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Palestina, sentenciada a un duelo permanente

Al menos 50 palestinos han sido asesinados desde finales de marzo en acciones del Ejército israelí, entre los cuales se cuentan varios menores y dos periodistas

Funeral por la muerte de la reportera de Al Jazeera Shireen Abu Akleh en Jerusalén, el pasado 13 de mayo.

Funeral por la muerte de la reportera de Al Jazeera Shireen Abu Akleh en Jerusalén, el pasado 13 de mayo. / Reuters

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La sociedad palestina está harta de llorar. Mientras la presencia del Ejército israelí en los territorios ocupados se enquista, los palestinos se deshacen en sollozos en los funerales de las víctimas de su violencia. Pero el agua de sus lágrimas trata de limpiar la sangre derramada en hogares, 'checkpoints' y calles. A este pueblo bajo agresión continua lo une el dolor. "La gente está agotada y, por eso, la represión masiva del movimiento tiene un impacto y los obstáculos se mantienen para evitar un movimiento colectivo", explica Inès Abdel Razek, directora del Instituto Palestino para la Diplomacia Pública (PIPD, por sus siglas en inglés). 

Durante las últimas semanas, las tropas israelís han reforzado su campaña de asfixia sobre la población ocupada, iniciada en mayo del 2021 tras la guerra sobre Gaza. En este año, al proceso de criminalización de la sociedad civil palestina se le ha sumado el aumento de las incursiones militares, los ataques de colonos sobre la tierra, las demoliciones de viviendas, las noches de arrestos masivos y la expansión de la cibervigilancia. Además, la creciente violencia de la Autoridad Palestina la ha convertido, a los ojos de su ciudadanía, en un engranaje más de la ocupación. 

En un contador que no se detiene, al menos 50 palestinos han sido asesinados desde el mes de marzo en acciones del Ejército israelí. Ya hay unos 80 palestinos muertos por acciones del Ejército israelí desde principios de año. Una serie de ataques en ciudades israelís que acabaron con la vida de 19 personas ha motivado enfrentamientos y un clima de alarma en los territorios ocupados. Pero esta violencia en tierra palestina no es una novedad. "Israel mantiene un sistema donde los palestinos se sienten vigilados y perseguidos constantemente, sobre todo en Cisjordania y en Jerusalén Este", analiza Abdel Razek. 

"Cuanto más siente resistencia o cualquier fallo en su creciente sistema de control y ocupación, más aumenta la violencia", cuenta a este diario. Desde la Franja de Gaza, donde aún persisten las heridas físicas y psicológicas, conocen bien esta estrategia de ahogo para evitar cualquier posibilidad de levantamiento. "Los palestinos de Gaza entendemos que durante la guerra, Israel nos mata rápido; durante el alto el fuego, Israel aún nos mata pero lentamente", reconoce el autor gazatí Refaat Alareer

Asfixia en Gaza

La última guerra sobre la Franja de Gaza apenas duró 11 días, del 10 al 21 de mayo del 2021, pero la batalla para seguir con vida se repite día a día. En Gaza, la muerte llegó desde los cielos hace un año llevándose consigo al menos a 260 personas, entre ellas, 66 niños. Sumado a tres lustros de bloqueo, los edificios residenciales destrozados, las carreteras, las redacciones siguen reducidos a escombros. Al callar las bombas, los gazatís se quedaron solos con un nuevo trauma. "El asedio está siempre presente y la mayoría de las personas luchan por subsistir en el día a día", apunta David Harrold del Centro de Trauma de Palestina.

Precisamente la guerra del pasado mayo propició un nuevo "despertar" para el pueblo palestino. Miles de personas se movilizaron tanto en Cisjordania como en las ciudades mixtas de Israel en solidaridad con el sufrimiento de los gazatís. Una solidaridad que durante estos meses no ha parado de crecer. "Recientemente, he sido testigo cada vez más de este tipo de unidad entre las diferentes partes de Palestina", confiesa Alareer. Israel siente terror, considera, "porque ha trabajado duro para romper estos vínculos, pero gracias a la conciencia y las redes sociales, los palestinos de todas partes siempre se unen para luchar contra el apartheid y la ocupación israelís".

"El castigo colectivo forma parte del sistema de control colonial y de apartheid: la estrategia es desmovilizar, reprimir, controlar para que la sociedad palestina se quede quieta y no quiera movilizarse y rebelarse"

Inès Abdel Razek

Castigo colectivo

"El castigo colectivo forma parte del sistema de control colonial y de apartheid", explica la directora del PIPD. "La estrategia es desmovilizar, reprimir, controlar para que la sociedad palestina se quede quieta y no quiera movilizarse y rebelarse", señala. Por ello, los ataques de Israel de las últimas semanas no han sido solo sobre los vivos, sino que los funerales también se han convertido en escenario de violencia. El asesinato de la icónica periodista de Al Jazeera, Shirin Abu Aqleh, el pasado 11 de mayo asestó un duro golpe a la población pero el dolor aumentó cuando los asistentes a su masivo entierro en Jerusalén fueron atacados. 

La pérdida de la corresponsal ha actuado como otro cruel catalizador de la unión palestina más allá de las fronteras. Miles de personas alrededor del globo han señalado las acciones, hasta ahora, impunes del Ejército israelí sobre la ciudadanía palestina. Cada día los palestinos amanecen con nuevas noticias de vidas sesgadas que lamentar, mientras las tropas israelís emprenden en el sur de Cisjordania una de las mayores expulsiones de población palestina desde el inicio de la ocupación hace 55 años. Más de 1.200 palestinos serán desplazados forzosamente de sus hogares en Masafer Yata.

Un pueblo palestino

En la ciudad de Gaza, en Jerusalén o en Hebrón, gimen de dolor por el sufrimiento de sus compatriotas en Masafer Yata. Miran a las fronteras que les separan como límites artificiales, líneas inventadas. Se dan cuenta de que los problemas de los habitantes de Gaza, de Jerusalén, de Hebrón y de Masafer Yata vienen de un mismo lugar: nacer palestino. "Las fuerzas israelís ven a cada palestino que nace como una amenaza demográfica y de seguridad para su proyecto etnonacional y supremacista", explica Abdel Razek.

 

Por ello, más allá de las fronteras que les separan, de los kilómetros entre sus penas, el agotamiento es compartido. Y así el hartazgo se multiplica. Las herramientas digitales empiezan a vencer a la fragmentación geográfica afianzada durante décadas, gracias a una mayor concienciación. "No vamos a renunciar a la unidad a la que hemos llegado hoy en nuestra lucha; esta Línea Verde, esta separación impuesta sobre el pueblo palestino, es artificial", denuncia la directora del PDID. "El pueblo palestino es uno", clama desde Jerusalén.

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