ASTURIAS

En los hospitales de Avilés se come de premio

Los servicios de cocina del Hospital San Agustín y el Hospital Fundación Avilés suman reconocidos galardones gastronómicos que agradecen sus pacientes y visitantes: "Es poner cariño e ilusión y cuidar la comida, que también forma parte de la terapia"

Javier Prieto, Nacho Cuervo Arango y Diego Mejías, en las cocinas del Hospital de Avilés. 

Javier Prieto, Nacho Cuervo Arango y Diego Mejías, en las cocinas del Hospital de Avilés.  / María Fuentes

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M. R. S.

En Avilés demuestran que en los hospitales se puede comer bien, más que bien; incluso con galardones nacionales y autonómicos. Los pacientes del Hospital San Agustin o del Hospital de Avilés –antiguo de Caridad– pueden atestiguar el buen hacer de sus fogones. El primero de los centros sanitarios acumula diversas distinciones, la última que atesora un segundo puesto en el Concurso de pinchos de Asturias con su "Husa rib", que fusiona plátano y carne. El segundo recogió días atrás el "Plato de Oro", un premio nacional de gastronomía que concede Radio Turismo y con el que se quiso destacar el trabajo de su equipo de cocina.

"A los hospitales no se acude habitualmente por cuestiones alegres, así que al menos hay que tratar de que la gente esté a gusto, coma bien y disfrute de un buen bocado", reflexiona Carolina Fanjul, responsable de la cafetería y la cocina del Hospital San Agustín. 

El Hospital de Avilés, antiguo de Caridad, recogió días atrás el "Plato de Oro", un premio nacional de gastronomía que concede Radio Turismo y con el que se quiso destacar el trabajo de su equipo de cocina. El gerente de la Fundación del Hospital de Avilés, Antonio Molejón, no puede estar más orgulloso "de un reconocimiento merecido y que es un honor recibir por primera vez en la larga trayectoria de este lugar".

Unos y otros, en el San Agustín y en el de Avilés, demuestran que eso tan extendido de que la comida de los hospitales es más bien mala no es verdad, sino todo lo contrario. Tanto usuarios, pacientes como el personal que trabaja en los mismos pueden disfrutar de ricos y sabrosos bocados. Ambos son hospitales con mucho gusto.

Carolina Fanjul, que trabaja con la empresa Mediterránea Catering, que tiene la concesión de la cafetería, la cocina y las máquinas expendedoras del Hospital San Agustín señala que, "en nuestro caso, miramos al futuro intentando quitar ese hándicap de que en un hospital se come mal o que no se cuidan los detalles. Para nosotros es muy importante dar un buen servicio con producto de calidad y variedad, tanto en la cafetería como en la cocina central".

No fue la primera vez que participaron en el concurso de pinchos, pues ya lo hicieron en 2018 y 2019 y también con premios y siendo finalistas. Aparte de cuidar los menús y servicios diarios, en la cafetería del San Agustín suelen hacer jornadas gastronómicas especiales, por ejemplo, dedicadas a la cocina japonesa, a la mexicana... Y tienen su público de afuera, no solo los trabajadores y el ocasional que ese día tiene consulta o va de visita al hospital. "Lo raro es que sí, viene gente expresamente a comer si hay algo especial. Con el pincho ha sucedido, personas que se escapaban aquí a probarlo y todavía nos preguntan", señala Fanjul. 

Con el premiado "Husa rib" quiso homenajear a los damnificados por el volcán de La Palma, para lo que incluyó el plátano de Canarias, que mezcló con carne asturiana. Todo presentado en una miniparrilla que le ayudó a elaborar su padre, Javier, con restos de latas de Coca-Cola. "El reciclaje y el cuidado al medio ambiente es algo importante que queríamos también destacar", dice. 

El uso de productos locales, de la zona, es una máxima que cumplen en la cafetería del San Agustín, al igual que en las cocinas que preparan la comida para los pacientes internos (puede haber unos 320 al día), estas últimas en manos de José Manuel Valledor, también con Mediterránea Catering. "Los menús para los ingresados pueden tener más limitaciones por cuestiones de salud, pero también tratamos de cuidar al máximo el producto, que sea de temporada, de cercanía y procurar que haya variedad", explica Valledor. 

Ambos cocineros destacan el apoyo de la empresa a sus iniciativas. Y también del personal y de la gerencia del San Agustín. "Sin ellos esto no hubiese sido igual", destaca Fanjul, quien dudó en presentarse este año debido a todas las restricciones del covid, que en un hospital son mayores. "Pero la gente nos animó y con toda la ilusión lo hicimos".

Ilusión es la que ponen también Javier Prieto y Diego Mejías en su labor diaria en las cocinas del Hospital de Avilés. De ella está muy orgulloso Antonio Molejón. A principios de junio recogieron el premio de Radio Turismo. "Tratamos de ofrecer una comida ‘casera’, con producto fresco, de por aquí, frutas, verduras, pescado de la rula local", explica el gerente. Hasta 2016 se ocupaban de la cocina las monjas que vivían en el hospital. Tras dejarlo la orden religiosa, se dudó en mantener el servicio propio o contratar catering externo. "Se apostó por lo primero y el tiempo ha dado la razón a los que defendieron entonces continuar con las cocinas internas. Fue una buena decisión".

Opina Molejón que, aunque haya muchos condicionantes en la dieta que deben seguir los pacientes ingresados, eso no implica "que no se puedan elaborar platos con cariño y con las técnicas necesarias para que sean apetecibles y la gente los disfrute". Además, advierte de que una comida sana y sabrosa "forma parte del proceso terapéutico". Los dos cocineros del equipo del hospital, que se completa con tres ayudantes, elaboran al día menús para unas 50 o 60 personas. "Tenemos capacidad para 90 plazas, pero nunca estamos al cien por cien".

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