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CINE

'Matrix Resurrections': el regreso a la vida de Neo y Trinity

  • Lana Wachowski dirige en solitario la esperada cuarta entrega de la saga, ‘Matrix Resurrections’

  • Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss recuperan sus personajes en una trama en la que, de nuevo, todo consiste en tomar una pastilla roja o una azul

Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss, en un fotograma de ’Matrix Resurrections’.

Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss, en un fotograma de ’Matrix Resurrections’. / ARCHIVO

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Quim Casas

Dos décadas después de lo experimentado en Matrix Revolutions, el filme que cerraba la trilogía, Neo ha regresado a la aparente normalidad. Vuelve a ser Thomas Anderson (con un Paul delante tendríamos un bonito juego cinéfilo con el director de El hilo invisible), un brillante desarrollador de videojuegos. La más exitosa de sus obras es, por supuesto, Matrix. La acción arranca con el personaje sentado frente a sus pantallas de ordenador, más aburrido que activo. Va a terapia para aclarar los sucesos que aún revolotean por su mente, vividos o soñados, y toma unas pastillas de color azul para superar la ansiedad. No sabe nada de su otra realidad, la de Neo. Pero un día topa con una mujer que le recuerda a una mujer recordada que tampoco sabe si conoció o soñó. Es Trinity, por supuesto, aunque ahora se llama Tiffany, está casada y tiene dos hijos. De esta sencilla forma, atrapados en Matrix sin recuerdos, reaparecen en escena Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss.

Matrix Resurrections devuelve a la pantalla personajes, situaciones, imágenes, sensaciones y terminología que ya habíamos olvidado y que tanto impacto nos causó en 1999, cuando se estrenó Matrix. Era imposible entenderlo todo, pero el aparato visual y algunos conceptos filosóficos resultaban tan estimulantes que el filme de las hermanas Wachowski se convirtió en una pieza esencial para los nuevos caminos de la ciencia ficción, además de revolucionar la tecnología digital del momento. Después de Blade Runner (1982) y Terminator 2 (1991), Matrix aportó revolucionarios conceptos de diseño visual.

Así que ahora volvemos a escuchar en una pantalla como algo normal el término modal, el bucle que no deja de repetirse, la oscilación paramagnética o el déjà vu. Modal es la simulación que permite la evolución de un programa. Porque estamos de nuevo en el universo de los programas, las máquinas inteligentes y la alteración de la realidad. ¿Somos unos algoritmos o podemos escapar a la programación?, se plantean los protagonistas. Lana Wachowski, directora en solitario de esta cuarta entrega, cuenta con que el espectador de Matrix Resurrections ha visto las anteriores entregas, aunque perderse sin entenderlo todo por el relato común de estos filmes tampoco es exactamente un problema.

En declaraciones recientes, Lana habla de la paradoja entre un modelo de tecnología que por un lado nos acerca un poco más, mientras que por el otro nos aísla: “El poder de la tecnología para atrapar o limitar muestra realidad subjetiva es uno de los elementos fundamentales de esta cuarta película”. La pandemia revolotea de uno modo u otro sobre el filme, ya que fue la tecnología la que permitió seguir relacionándonos durante los meses más complicados del año pasado y la que permite a los protagonistas de esta ficción creer en un futuro mejor.

En un momento del filme suena White Rabbit, canción del grupo psicodélico Jefferson Airplane. Últimamente la hemos escuchado hasta la saciedad, en películas como Kong: la isla calavera y series televisivas como The Stand y El cuento de la criada, pero aquí le va como anillo al dedo. En ella se establecen paralelismos entre el consumo de LSD u hongos alucinógenos y las novelas de Lewis Carroll sobre Alicia. También vemos en un plano la portada de Alicia en el país de las maravillas. Las Wachowski tuvieron muy en cuenta lo uno y lo otro, las aventuras de Alicia al cruzar el espejo (Neo y sus amigos continúan atravesando los espejos que separan la realidad de Matrix) y la experiencia lisérgica (las famosas pastillas roja y azul). Al fin y al cabo, el Matrix original fue un auténtico trip audiovisual que las Wachowski han intentado seguir reproduciendo con el añadido de más y más capas de densidad argumental.

El binarismo

Lana y Lilly se rebelaron contra el binarismo de género y dejaron de ser Larry y Andy, sometiéndose a cirugía de reasignación de sexo en 2008 y 2016, respectivamente. En el filme original ya había indicios de lo transgénero como transformación en varias líneas del diálogo. Pero en esta cuarta película esa dualidad sigue existiendo. Para el nuevo Morfeo encarnado por Yahya Abdul-Mateen II (por las redes circulan teorías de lo más apasionante sobre dónde se encuentra el Morfeo original interpretado por Larry Fishburne), las pastillas roja y azul son opciones binarias. Tomando una puedes salir de Matrix. Ingiriendo la otra, permaneces allí. Matrix Resurrections regresa a esta idea binaria. O se vive dentro de Matrix, sin recuerdos, bajo el yugo invisible de las máquinas, o se escapa a ese control. Para llegar a ello, Lana Wachowski ha ideado complejos mecanismos y originales escenarios visuales como las cámaras que conservan los cuerpos viscosos de los protagonistas y las máquinas con forma de insecto que los conectan y desconectan.

¿Y que sería de un filme sobre Matrix sin los efectos bullet time? El espectador los va a encontrar en secuencias capitales de Matrix Resurrections. Sobre el título de esta cuarta entrega también circularon diversas interpretaciones, pero las propias hermanas Wachowski las han aclarado al explicar el porqué de su amistosa separación artística. Para Lana, regresar a Matrix y devolver a la vida a Neo y Trinity, fallecidos en el tercer filme, era una forma de llevar lo mejor posible el duelo por la muerte de sus padres. Para Lilly suponía todo lo contrario y lo explicaba de este modo: “No quería haber pasado mi transición como mujer transexual y haber sufrido la pérdida de mi madre y mi padre para volver a hacer algo que ya había hecho”. Por eso Lilly se ha ausentado de esta resurrección.

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