PERFIL

Cristina García Morales, de merienda en las barricadas

La escritora Cristina García Morales.

La escritora Cristina García Morales. / EFE

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Se han empleado adjetivos, ripios, conceptos a cada cual más complejo para definir la escritura de esta dama de las letras, cuando lo que Cristina García Morales escribe es simple y brillantemente real y bestia, como dictado por ángeles temibles. Ella (Granada, 1985; Premio Herralde de Novela en 2018 y Nacional de Narrativa en 2019 por Lectura fácil, su cuarta novela) sí lo es, indefinible y, mayormente, intratable; aunque su mala leche no consiga arrancar más que risa y simpatía, y sus historias, asombro y fascinación.

Fue una niña empollona suma, que imaginas con bolsita de tela a la hora de la merienda; livianas gafas y melenita francesa, escritora de cuento y relatos breves que publica en un primer libro a los 23 años. Pero llega a una Barcelona de okupas, extremos identitarios y PAHs, antecesora inmediata del virreinato Colau, y se lanza a la novela; se rapa el pelo y vive okupando (claro) en Sants.

Engañó hábil en su primera novela, Los combatientes, que se dijo era fruto de las protestas del 15-M, intercalando en el ideario “indignado” fragmentos de discursos de Ramiro Ledesma fundador de las JONS. Desvelada (por ella misma) la intertextualidad, llamó a podemitas y cuperos “aspirantes a burgueses”, legitimando su aspiración a un techo y un salario dignos. Y añadió: “Tenemos tan interiorizado el discurso fascistas que no olemos ni a chamusquina”.

A ver si vuelve Morales, porque han quedado severas secuelas por aquí

Publica su segunda novela, desmontando a Santa Teresa de Jesús en la hornacina, reivindicándola como feminista y poeta muy pre punk, por encargo de una conocida editora. La tercera, la escribe con beca, algo que se le da de fábula, esto de las becas, premios, subvenciones, estipendios: de qué si no iba a vivir en un país donde la hora de kelly o paleta se cotiza tres veces más que la de escritor porque ¿de qué sirve la escritura?, ¿alimenta? No. Pues ¿entonces?

Realidad

Y a la cuarta, la peta. Lectura fácil es la realidad tal y como la contarían sus cuatro protagonistas, discapacitadas sociales compartiendo un piso tutelado en la Barceloneta, filtrada por su cuatro tocs: el sexo, la danza, la escritura (fácil) y la normalidad. Y en este momento sucede lo más sorprendente. A Morales, licenciada en Derecho y Ciencias Políticas y especialista en Relaciones Internacionales, traductora jurada, la noticia del premio le pilla en La Habana vieja, en medio de un periplo docente por diversas capitales de Latinoamérica a cargo del Gobierno de España, a cuyo estipendio suma jugosamente los 20.000 euros del galardón. Ni apocalíptico ni integrado, simplemente Morales, que saluda el Nacional declarando: “Es una alegría que haya fuego (de barricadas) en las calles de Barcelona en vez de tiendas y cafeterías abiertas (de explotación capitalista)”.

Ahora la pregunta es: a) qué diantres espera Movistar para estrenar la serie que Anna R. Costa (guionista de la memorable Arde Madrid) rodó hace más de un año sobre esta última novela, con cuatro actrices que seguro lo han bordado. Y b) qué demonios prepara la autora en calderas, tras el fabuloso adelanto que nos hizo sobre sus quehaceres durante la “juerga autoritaria” que fue la pandemia. “Nos dedicamos a esquivar a la policía y a sus chambelanes, esos chivatos que se cobran en confort moral fascista el denunciar a su vecino por tener menos miedo que ellos".

Un texto publicado por la Universidad Autónoma de México que concluía con un glorioso “Fóllame, tengo corona”, y que le sirvió para cuestionar el sancta sanctorum o la democracia. “Esta situación ha hecho emerger como icebergs los pilares que sostienen la democracia: la arbitrariedad, la desigualdad, el colonialismo, la diferencia entre el que tiene y no tiene”. A ver si vuelve Morales, porque han quedado severas secuelas por aquí.

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