclos, especialmente los del carbono y el nitrógeno, lo cual convierte a la ganadería extensiva y el pastoralismo en piezas clave de los sistemas agrarios, además de en la lucha por la mitigación y la adaptación al cambio climático.

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