A VUELAPLUMA

Las dietas de Oltra

¿Puede hablarse de una sociedad libre si alguien está facultado desde el poder político para decir qué noticias han de llegar a los ciudadanos?

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Las dietas de Oltra

Reapareció Mónica Oltra y sintonizó la misma frecuencia de onda que el actual Pablo Iglesias, el hombre que pontifica desde los púlpitos que le permiten e intenta influir en un partido cuyo liderazgo formalmente abandonó. Como él, puede dejar reflexiones sugerentes cuando se eleva y observa con prisma crítico la sociedad. Diagnósticos certeros y punzantes. "El colapso ecológico no se puede separar del aumento de las desigualdades y la deriva autoritaria de las democracias", dice. "Existe un proceso continuado de desposesión de la gente corriente". Como él, no puede evitar el populismo. "Los que hablan de cultura del esfuerzo no han doblado el espinazo en su vida". La frase, efectiva ante un auditorio de izquierdas, es tan frecuente oírla referida a los políticos en cualquier barra de bar. ¿La asumiría ella?

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Como aquel, exhibe también un empeño en situar al periodismo en el centro de los problemas de este mundo (y, sobre todo, de sus propios problemas), una lluvia que parece que cala a la vista de algunos de los últimos mensajes también de Pedro Sánchez. Quizá diga algo ese hilo de nombres cuando se escriba la historia. "Poder económico y mediático han de estar separados. No vale la separación clásica de poderes", dice. Y llega a decir Oltra: "Llevo cinco meses a dieta de Levante y de Twitter". Creo que la referencia al diario, perteneciente al mismo grupo editorial que este medio, era realmente a la prensa convencional en general, solo que respondía a una pregunta de una asistente sobre una información de este periódico acerca de la última comisión entre la Iglesia y la Generalitat. Ella sabrá. Y como él, también se lamenta de que algunas informaciones (que ella considera buenas para la sociedad, y para ella, aunque esa coletilla final no la dijo) no llegan. Que las "venden", pero los medios de comunicación no las "compran". Ese camino, se ha visto tantas veces, acaba siempre en el control de la prensa, en ministerios de la verdad y en que alguien marca lo que se debe decir. ¿Puede hablarse de una sociedad libre si alguien está facultado desde el poder político para decir qué noticias han de llegar a los ciudadanos? ¿No es más justa una sociedad donde los ciudadanos eligen las informaciones que quieren entre una oferta plural siempre a partir del compromiso periodístico —sí, no siempre se da— con el rigor?

Lo que expone Oltra es una pulsión muy de estos días de agotamiento, para algunos, de la democracia liberal. La ministra portavoz lo dijo también hace unos días: había que hacer algo para que se informara de los acuerdos de gobierno porque no llegan. Pero el fenómeno no es tan nuevo. Lo puede parecer en una sociedad tan presentista, pero en la hemeroteca y en los libros de cuentas de la Generalitat están aquellas operaciones del PP para crear medios de comunicación supuestamente afines porque no les gustaba la visión de esta sociedad y de su gestión política que ofrecía esa misma prensa de la que hoy está a dieta la exvicepresidenta. En la hemeroteca y en los presupuestos están los intentos de control de radios y televisiones públicas por aquellos gobiernos no tan lejanos. No olvidamos (algunos) algún telediario de Alfredo Urdaci y el tratamiento de Canal 9 a algunos hechos históricos (el accidente del metro de València, por ejemplo). Contra todo aquello combatió la misma Oltra y algunos lo contaron (contamos) sin ser sospechosos entonces de estar bajo el manto de poderes ocultos. No desde su visión, sí desde la de los que ostentaban en ese momento el poder político. Nada es tan nuevo.