ENTREVISTA

Yassin Smail: "Los kurdos nunca hemos sido queridos por nadie"

Este refugiado kurdo iraquí ha logrado instalarse en un pequeño pueblo aragonés después de pasar por un campo de refugiados en Grecia

Yassin Smail.

Yassin Smail. / J. A.

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Alberto Arilla

En 2017, este refugiado kurdo iraquí consiguió asilo político en España. Poco después, gracias a Samuel y Berta, una pareja española a la que había conocido en el campo de refugiados de Cherso, al norte de Grecia, encontró trabajo en el recién reformado Centro Social de Layana, un pequeño pueblo de las Cinco Villas.

¿Cómo acaba un refugiado kurdo en un pequeño pueblo aragonés?

En 2017, conseguí viajar a España con asilo político. Antes, cuando estaba en un campo de refugiados griego, busqué ayuda y conocí a Samuel y Berta, una pareja española que vive en Sádaba (a tan solo 3 kilómetros de Layana). Matuvimos el contacto, y me encontraron trabajo en 2019 aquí, en el Centro Social, donde me encuentro muy bien. Me gusta mucho mi trabajo y la gente.

¿Qué suponía vivir en un campo de refugiados?

En Grecia la vida era muy complicada. En todo momento busqué ayuda para salir de ahí, y tuve la suerte de conocer a Samuel y Berta, quienes además de buscarme trabajo, me regalaron una vivienda para que pudiera quedarme. Me han ayudado mucho.

Si no hubiese petróleo en Irak, estoy seguro de que no habría tantos conflictos

¿Cómo logró huir de Irak?

Primero fui a Turquía, todo en negro, sin papeles. Desde Turquía, después, pude pasar a Grecia.

¿Todavía mantiene familia ahí?

No, no tengo hermanos ni hermanas, y mi padre murió en la guerra hace más de cuarenta años. En la historia de Irak, siempre ha habido guerras. En los 80, con Irán; más tarde, con el pueblo kurdo; luego llegaron los norteamericanos, los ingleses... Hasta hoy. Es una guerra política, por el petróleo. Si no hubiese petróleo, estoy seguro de que no habría tantos conflictos.

Menciona a su pueblo, los kurdos, una etnia que históricamente ha estado perseguida en varias zonas.

Tenemos problemas con cuatro países, ya que Kurdistán fue repartido entre Irak, Siria, Turquía e Irán. Cada uno cogió un poco, y nunca les han gustado los kurdos. No sé la razón, imagino que ellos la sabrán. Nunca hemos sido queridos por nadie.

La aspiración de su pueblo es lograr la independencia del Kurdistán. ¿Lo ve factible?

Es muy difícil. En 2017, hubo un referéndum de independencia en la zona kurda del norte de Irak, y fue duramente reprimido por el país. Cerraron los aeropuertos, las fronteras, cancelaron muchos viajes... La gente no tenía ni para comer.

En Layana la gente no me ve como un extranjero ni como un refugiado

¿Le gustaría poder volver algún día?

No, la verdad. Estoy muy contento aquí, no tengo ningún problema. Ahí no tengo nada, no quiero volver. España es un país pacífico para mí. Duermo tranquilo, puedo ir a andar... Además, aquí todo el mundo es como mi familia. Es un pueblo de gente mayor, que me cuida como si fuese su hijo. Estoy en el Centro Social (hace las veces de bar y tienda) todos los días, excepto los martes, que tengo fiesta. Muchas veces me llaman para que les lleve un cartón de leche, por ejemplo, porque no pueden salir a buscarlo, y se lo llevo a casa encantado.

En Layana, por tanto, se ha sentido uno más desde el primer día.

Eso es. Aquí la gente no me ve como un extranjero ni como un refugiado. Como te he dicho, me ven como parte de su familia. Para mí, Layana es el pueblo perfecto. Es muy pequeño, pero lo prefiero a sitios más grandes como Ejea o Zaragoza. Me gusta más la tranquilidad. Quiero a la gente, y la gente me quiere a mí. No necesito más.

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