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ESTRENOS DE ÉXITO

2021, el gran año del cine musical (y político)

El género ha ofrecido este año una decena de propuestas que han abordado los problemas de nuestro tiempo desde una perspectiva fresca y una conciencia social más reivindicativa: la intolerancia, el racismo, el sexismo, el machismo o la homofobia

Imágenes de ’West Side Story’, ’Annette’, ’Todos hablan de Jamie’, ’En un barrio de Nueva York’, ’¡Canta! (2)’ y ’Tick, Tick... Boom’.

Imágenes de ’West Side Story’, ’Annette’, ’Todos hablan de Jamie’, ’En un barrio de Nueva York’, ’¡Canta! (2)’ y ’Tick, Tick... Boom’.

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Beatriz Martínez

Al igual que hay una leyenda no escrita que dice que siempre aparece una nueva versión de King Kong en los albores de una crisis económica o como producto de ella, también hay otro mito cinematográfico que ratifica que las películas musicales surgen para ayudarnos a salir de un momento social complicado o convulso. Puede que sea una casualidad, pero el musical se ha convertido en uno de los géneros que han ayudado a definir esta temporada a través de un buen puñado de propuestas de la más diversa índole que se han caracterizado por el riesgo y por su capacidad para poner sobre la mesa cuestiones que entroncan con los intereses de nuestro presente, con problemas que era necesario abordar desde una perspectiva fresca y una conciencia social más reivindicativa. La intolerancia, el racismo, el sexismo, el machismo, la homofobia y los estigmas que provocan se han convertido en los temas fundamentales de un puñado de musicales que definen a la perfección el momento en el que vivimos. 

El año comenzó con la poco convencional Music, el proyecto de la cantante Sia en el que se aunaba el autismo, la drogodependencia y la crisis de identidad en un drama indie con momentos de fuga a modo de videoclips oníricos y coloristas. Era tan rara que podía provocar rechazo, pero tenía la particularidad de intentar romper los estereotipos y las convenciones y adaptarlos, en este caso, a la personalidad de la artista. 

Después de haber triunfado en streaming durante la cuarentena con Hamilton, Lin-Manuel Miranda se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la temporada. En junio se estrenó la versión cinematográfica de su primera obra teatral, En un barrio de Nueva York, en la que quiso hablar de racismo estructural, de exclusión, pero también de la energía y la esperanza, los sueños y el espíritu de lucha de la comunidad latina, de los dreamers.

La adaptación por parte del director Jon M. Chu (que ya aportó su estilo sicalíptico en Crazy Rich Asians) y la guionista Quiara Alegria Hudes se convirtió en una auténtica explosión de coreografías callejeras luminosas en las que se puso de manifiesto que además de las canciones, de los ritmos y de los bailes, lo importante era el mensaje: “No somos invisibles, tenemos voz” o “juntos seremos más fuertes”. 

Poco después apareció en Netflix Vivo, película de animación con Lin-Manuel Miranda como doblador y compositor de la banda sonora que demostró que Sony Pictures Animation, después de Spider-Man: un nuevo universo y Los Mitchellcontra las máquinas, parecía estar dispuesto a experimentar desde las entrañas del sistema, en este caso dando rienda suelta a Miranda para explorar sus raíces musicales, algo que también se ha encargado de practicar en la producción de Disney Encanto, otra película en la que se reivindica la identidad latina y que se benefició de sus maravillosos temas, dispuestos a quedar anclados en el imaginario colectivo, como ya ocurrió con Vaina.

Por último, hace apenas unas semanas se estrenó la esperada Tick, Tick… Boom!, en la que Lin-Manuel Miranda se ponía, por fin, detrás de la cámara para firmar su ópera prima. Como no podía ser de otra manera, se trata de un proyecto muy personal y especial, una carta de amor en forma de biopic libre a un hombre, Jonathan Larson, que logró introducir temáticas sociales en Broadway, como el multiculturalismo, los derechos de la comunidad LGTBI, las adicciones o el sida (en Rent) convirtiéndose en el puente entre Stephen Sonheim y el propio Miranda. En Tick Tick… Boom! se habla de la obsesión creativa, de la lucha por conseguir los sueños desde las entrañas de la más pura marginalidad, lo que impregna a la película del espíritu de los outsiders. Una auténtica maravilla.

La nueva versión de Cenicienta protagonizada por Camila Cabello también incluía novedades. Además de bailarse al ritmo de himnos pop, el hada madrina era queer (Billy Porter), la protagonista no quería casarse con el príncipe azul, sino ser diseñadora de moda y había una mayor inclusividad de géneros y de razas, así como un inequívoco aliento feminista. Un cuento de hadas para las nuevas generaciones alejado de los estereotipos que han lastrado estas historias a base de clasismo y misoginia. 

En Amazon Prime Video pudimos disfrutar también de Todos hablan de Jamie, adaptación de un musical sobre la vida de un joven de 16 años que quiere ser drag queen y que se debe enfrentar en su día a día al bullying y al acoso sistemático por ser diferente. Jonathan Butterell compone una emocionante coming-of-age con canciones de Dan Gillespie Sells que hablan de la represión, de la identidad y de la necesidad de liberarse de los tabúes. 

También inscrita en la delicada etapa de descubrimiento adolescente encontramos Querido Evan Hansen, de Stephen Chbosky, que vuelve a indagar, como ya hizo en Las ventajas de ser un marginado, en este impase juvenil como fuente de todas nuestras inseguridades posteriores, en este caso, a través de otro tema de gran impacto social como es el de la salud mental. 

Quizás haya sido Leos Carax con Annette el que más haya arriesgado a la hora de llevar la esencia del musical (deconstruido) a sus últimas circunstancias a través de una partitura compuesta por el dúo Sparks íntegramente cantada para contar la historia de una pareja a través de la que va emergiendo la sombra de la masculinidad tóxica hasta que la violencia machista termina por evidenciar la naturaleza monstruosa del hombre.

El año termina a lo grande con el West Side Story de Steven Spielberg, en la que el director recrea el histórico musical de Robert Wise desde una perspectiva ideológica renovada que se traduce en una mayor racialización en el reparto, así como en la plasmación la xenofobia a la que se debe enfrentar el emigrante en un entorno hostil, la Norteamérica de ayer y de hoy.

Atrás quedan los musicales en los que solo triunfaba la pirotecnia visual y el mero divertimento. Ahora el género se convierte en un espacio político para hablar de los problemas que preocupan en la actualidad en un momento en el que hay poco lugar para la más pura fantasía que auspiciaba, por ejemplo, El mago de Oz. Incluso en una película tan aparentemente inofensiva como ¡Canta! 2 encontramos no solo un discurso de superación, sino también una crítica al 'establishment' y al capitalismo que anula nuestra libertad de expresión. 

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