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MÚSICA

Metallica: 40 años de éxito después de un primer concierto que fue un fracaso

Cerca de Los Ángeles, la banda estadounidense se subió por primera vez a un escenario el 14 de marzo de 1982 en una actuación en vivo que resultó decepcionante. Pero eso fue solo el principio

Se cumplen 40 años del primer concierto de Metallica.

Se cumplen 40 años del primer concierto de Metallica. / ARCHIVO

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Juanjo Talavante

Querían tocar más fuerte y más rápido que nadie, huían del sonido más melódico y blando del glam rock, y acabaron sentando las base del thrash metal y convertidos en uno de los grupos más influyentes y exitosos del rock duro, con 10 álbumes de estudio de los que han vendido más de 120 millones de copias y con más de 2.000 conciertos a sus espaldas, incluyendo uno en la Antártida. El camino empezó con un concierto ante cuatro gatos, en una localidad a 30 kilómetros de Los Ángeles, del que salieron escaldados porque casi nada sucedió como ellos querían. Hoy son considerados una auténtica leyenda de un género musical con tantas etiquetas y apellidos que resulta casi inasumible catalogarlos sin escribir una tesis doctoral sobre el asunto.

No hay fotos de aquella actuación. O si las hay, permanecen escondidas u olvidadas en algún baúl, en alguna caja, o como improvisado marcapáginas de un libro que hace la tira de años que no se abre. Y ya han pasado. Mientras aquí Naranjito, hoy rejuvenecido reclamo estilístico, deambulaba en una serie de TVE, llaveros y camisetas pregonando la organización española del Mundial de fútbol en 1982, en California un grupo de jóvenes melenudos y con camisetas negras estaba a punto de iniciar un camino legendario en la historia del metal.

Metallica se subió por primera vez a un escenario en el club Radio City de Anaheim.

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Por aquellas fechas, Metallica se subió por primera vez a un escenario en el club Radio City de Anaheim. La experiencia acabó en un fiasco descorazonador. O quizá habría que decir que empezó como un fracaso necesario para emprender inmediatamente después un recorrido de cuatro décadas en las que esos chicos han acabado vendiendo millones de copias, actuado en todos los continentes y protagonizado todo tipo de desmanes, éxitos, destrozos, hitos y traumas. Todo ello a lomos de un estilo musical que ha ido cambiando de piel, transitando por el oscurantismo, el pesimismo, la lucidez, la aspereza y la rebeldía.

Los miembros de Metallica ya no son los mismos que aquel 14 de marzo de 1982, solo permanecen en la formación sus líderes, Lars Ulrich y James Hetfield. Ya no lucen densas y prolongadas cabelleras, ni llevan pantalones ajustados y camisetas con mil batallas, pero el éxito multimillonario en ventas y en premios nació de aquellas intenciones, decisiones y propósitos, y ha incluido, eso sí, multitud de zarandeos y alguna que otra tragedia.

DOLOR Y GLORIA

Su evolución musical, más allá de las etiquetas que han ido cayendo para regocijo de unos y desesperación de otros, es tanto una obligación temporal como un ejercicio de supervivencia, y aquel desconcierto y frustración resultantes de su primera actuación en vivo ante un puñado de amigos fue el punto de partida para alcanzar con el paso de los años el dolor y la gloria.

La historia de Metallica es una sucesión de acontecimientos imprevisibles, de riffs frenéticos, baqueteos compulsivos y letras dolientes. Hace tiempo que dejaron su huella en el paseo de la fama, pero para ello han tenido que pagar un alto precio.

Pero volvamos a los 80, que parece que Metallica es cosa más reciente, pero no, ahí estaban, en Los Ángeles, con ciertos aires de Hamlet, porque, no en vano, la banda nació por la decisión de un joven que llegó a EEUU desde Dinamarca y que podría haber sido, de seguir los pasos de su padre, un tenista de esos de renombre si no se hubiese obsesionado por el sonido de la bandas británicas que comenzaban a alistar en el sonido heavy a cientos de miles de jóvenes. El danés Lars Ulrich quería formar un grupo de música, y vaya si lo hizo. Tiene su gracia que, en parte, fue la abuela de este la que colocó los cimientos de Metallica al regalarle al pequeño Lars su primera batería.

La actuación de Metallica comenzó con su tema 'Hit The Lights'.

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Ya afincado en Los Ángeles, Ulrich publicó en 1981 un anuncio en una revista buscando un guitarrista con influencias de Iron Maiden, Def Leppard y Diamond Head. Entró al envite un joven llamado James Hetfield, hijo de un empresario con una flota de camiones y de una cantante de ópera, devotos de la Ciencia Cristiana. Después, se unieron Ron McGoveney, al que Hetfield enseñaría a tocar el bajo, y Lloyd Grant, un guitarrista que no duraría demasiado tiempo en la banda. El nombre de Metallica fue cosa de un amigo de Ulrich llamado Ron Quintana, que lo tenía pensado originalmente para un fanzine musical.

Esa formación grabó la primera maqueta para incluirla en un recopilatorio del sello Metal Blade Record llamado Metal Massacre, propiedad de Brian Slagel. Con el título de Hit The Lights, y aunque luego acabaron renegando de ella, la canción se convirtió en una especie de semilla del thrash metal, una suerte de subgénero del heavy -otro más: hay para dar y tomar-, caracterizado por un sonido (aún) más agresivo, con una percusión más acelerada y riffs de guitarra cortantes y tirando a frenéticos.

Como a Lloyd Grant el rollo de Metallica no le iba mucho, decidió irse poco antes de que le invitaran a marcharse, y eso supuso la llegada de Dave Mustaine, un prodigioso guitarrista, hábil compositor y mejor bebedor, aunque esto es un decir, porque su afición a vaciar botellas de alcohol y los subsiguientes desmanes que cometía en estado de embriaguez solían acarrear serios problemas a la banda y acabaron por provocar su traumática expulsión de la misma.

14 DE MARZO DE 1982: PRIMER CONCIERTO

Así que Ulrich a la batería, McGoveney al bajo, Hetfield como vocalista y Mustaine con las seis cuerdas se estrenaron en directo hace ahora 40 años, un 14 de marzo de 1982, en un pequeño club de Anaheim. La entrada costó 15 dólares. Y, aunque resulte todo un anacronismo considerar que el precio estaba tirado, cuesta imaginar lo que algunos fanáticos de Metallica habrían pagado por decir hoy que ellos estuvieron allí aquel domingo.

La actuación de Metallica comenzó precisamente con su tema Hit The Lights, pero el resto fueron versiones, principalmente de Diamond Head, uno de los grupos que más les influyó en su arranque. El concierto estuvo repleto de problemas y deparó al cuarteto unos cuantos sinsabores. Lars Ulrich lo recordaba así en las páginas de la revista Rolling Stone: “Aproximadamente dos minutos después de la canción de apertura, Mustaine rompió una cuerda, así que después de la primera canción tuvo que cambiar su cuerda porque no había roadies. Y entonces me senté allí, en la parte de atrás, detrás de la batería, y traté de esconderme debajo de la batería básicamente. Parecía la espera más larga de mi vida. Fue como una eternidad”.

Por su parte, Hetfield recordaba en una entrevista concedida a la revista Kerrang que estaba “muy nervioso y un poco incómodo sin la guitarra (él ejerció de cantante) y, luego, cuando Dave rompió la cuerda yo estaba allí parado, realmente avergonzado”.

Ese día de marzo del 82 no era más que una casilla de salida en un tablero con multitud de casillas por las que la banda iba a ir transitando haciendo evolucionar su potente estilo oscuro, espasmódico y vertiginoso hacia terrenos más melódicos y comerciales que desencantaron a sus fanáticos de los primeros días e imantaron a millones de jóvenes y no tan jóvenes. Por el camino, la llegada del guitarrista Kirk Hammet tras la salida de Mustaine, al que un buen día, hartos de sus borracheras y de los follones que organizaba, Hetfield y Ulrich despertaron para decirle que estaba fuera de la banda. Lo montaron en un autobús de vuelta a casa y allí mismo, desolado y aún con resaca, Mustaine ya se propuso formar su propia banda, a la que llamaría Megadeth, y que acabaría siendo con los años una de las grandes formaciones del thrash metal junto a los propios Metallica, aunque a años luz de estos en ventas y repercusión, para disgusto de su fundador. El recién llegado, Hammet, era un guitarrista más melódico y técnico (había sido alumno de Joe Satriani), que se sumaba a la guitarra rítmica de Hetfield, que también ejercía de vocalista.

LA TRAGEDIA DE BURTON

Ulrich y Hetfiled buscaban un bajista. Le habían echado el ojo a un tal Cliff Burton impresionados por su destreza con el instrumento, pero este rechazó su ofrecimiento para unirse al grupo. Sin embargo, un tiempo después Burton acabaría cediendo y, tras poner como condición que la banda se trasladase a San Francisco, se unió al proyecto. San Francisco encajaba mejor que L.A. en el estilo de Ulrich y Hetfield. Este cambio de residencia y la llegada e influencia de Burton resultaron fundamentales en la obtención del sonido de los tres primeros trabajos discográficos de Metallica: Kill ‘Em All (1983), Ride The Lightning (1984) y Master Of Puppets (1986).

Pero Burton falleció el 27 de septiembre de 1986, en un accidente sufrido por el autobús del grupo cuando se encontraba de gira en Suecia. Se cuenta que el bajista le ganó una apuesta a Hammet que le permitía disfrutar de una litera en el interior de aquel autobús que volcó cerca de la localidad de Ljungby, precisamente del lado donde se hallaba Burton durmiendo. Este salió despedido y falleció en el acto.

Aquello supuso no solo la suspensión de la gira, sino que los miembros del grupo pensaran muy seriamente abandonar. Finalmente, decidieron seguir adelante, aunque ni Ulrich ni Hetfield han olvidado jamás al malogrado Burton. Jason Newsted se convirtió en el nuevo bajista, hasta que en 2001 decidió abandonar y abrió las puertas a Robert Trujillo, de ascendencia mexicana, que sigue responsabilizándose del bajo en el grupo en la actualidad.

En 1988 Metallica lanzó …And Justice For All, un trabajo sombrío, de letras críticas y con una ejecución de percusión mucho más rauda y compleja por parte de Ulrich. Los sucesivos discos fueron reflejando la evolución musical de la banda y una pretendida madurez que se veía agrietada por los excesos etílicos y los destrozos que sus miembros provocaban a su paso. No resultaba extraño que al acabar las giras buena parte del dinero obtenido tuviera que ir destinado a reparar los daños causados en los hoteles donde los integrantes de Metallica vaciaban los muebles bar.

El cambio de sonido del grupo fue recibido por los más fieles seguidores del thrash metal como una traición. Ese descontento de los más ortodoxos se agudizó en 1991 cuando vio la luz el álbum Metallica (conocido también como Black Album, por su portada). Ese trabajo significó un cambio conceptual importante y un éxito comercial rotundo. Sus temas más melódicos y más orientados al hard rock les procuraron nuevos seguidores en medio planeta. Solo en EEUU se vendieron 500.000 copias en la primera semana. Después llegarían Load (1996), Reload (1997), Garage Inc. (1998), St. Anger (2003), Death Magnetic (2008) y Hardwired…To Self-Destruct (2016).

'ALCOHOLLICA'

Y, entremedias, más de un escándalo, muchas botellas de alcohol (llegaron a ser conocidos como Alcohollica) , varios camerinos destrozados y un buen número de altercados que se tapaban como podían y con el dinero que fuera necesario. También caídas y recaídas de Hetfield en el alcohol. “No os caería bien si supieseis de verdad mi historia, las cosas tan horribles que he hecho. Cosas vergonzosas y oscuras, algunas las he sacado de mis padres llevándolas un poco más lejos. Algunas las creé yo solo y me siguen avergonzando”, llegó a decir. El alcohol enmascaraba sus demonios interiores, sus fobias, complejos y frustraciones unas veces, y otras los sacaba a pasear.

Metallica ofrecerá dos conciertos en España: el 3 (Madrid) y el 6 de julio (Bilbao).

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Muchos de esos demonios tenían como origen su infancia, y la creencia religiosa en la que sus padres lo habían introducido. Una religión que rechazaba la medicina. Los dolores de cabeza del pequeño James no podían rebajarse con una simple aspirina. No estaba permitido. En el colegio, llegaron a impedirle practicar deporte, porque el centro educativo no se responsabilizaría si sufría alguna lesión ante la negativa de los padres a ser tratado por un médico. Eso convirtió a Hetfield en una especie de bicho raro sin apenas amigos.

En 2001 sus problemas con el alcohol lo llevaron a tocar fondo y entró en un programa de rehabilitación. En septiembre de 2019, Metallica tuvo que suspender su gira y Hetfield volvió a entrar en un programa de tratamiento de su adición. Al año siguiente, ya desintoxicado, recuperó su guitarra y volvió a situarse tras un micrófono. Regresó a la otra cara del rock, a la buena. “La música me ha salvado. Me salva cada día”, ha reconocido. Habrá ocasión de comprobarlo en Madrid y Bilbao este año, donde Metallica ofrecerá sendos conciertos el 3 y el 6 de julio.

Serán los Metallica de siempre, con sus múltiples etiquetas, con cuarenta años más en sus rostros y una biografía que habrá que seguir actualizando y ampliando hasta que se cansen. La vida y, sobre todo el rock, les han enseñado a digerir aquella nefasta experiencia del primer concierto. Porque, después de cambiar de ciudad, de formación, de estilo, de sonido, de imagen y de compañía discográfica, ¿qué importancia tenía, a fin de cuentas, tener que cambiar una simple cuerda en medio de un concierto?

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