SOCIOLOGÍA

Periodo de gracia estival

Necesitamos vacaciones más que nunca y la amenaza de la inflación y los crecientes tipos de interés no están frenando a la mayoría de la población para irse de vacaciones

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Decenas de coches atascados camino de las playas de Levante

Decenas de coches atascados camino de las playas de Levante / G. Valiente

Calmados, optimistas y sensibles, estos son los tres sentimientos con los que los españoles describen su estado de ánimo actual, según el último informe del estudio Essentials llevado a cabo por Ipsos este mismo mes de julio. De hecho, y en general, los sentimientos positivos destacan por encima de los negativos en prácticamente todos los grupos sociales. Y esto a pesar de que las expectativas económicas, políticas y sociales de cara al próximo otoño no son precisamente halagüeñas. Los datos del informe son, en este sentido, claros tanto a nivel mundial como en el caso concreto de España. Los españoles estamos preocupados por la situación económica y, de manera especial, por la inflación que sigue situada en el primer puesto de la clasificación: 59%, nueve puntos por encima de la media mundial. No solo eso, tres de cada cuatro españoles piensan que en los próximos meses van a seguir aumentando los precios de los productos; el 64% cree que se van a incrementar los impuestos; y el 54% considera que el paro va a crecer de aquí a final de año.

Entonces, ¿cómo se puede explicar esta aparente contradicción entre sentimientos actuales y expectativas? Probablemente tiene que ver, y mucho, con el periodo del año en el que nos encontramos. Necesitamos vacaciones más que nunca y la amenaza de la inflación y los crecientes tipos de interés no están frenando a la mayoría de la población para irse de vacaciones. Y no parece que sea por imprudencia, ignorancia o despreocupación, es porque entendemos que es una necesidad. Las escapadas para disfrutar de unos días de descanso aumentan, incluso entre quienes reconocen estar más expuestos a la inflación. Se está priorizando hacer una salida de unos días antes que optar por la prudencia financiera.

"Este verano, nuestro bienestar físico, social, emocional está ligado a separarnos física y psicológicamente de nuestra cotidianeidad"

Este verano, nuestro bienestar físico, social, emocional está ligado a separarnos física y psicológicamente de nuestra cotidianeidad: es decir, viajar es primero. De hecho, la propensión a viajar aumenta en todos los segmentos de la población, si bien las personas con un alto nivel de riesgo económico son ligeramente menos propensas a tener planes de viaje en los próximos tres meses, y cuando lo hacen, es más probable que se queden más cerca de casa. En este sentido, el 57% de la población en riesgo alto debido a la inflación, de media, declara tener intención de viajar en los próximos meses, frente al 61%, de media, de la población en riesgo medio y el 64%, de media, de la población en bajo riesgo.

En muchos países la mayoría ha asumido que tenemos que convivir con el virus y que las vacunas han tenido tal éxito, que la preocupación por el contagio está en mínimos. Y este es realmente el primer verano de la nueva normalidad (aunque esta se parezca demasiado a la antigua). Parece que hemos llegado a la conclusión de que las malas noticias no nos van a arruinar el único momento del año en el que podemos realmente permitirnos desconectar. Estamos intentando que ni la guerra en Ucrania, ni la inflación, ni las preocupantes previsiones sobre recortes de suministros de energía de cara al próximo otoño-invierno estropeen este merecido paréntesis vacacional. Un paréntesis que, como bien define la RAE, supone una interrupción, no una alteración de, en este caso, la situación económica. Porque, en efecto, tres de cada cuatro españoles piensan que tras el verano se van a incrementar, entre otras cosas, tanto el precio de la cesta de la compra (77%), como el gas y la electricidad (74%) y la gasolina (73%).

Las razones para el pesimismo parecen demasiadas. Y, en este sentido, cabe recordar el teorema de Thomas: “Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”. Las opiniones tienen efectos sobre los comportamientos y si los ciudadanos anticipan una nueva crisis económica, o una profundización de la ahora existente, adaptarán sus comportamientos y hábitos a esa situación. Consumirán menos y la economía empeorará. Pero de esto hablaremos en septiembre. Ahora toca disfrutar, o todo aquel que pueda, de este período de gracia estival.

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