PRESUPUESTOS DEL ESTADO

El inesperado último pleno del año retrata el cisma entre el PP y el PSOE en el Congreso

La dinámica de la legislatura revela los problemas de los populares para mantener interlocución con los demás grupos

El inesperado último pleno del año retrata el cisma entre el PP y el PSOE en el Congreso

DAVID CASTRO.

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Ángel Alonso Giménez

“Son capaces de cualquier cosa con tal de desgastar al Gobierno”. La frase es de un miembro de la dirección del grupo socialista en el Congreso tras conocer que el PP se negaba a cambiar el orden del día del pleno para incluir el debate sobre una única enmienda a los Presupuestos, aprobada por el Senado contra pronóstico. “No hay quien les entienda; con la que está cayendo nos exponen al riesgo de contagio de ómicron”, afirmó un portavoz parlamentario en conversación con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, en alusión a la decisión de los populares de forzar una sesión plenaria el 28 de diciembre.

La ronda de contactos que hizo la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, el miércoles pasado para intentar el cambio del orden del día retrató a un PP que va por libre. Vox también se negó a través de Macarena Olona. Sin embargo, su rechazo no pilló por sorpresa, pues desde hace tiempo sus 52 diputados viven en una suerte de oasis parlamentario. El del Partido Popular sí pilló por sorpresa.

Pablo Casado y Cuca Gamarra en el Congreso.

/ epe

Pilló por sorpresa porque al grupo que dirige Cuca Gamarra se le supone un estatus diferente. Los populares, independientemente de la estrategia más o menos ruda de Pablo Casado, son una formación política que conoce los entresijos del Congreso, sus hábitos y costumbres. Es un partido que ha gobernado, y por tanto, que ha dominado los tiempos parlamentarios. Su negativa a añadir un debate más en la sesión del pleno del jueves pasado, y con él poner fin al año en la Cámara, desconcertó a todos.

"El debate de los Presupuestos es trascendental"

Pero la dirección parlamentaria del PP se defiende. Argumentan las fuentes del grupo de Gamarra que no están buscando una vía nueva de ataque al Gobierno de Pedro Sánchez, sino dar al debate de los presupuestos la relevancia que merece. Son conscientes de que la votación se va a circunscribir a la enmienda de Compromìs que se ha incorporado al proyecto, relacionada con la defensa de las lenguas minoritarias. No esperan de ese lance del pleno del 28 de diciembre ninguna rentabilidad.


/ EFE

Lo que les interesa es la discusión previa, y ni siquiera por las cuentas públicas, aunque también. Para el PP, poner palabras a unos presupuestos que consideran desfasados y comparar sus cifras con las perspectivas de, por ejemplo, el Banco de España (a la baja), resulta fundamental. En Génova, y por extensión en la dirección parlamentaria, creen que la ansiada recuperación de la que habla Pedro Sánchez no se va a producir.

Además, los populares pondrán el acento en los efectos adversos que dicen provocará el nuevo modelo laboral acordado por el Gobierno con los agentes sociales, que justo el martes que viene cristalizará en un decreto ley. Coincidirán el mismo día el decreto y el debate del Congreso, y eso el PP lo va a usar, pero también el Ejecutivo, que sacará pecho. Su reforma laboral es una de las medidas más importantes, un sello de identidad.


/ ÁNGEL NAVARRETE.

Sin puentes con los grupos

La sesión del día 28 se va a celebrar porque el PP y Vox han querido. Cuca Gamarra se lo comunicó personalmente a Batet. “No podemos despachar un debate como el de los presupuestos como pretende el Gobierno”, le dijo. Añadió una razón reglamentaria. La convocatoria debe formalizarse 48 horas después de la remisión de la documentación sobre el cambio del proyecto presupuestario. Pudo haberse soslayado ese detalle, incluso forzarlo sin escorar la normativa interna del Congreso. Como esa información de la Cámara Alta llegó a la Cámara Baja alrededor de las 19.00 horas del martes, "se pudo convocar el pleno a las 16.00 horas del jueves perfectamente”, opina un portavoz consultado por este medio.

Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso, presenta el acuerdo alcanzando con el Gobierno central para que sea el Ejecutivo vasco el responsable de las obras del tren de alta velocidad a Bilbao y Vitoria.

/ EUROPA PRESS/IÑAKI BERASALUCE

La presidenta informó al Ejecutivo y a los demás grupos tras la ronda de contactos hecha a medias, pues el desenlace estaba claro. El pleno para votar el cambio de los presupuestos debía aguardar a la última semana del año. Emplazó a los portavoces a conocer la convocatoria formal que emitiría un día más tarde, como efectivamente hizo. La Junta de Portavoces se reunió durante un receso de la sesión del pleno del jueves, fijó el orden del día del debate (sólo una enmienda nueva procedente del Senado) y puso la hora: martes 28 de diciembre a las 12.30 horas.

Detrás de la convocatoria del último pleno de 2021 aparece un PP aislado. Mientras Cayetana Álvarez de Toledo fue portavoz parlamentaria, la red de contactos habituales con los demás homólogos brilló por su ausencia. El estilo de la ahora diputada rasa no facilitó una interlocución fluida con nadie, pero tampoco es algo que buscara. Tenía claro su papel porque tenía claro que el PP, con 88 escaños, solo frente a un Gobierno de 155 escaños apoyado por ERC, PNV y EH Bildu, no contaba con margen de negociación ni de pacto. Vox nunca le interesó. Cs, con diez representantes (luego con nueve), no le daba músculo.


/ EFE.

Su destitución y la posterior llegada de Cuca Gamarra generaron la esperanza de un PP más dialogante. Fue así al principio. La exalcaldesa de Logroño empezó a tejer contactos esporádicos con el PNV, y por entonces Pablo Casado y Andoni Ortúzar comenzaron a verse. Esa conexión no se ha cimentado y hoy se ciñe básicamente a las conversaciones de los portavoces sectoriales en las comisiones.

Gamarra, además, habló con la exvicepresidenta Carmen Calvo sobre algunas leyes en las que fraguar acercamientos y, si acaso, acuerdos. Llegaron a tantear la posibilidad de negociar una nueva ley de trata, tal y como informaron en su momento fuentes socialistas y populares. Nada cuajó, y de hecho resonaron más las desavenencias y la incomunicación sobre cuestiones troncales, por ejemplo la renovación de los órganos constitucionales.

Pablo Casado en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.

/ José Luis Roca

La diputada riojana lleva un año y medio en el cargo. Ha logrado arreglar una de las taras que arrastraba el grupo, la incomunicación interna, la enorme brecha entre dirección y resto de parlamentarios. Álvarez de Toledo evitaba los cara a cara y no era pródiga en reuniones de coordinación, que generalmente, si se organizaban, pilotaba su gabinete, y sobre todo, el secretario general, Guillermo Mariscal. Este diputado canario, por cierto, mantenía una excelente relación con su homólogo socialista hasta que fue designado secretario de Estado de Relaciones con las Cortes. Con Rafael Simancas había rutina. Ahora, cambiada la dirección socialista, esa rutina ha desaparecido.

Gamarra, efectivamente, ha cohesionado a los demás diputados, a excepción de Álvarez de Toledo, que es un verso suelto. Los diputados se sienten más protagonistas y están más animados. Hay voces críticas, sin embargo. Un reproche, si bien aislado, habla de la excesiva dependencia del secretario general. Otra, también puntual, mostraría a una Gamarra cada vez más sola.

Sea lo que sea, esa cohesión interna se nota en las articulaciones de las iniciativas sectoriales y en la participación más activa de los diputados del PP en las comisiones. Un ejemplo: recientemente, en la negociación de la nueva ley de residuos, los populares lograron incluir una enmienda sobre la fecha de aplicación de dos nuevos impuestos: en vez de enero de 2022, enero de 2023. No se opuso el PP a la norma; se decantó por la abstención.


/ EFE/Emilio Naranjo

Las fuentes de la dirección parlamentaria popular destacan que ese aislamiento está en gran medida determinado por la dinámica de bloques. Ha comprobado el PP que la alianza de PSOE y de Unidas Podemos con ERC, PNV, EH Bildu y demás formaciones regionales se ha solidificado, incluso a pesar de desavenencias que tildan de “teatro” y de “dramatización”. Sería el caso del malestar de los independentistas catalanes y vascos con el proyecto de memoria democrática, o de la propia Esquerra con la ley audiovisual, que parece subsanada. Pero no se ha roto el diálogo en todos lados. Basta comprobar la actividad de las comisiones para encontrar al PP, aunque sea para rechazar las propuestas del Gobierno.

Con la formación con la que los puentes del PP parecen rotos es con Ciudadanos. Nunca fue del todo robusta. No obstante, el adelanto electoral en Castilla y León ha tirado los pocos vínculos que quedaban. “Quieren acabar con nosotros, no es posible una relación de confianza”, afirma una fuente de la formación naranja.

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