CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

El Gobierno se refugia en su retórica para ganar tiempo, pero termina ganando soledad

  • La sesión de control al Gobierno que se ha vivido en el Congreso ha constatado el aislamiento actual del PSOE

  • Ante la ausencia, por ahora, de medidas, Pedro Sánchez y sus ministros han tirado de argumentario

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. EFE/ Emilio Naranjo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. EFE/ Emilio Naranjo

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Decía este pasado martes Gloria Elizo, vicepresidenta tercera del Congreso y diputada de Unidas Podemos, que su espacio político debería replantearse la política de "gestualización" que lleva aplicando desde hace tiempo. Se refería a una manera de posicionarse ante la gestión del Gobierno, del que forma parte. Sacar banderas del Frente Polisario en el hemiciclo del Congreso (martes) y callar cuando el ministro José Manuel Albares afirma que no ha habido cambio sobre el Sáhara Occidental (miércoles) merma la potencia de influencia del partido, a su entender. "Hay que replantear tanta gestualización vacía si tienes o pretendes tener capacidad ejecutiva", recalca.

Elizo es una de las voces discordantes del grupo confederal de Unidas Podemos, 34 escaños actualmente, en vez de 35, porque no ha cubierto la vacante que ha dejado Alberto Rodríguez. Sus palabras son un comentario crítico sobre cómo su partido está reaccionando al alineamiento del Ejecutivo con el plan autonomista de Marruecos. De paso, hacen un esbozo de la encrucijada política en la que se encuentra ahora mismo Unidas Podemos.

Pero no son las únicas siglas en la encrucijada. También lo están las del PSOE. El líder de Más País, Íñigo Errejón, ha asegurado este miércoles, en la sesión de control del Congreso, que la legislatura atraviesa "un momento de bifurcación". Del camino que elija ahora la coalición, dependerá el futuro de la izquierda en las próximas elecciones. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, más gráfico, ha pedido a las bancadas de este bloque que dejen de hablar (él se ha incluido) de asuntos que "no le interesan a nadie" para afrontar de cara los problemas reales.

Los grupos parlamentarios que facilitaron la investidura de Pedro Sánchez temen que la crisis actual se lleve por delante la mayoría progresista. La oposición de este bloque reclama medidas urgentes que, por el momento, no ven. No las ven porque no las hay. El riesgo de desabastecimiento aumenta, la inflación está en niveles muy elevados... Mucha gente está preocupada. Encima, lo del Sáhara.

Y mientras Unidas Podemos intenta sortear el tsunami con gestualización y declaraciones, el PSOE lo intenta por el momento con una retórica propia, sólo suya. Este miércoles, en el Congreso, la ha desplegado entera. Necesitaba ganar tiempo y puede que lo haya logrado, pero lo que sin duda ha ganado es una más acusada sensación de soledad.

"Estamos trabajando"

A un lado de la actualidad política, la oposición. A otro, el Gobierno. Hasta aquí, lo de siempre, lo lógico. Lo normal.

La oposición entera ha pedido que con urgencia haya medidas que ayuden a los ciudadanos, pues el malestar crece y crece. Es lo que se detecta. El Gobierno no ha concretado ninguna y ha pedido esperar al Consejo Europeo del jueves y el viernes y al Consejo de Ministros del martes próximo.

¿Cómo puede Pedro Sánchez afrontar una sesión de control en la que todos los grupos exigen lo mismo y él no puede dar respuesta? Pues usando un lenguaje muy concreto. Una retórica concreta. "Retórica", según el diccionario de la RAE, significa, en su acepción 4, "arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover". ¿Lo ha logrado?

El presidente, que es el primero del Gobierno en intervenir en la sesión de control, ha desgranado bien la estrategia retórica. Primero, decir que está trabajando. Decirlo así: "El Gobierno lo que está haciendo es trabajar". Segundo, lanzar alguna "puyita" al principal partido de la oposición, defensa-ataque, el ideario de cajón de estas sesiones parlamentarias. "No sé por qué ustedes reprochan eso". ¿El qué? Trabajar. También se ha metido con el futuro nuevo líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo. "Esa nueva gran solución es igual que la anterior", ha espetado. La anterior era Pablo Casado.

"Somos sensibles" y "determinación y firmeza"

Una de las ministras más expuestas al incendio social es la de Transportes, Raquel Sánchez. Ha respondido a una pregunta del diputado del PP Andrés Lorite. Su discurso, en este breve tiempo de la pregunta-respuesta, ha consistido en destacar que su contacto con el Comité Nacional del Transporte por Carretera es permanente, y así seguirá, y en enfatizar: "Somos sensibles". Sensibles a las demandas de los trabajadores que ahora mismo deben hacer frente a unos precios del combustible en índices máximos. A eso se ha referido.

Lorite ha replicado con mayor estridencia: "¡Es urgente!". Tomar medidas es lo urgente. A eso se ha referido él.

Tras ello, la ministra ha pedido a los populares que "arrimen el hombro". Es una expresión asidua en estos casos. Puede que el Gobierno no tenga medidas y puede que el contexto sea una adversidad exacerbada, pero puede, también, que el principal rival electoral esté con los brazos cruzados, dejando que los hechos devoren la gestión.

Además del trabajo constante y de la sensibilidad, la retórica aconseja hablar de "firmeza". El ministro de Agricultura, Luis Planas, se ha encargado de ello. Su Gobierno está tomando todas las medidas "a su alcance con determinación y firmeza", ha dicho. El diputado del PP que le ha interpelado, Joaquín María García, no ha podido evitar el chascarrillo: "Pues menos mal".

El trago de Albares y "dónde están las banderas"

Episodio diferente ha sido el de José Manuel Albares, titular de Exteriores, jefe de la diplomacia española. En la coyuntura actual, el mandatario podría generar un "spin-off" (esas series centradas en un personaje concreto de otra serie o película). Sus respuestas se han descolgado de la dinámica anterior, marcada por la crisis económica y social que está provocando la guerra de Ucrania, lo que no quita que sus alocuciones hayan contado con una retórica propia.

Su papel ha sido el más delicado. Afirmar en un día como este miércoles que el Gobierno, respecto del Sáhara Occidental, "no se ha movido" o negar que haya habido un giro es un desafío o una osadía. No ha convencido ni a la representante del PP, Valentina Fernández, que le ha preguntado, ni al de EH Bildu, Jon Iñarritu, demostración de que el Ejecutivo, en esto, se ha quedado muy solo.

Las intervenciones de Albares, de encomiable aplomo, todo hay que decirlo, han sido aplaudidas con entusiasmo variable por la bancada socialista. La de Unidas Podemos la han recibido con silencio. La del PP ha estado hábil gracias a Mario Garcés. "¿Dónde están las banderas", ha gritado a los diputados y diputadas de la formación "morada". "Sacad las banderas ahora", ha gritado otro. En el Congreso también ganan los pillos.

Grande "vitamina" Marlaska

Son días duros para el PSOE y Unidas Podemos por eso de la encrucijada. Rufián ha reivindicado este miércoles "una militancia de utilidad". Una manera muy suya de reclamar soluciones porque, si no, la legislatura que viene aumentará la bancada de la derecha. Sánchez le ha recriminado que con discursos así "alimenta" a Vox. Errejón ha exigido más carga fiscal a las rentas altas y a las grandes empresas. El presidente ha zanjado: "No se puede criticar que no hemos hecho nada". Tras ello, ha hecho balance de gestión a pesar de que quedan casi dos años de legislatura.

Cuca Gamarra ha tachado al líder del PSOE de "insensible" y Macarena Olona ha declarado que el Gobierno "ha perdido las calles", pero quien ha dado en el clavo ha sido Edmundo Bal, pues ha criticado que la decisión más importante del Consejo de Ministros de este pasado martes haya sido la Agencia Espacial Española. "Tenemos aquí los problemas, sobre la tierra", ha ironizado.

En fin, que toda la oposición ha salido en tromba contra el Gobierno. El cúmulo de dificultades, al que se ha sumado el giro sobre el Sáhara, ha dejado tocados a los diputados socialistas, taciturnos y apocados, conscientes de la soledad.

No ha sido de extrañar que la intervención brillante de Fernando Grande-Marlaska, en defensa de su pasado de lucha contra ETA, plagado de sacrificios personales, haya levantado a la bancada del PSOE, que se ha puesto a aplaudir como si no hubiera mañana.

La política muta tan rápido... El ministro quemado es hoy una referencia anímica, pura vitamina. Por eso, si al Gobierno le sale bien el reto actual, su soledad, mañana, será un recuerdo amargo. Pero claro, el reto hay que afrontarlo.

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