GOBIERNO

Más rigor legislativo

Un Ejecutivo en minoría está obligado a pactar sus proyectos, pero espectáculos como el de Escrivá en una reciente negociación no son de recibo

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 El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados.

 El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados. / Alberto Ortega / Europa Press

La coalición de gobierno que sostiene a Pedro Sánchez, formada actualmente por solo 153 diputados (Unidas Podemos no ha reemplazado a uno de sus parlamentarios suspendido), presenta una seria fractura interna que, de momento, no impide la gobernabilidad, pero la dificulta. Además, el Ejecutivo necesita el apoyo de otros grupos para completar la mayoría que le permita sacar adelante las leyes, con lo que se ha dado carta de naturaleza a una mayoría de geometría variable, que cambia según los temas. Últimamente, por el distanciamiento de ERC, más de lo habitual.

Semejante proceso de formación de mayorías se convierte en muchos casos en un verdadero desbarajuste, bien porque se recurre a un trueque caótico y complejo de de explicar, bien porque se intentan conjugar pactos aparentemente incompatibles entre sí. Semejante metodología, utilizada casi siempre sin un criterio claro, devalúa el interés general y preocupa con razón a la opinión pública, ya que en muchos casos la oportunidad prevalece sobre la razón de Estado.

La pasada semana, EL PERIÓDICO DE ESPAÑA relató con pormenor el caos que organizó el ministro José Luis Escrivá, muy técnico pero poco político, a la hora de aprobar la ley de Planes de Pensiones de Empleo, una norma que el Gobierno necesita sacar adelante porque, entre otras cosas, es uno de los compromisos adquiridos con Bruselas para recibir los fondos Next Generation. El primer desaguisado tuvo lugar en el debate en comisión, en el que los socialistas aprobaron por error algunas enmiendas de Unidas Podemos nada irrelevantes, como por ejemplo la de destopar la cotización de las pensiones, que podría crecer sin límites.

El Gobierno necesitaba que prosperase en primer lugar su voto particular para que se desechasen tales enmiendas improcedentes. Y negoció para ello con el Partido Popular, que se brindó a cumplir ese papel, aunque solicitó algunas mejoras que le convenían. Pero el jueves, al ministro de Inclusión debió entrarle el miedo escénico, temiendo que el PP se volviera atrás, y abrió negociaciones urgentes con el portavoz de UP, Pablo Echenique, ofreciéndole como contrapartida el mismo contenido de las enmiendas que se pretendía eliminar. Los populares fueron testigos de la coyuntura con incredulidad.

Lo sucedido, que no es más que un episodio de los muchos que se producen de la misma índole, exhibe insolvencia de los actores en el proceso legislativo"

El incidente se acabó resolviendo, aunque tuvieron que intervenir varios ministros y la cúpula socialista, pero lo sucedido, que no es más que un episodio de los muchos que se producen de la misma índole, exhibe insolvencia de los actores en el proceso legislativo, que el Gobierno no tiene bien establecido. Las normas en tramitación pueden y deben ser flexibles cuando no hay mayorías, pero siempre para hacerlas mejores y tratando de no afectar a aspectos medulares. El pacto y la negociación -que no el mercadeo- son esencia de democracia, pero han de ser socialmente explicables.