CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

La semana negra del PNV: descolocado en los presupuestos y sin 'vino alavés'

  • Nadie en el Gobierno ni en el Partido Nacionalista Vasco duda de que la relación seguirá siendo sólida, pero EH Bildu ha entrado con firmeza en la ecuación de la legislatura

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, a su llegada a una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, a su llegada a una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados / EFE/Chema Moya

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El grupo del PNV en el Congreso no se ha parecido esta semana al grupo del PNV. Comedido en sus exposiciones mediáticas, el portavoz, Aitor Esteban, ha comparecido ante los medios tres veces en siete días, una en Bilbao y dos en Madrid, en la Cámara. Este viernes cerró el periplo con una entrevista en Onda Vasca, en donde dejó un puñado de recados. Porque cuando Esteban se coloca delante de los micrófonos, suele ser para decir algo previamente calculado.

Con seis diputados, el PNV es uno de los grupos más importantes para que la legislatura avance y carbure. La aritmética parlamentaria ha convertido a los nacionalistas vascos y a los independentistas catalanes de ERC en los aliados preferentes del Gobierno de coalición. El PNV ya no es ese partido conservador que llevó al Estado a un momento de máxima tensión con el plan Ibarretxe. Ahora exhibe socialdemocracia y estabilidad. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, suele decir que es un socio "leal".

Lo llamativo es que Montero, una de las urdidoras de los presupuestos de 2022, ha aprovechado cada entrevista y cada 'canutazo' ante la prensa para recalcar que el PNV fue el primer partido con el que empezó a negociar los presupuestos. Fuentes parlamentarias informaron a este medio, hace un mes, que esas conversaciones se iniciaron en septiembre. También con ERC se comenzó hablar de ello. Sólo se intercambiaron esbozos, premisas provisionales.


/ EPE

Con el Partido Nacionalista Vasco los puentes son diversos y siempre están transitados. Con Esteban hablan casi todos los ministros. Los que más Félix Bolaños, ministro de Presidencia y de Relaciones con las Cortes, y la propia Montero. Si no es el portavoz parlamentario el que llama o coge el teléfono, es el presidente, Andoni Ortúzar, quien, además, viaja a menudo a Madrid. Forman su agenda reuniones discretas con interlocutores socialistas y sesiones casi a escondidas en las oficinas del grupo vasco, ubicadas en el edificio del Congreso al otro lado de Carrera de San Jerónimo. El partido que gobierna Euskadi cuida con mimo las entretelas parlamentarias. Y con sigilo.

Presupuestos y fondos europeos han sido las columnas sobre las que se ha sostenido la relación Gobierno-PSOE-PNV durante estos últimos tres meses, con permiso de la derogación de la 'ley mordaza', que al final cocinaron los socios de la coalición a espaldas de los nacionalistas y a pesar de que el texto base para la sustitución de la norma es justo del partido de Ortúzar. Ese incordio lo solucionó el Gobierno con una reunión (discreta, obviamente) con el experto del grupo en la materia, Mikel Legarda.

La semana negra

Todo parecía encaminado al entendimiento, pero las dificultades han sobresalido en exceso. Para empezar, con las enmiendas a la totalidad de las cuentas, que el Ejecutivo al final sorteó. Para lograrlo tuvo que apurar una negociación a dos bandas con ERC y con el PNV. A Esquerra le dio una promesa para blindar el catalán en la nueva ley audiovisual. A los nacionalistas vascos les dieron la gestión íntegra del ingreso mínimo vital. Fue un viaje brusco porque costó mucho convencer al ministro José Luis Escrivá.

Comenzó el proceso de las enmiendas parciales. El PNV se marcó un gran objetivo: arrancar al Ministerio de Transporte una encomienda de gestión para la conexión por alta velocidad ferroviarias de las tres capitales vascas. Es un proyecto que parece eterno; nunca cuaja. Una cuarentena de enmiendas parciales fueron pactadas, pero no precisamente la del AVE. Con todo, Aitor Esteban compareció en Bilbao el 19 de noviembre para valorar el trámite presupuestario cosechado hasta ese momento.

Tres días más tarde, se produjo un hecho que enrareció las cosas. EH Bildu, a través de su líder, Arnaldo Otegi, y de su portavoz, Mertxe Aizpurua, anunció que apoyaría las cuentas. Vendió dos grandes acuerdos: la conversión de las medidas del "escudo social" en permanentes (desahucios a colectivos vulnerables, sobre todo) y la creación de un fondo de 25 millones para atender a las víctimas del amianto. Un día después, ERC abanderó su logro: la ley audiovisual.

¿Y el PNV? En los círculos parlamentarios, si hay un adjetivo que se usa para describir a sus diputados, ése es "profesionales". Negocian con discreción, anuncian el acuerdo a punto de agotarse el plazo y aparecen como salvadores de la ley o de los presupuestos o de lo que esté en liza. Les ha ido muy bien así desde que el bipartidismo se quebró, desde 2016. Mariano Rajoy nunca olvidará que gracias al PNV tuvo presupuestos en 2018. Tampoco olvidará que pocos días después, tras el "ok" final del PNV, fructificó la moción de censura que le echó de la Moncloa.

El martes 23, el Partido Nacionalista Vasco filtró una enmienda acordada con el Gobierno sumamente importante, consistente en ampliar las ayudas a las familias con hijos con cáncer u otra enfermedad grave hasta que cumplan 23 años, en vez de hasta los 18 como ahora. ¿El pacto era la antesala del sí a los presupuestos? "Seguimos negociando", respondían sus fuentes. En las votaciones telemáticas de los dictámenes iniciales de los presupuestos ya estaban emitiendo votos a favor. ¿Es esto la antesala del "sí" definitivo? "Seguimos negociando", volvían a responder sus fuentes.

Aitor Esteban, portavoz del PNV

/ EFE

El miércoles 24, Aitor Esteban convocó una rueda de prensa para asegurar que, aunque los presupuestos incluirían más de 40 acuerdos parciales con el Gobierno, el apoyo no estaba garantizado. Faltaba la alta velocidad. El problema es que, para entonces, el Gobierno ya tenía las cuentas atadas. El PNV podía optar por el rechazo y no pasaría nada. ¿Por qué no confirmaban que estaban a favor? En EH Bildu sonreían cuando se les comentaba que su gran adversario político en Euskadi aún no había confirmado en público. La izquierda abertzale ha hecho lo mismo que hace el PNV: negociar discretamente y anunciar el acuerdo en el momento preciso. Que la rivalidad entre los dos grupos parlamentarios vascos es ferviente no es ningún secreto.

El jueves 24, el diario El Mundo publicó que el PNV iba a defender el martes próximo en el Congreso una iniciativa para incorporar especificidades territoriales en la Denominación de Origen Rioja, de manera que hubiera una nueva DO llamada "Rioja Alavesa". La polémica se hizo tan estridente que Aitor Esteban, horas después de aprobados los presupuestos, compareció por tercera vez en seis días ante los medios para avanzar que su proposición de ley sería retirada.

Sí, como se vio horas antes: apoyaron los presupuestos.

Así terminaron siete días confusos para el Partido Nacionalista Vasco. Pese a ello, nadie, ni en el Gobierno ni en la propia formación nacionalista, duda de que la relación seguirá sólida y franca.

Pero una cosa saben ambas partes: EH Bildu empieza a ser un aliado fiable para la llamada agenda social.

"Bildu está haciendo ahora lo mismo de lo nos acusaba: que nos vendemos por un plato de lentejas, que si traidores. Ahora con su actitud demuestra que la política acertada era la del PNV", afirmó Aitor Esteban este viernes en Onda Vasca.

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