Crisis entre potencias

El error de cálculo de China con el globo y la respuesta de Biden desinflan un ansiado deshielo diplomático

La suspensión del viaje de Blinken, la semana pasada, es una terrible noticia para Pekín, necesitada de limar asperezas con Estados Unidos | El presidente de EEUU se vio impulsado a aplicar mano dura ante las exigencias republicanas y su baja popularidad

Agentes del FBI procesan los restos del globo chino derribado por un caza de EEUU.

Agentes del FBI procesan los restos del globo chino derribado por un caza de EEUU.

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Es un inocuo globo meteorológico errante, defiende China; cuenta con una sofisticada tecnología para registrar comunicaciones, denuncia Estados Unidos. Es un auto de fe creerse a uno u otro gobierno, ninguno con una acrisolada relación con la verdad, pero desafía las leyes de la probabilidad que los vientos dejaran al globo sobre los silos nucleares de Montana.

El presunto globo espía chino revela el deterioro irremediable de las relaciones bilaterales desde el mandato de Donald Trump. Descubierta China, siguió el libreto universal: lo negó todo porque no hay más pecado en el espionaje que la torpeza. Más reveladora fue su inmediata respuesta calmada y conciliadora, con infrecuentes excusas y cesando al responsable del departamento meteorológico. Era evidente su propósito de salvar la inminente visita a Pekín del secretario de Estado, Antony Blinken. Su suspensión es una terrible noticia para Pekín, necesitada de limar las asperezas con Estados Unidos, lo que sugiere su cálculo equivocado sobre las consecuencias. Es la clase de errores que la diplomacia china no frecuenta.

Un examen desprejuiciado descarta la relación entre el ruido y la amenaza. Los globos son utilizados para recabar información desde el siglo XVIII. En la actualidad son casi rutinarios. Taiwán ha visto varios en los últimos años, también Japón y Estados Unidos ha recordado que al menos tres fueron detectados en los tiempos de Trump. No proporcionan más información que la red satelital ni suponen un problema serio para la seguridad nacional, ha aclarado Washington estos días.

Un par de factores explican la polémica. El globo fue descubierto por la aviación civil y llegó sin filtro a la opinión pública en vísperas del discurso del Estado de la Unión. La situación política en Estados Unidos hizo el resto. Las inflamadas exigencias desde las filas republicanas de derribarlo y la bajísima aceptación popular de Joe Biden impidieron la tibieza y la prudencia. La mano dura contra China es uno de los pocos asuntos que genera adhesiones en la fracturada sociedad estadounidense.

Escenario inédito

El inédito escenario es el segundo factor. Los episodios de espionaje e intromisiones entre ambos no han escaseado pero siempre en el patio trasero chino. Son habituales las maniobras navales y aéreas estadounidenses en el Mar del Sur de China, definidas por Washington como ejercicios de libertad de navegación, y veinte años después aún sangra aquel choque entre un avión de reconocimiento estadounidense y un caza chino frente a la costa de Hainan que mató al piloto chino. Han generado constantes lamentos el escudo antimisiles que desplegó Estados Unidos en Corea del Sur, con un radar capaz de fiscalizar buena parte del suelo chino, y su atosigante presencia militar en las aguas que la rodean. El globo, sin embargo, afecta al territorio y soberanía estadounidense por primera vez.

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Washington, a vueltas con el globo, ha acusado a China de desarrollar "un programa de vigilancia internacional dirigido por el Ejército chino". Es, en realidad, el espionaje de toda la vida al que todas las grandes potencias están abonadas y que sublima Estados Unidos. El 'caso Snowden' ya reveló un sistema de vigilancia global de las comunicaciones que no discrimina rivales de socios y que alcanzó al teléfono de la excanciller alemana, Angela Merkel, y otros dirigentes europeos. El globo chino, ante ese despliegue, parece una peccata minuta con el encanto de lo artesanal. Las informaciones periodísticas elaboradas con filtraciones de Washington sostienen que ese programa chino cubre la India, Japón, Taiwán y Filipinas. Son países cercanos y con los que China mantiene pleitos de variada naturaleza por lo que lo extravagante sería que no mantuviera ninguna vigilancia sobre ellos.

El incidente subraya lo poco que necesitan China y Estados Unidos para la greña. Aquella contención inicial china, derribado ya el globo, viró a una beligerancia que empata con la estadounidense. No es probable, sin embargo, que dé mucho más de sí. Nada se ha roto y Estados Unidos ha aclarado que la visita de Blinken no se ha cancelado sino suspendido temporalmente. En el horizonte se vislumbran amenazas mayores para la salud de las relaciones bilaterales que la de un globo nacida en los errores de cálculos chinos e inflado por la delicada situación de Biden. La más evidente es la visita anunciada a Taiwán de Kevin McCarthy, presidente de la Cámara de Representantes. Los ecos de la de su antecesora, Nancy Pelosi, aún resuenan en el estrecho.