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Ucrania, tanques y economía

Scholz resiste las presiones para entregar tanques Leopard a Kiev ante el riesgo de que aumente la intensidad del conflicto y arrastre a la economía global

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El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski. / EUROPA PRESS

Las presiones sobre Alemania para que transija en el envío de tanques Leopard a Ucrania no han dejado de crecer desde la apertura el martes de la semana pasada del Foro Económico Mundial de Davos, y alcanzaron el viernes su máxima expresión en la reunión en la base estadounidense de Ramstein de 50 países que apoyan a Ucrania. La coincidencia en pocos días del avance ruso camino de Bajmut, de la intervención de Volodímir Zelenski, de la táctica de tierra quemada de los mercenarios de Wagner y del amago de Polonia de enviar tanques de este tipo a Ucrania sin autorización de Alemania han avivado el debate en Occidente. Entre tanto, el canciller Olaf Scholz se ha resistido a dar el paso tenido por más crucial en el compromiso de la OTAN y de la Unión Europea de ayudar a Ucrania a defenderse y a repeler al invasor. Ni siquiera la cumbre bilateral de ayer con el presidente francés, Emmanuel Macron, sirvió para vencer esa resistencia, pese a la declaración pública de su disposición a socorrer a Ucrania mientras «sea preciso» y «con los medios que sean necesarios».

El temor de Alemania, manifestado en diversos foros, es que Vladímir Putin interprete que la entrega de los Leopard a Ucrania cambia la naturaleza de la ayuda militar procedente de los socios de la OTAN al entender que son un arma ofensiva y no defensiva. Al mismo tiempo, varias encuestas reflejan una división tajante de la opinión pública alemana: el 43% de la población es contraria a incrementar el tipo de ayuda a Ucrania y el 48% está a favor.

La decisión de nueve países, entre ellos el Reino Unido, de suministrar carros de combate al Ejército ucraniano no cierra la discusión porque los alemanes y estadounidenses Leopard y Abrams son los que disponen de una tecnología superior y parecen capaces de romper el equilibrio en una guerra de desgaste. Las previsiones de estancamiento de los combates y de una reactivación al llegar la primavera explica por qué Kiev urge ahora al envío de tales vehículos para disponer dentro de unos meses de una mayor capacidad de respuesta sobre el terreno.

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Cuando los partidarios de suministrar los Leopard a Ucrania lo presentan como un medio destinado a obligar a Putin a negociar el final de la guerra soslayan el hecho de que es igualmente posible que le lleve a subir un peldaño más en su guerra de conquista. La OTAN se ha cuidado hasta hoy de evitar que tal cosa suceda, lo que hace aún más comprensibles las reservas alemanas y de algunos aliados que creen que medidas destinadas a forzar un alto el fuego pueden, por el contrario, desbocar todavía más el conflicto. En este sentido, resultan tan significativos los requerimientos a Alemania para que ceda como las manifestaciones en Davos relativas a un 2023 económicamente mejor de lo esperado si se mantienen bajo control los riesgos de escalada. Algo que los gobernantes europeos deben tener en cuenta para dar el paso siguiente: descartar por poco realista una posible victoria por las armas de Ucrania y limitarse a aspirar a que Rusia pueda aceptar una paz con concesiones. La tentación de ver a Moscú enfangado en un conflicto indefinido puede ser tentadora para los intereses estratégicos de más de un país, pero no para los de la economía mundial, y mucho menos para las víctimas civiles del conflicto.

El ahondamiento del conflicto y la posibilidad de que a partir de él se consoliden todavía más dos bloques en los que una Rusia debilitada acabe en la órbita de Pekín acercarían aún más otro de los peligros de los que se ha alertado en Davos: el incremento y polarización a partir de la brecha EEUU-China y la ampliación de la actual guerra energética a nuevos pulsos en el terreno de las energías verdes y las materias primas.