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Así invaden nuestro cuerpo los microplásticos

Primero se hallaron en las heces humanas, pero ahora ya están en la sangre y los pulmones

Así invaden nuestro cuerpo los microplásticos
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Ana I. Montañez

En 2018, el término «microplásticos» fue elegido como Palabra del Año por la Fundeu, que aportaba la siguiente definición: «Fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros que se fabricaron ya con ese tamaño o se han fragmentado de un plástico mayor durante su proceso de descomposición».

La elección no fue casualidad, ya que ese mismo año una investigación de la Agencia Federal de Medio Ambiente de Austria y la Universidad de Medicina de Viena dio lugar a un hallazgo trascendental: se encontraron microplásticos en las heces humanas, con lo que se confirmaba que estas partículas viajan por la cadena alimentaria hasta el tracto digestivo de la población.

Esa investigación se proyectó como un estudio piloto y modesto que pretendía ahondar en un problema creciente del que aún no había apenas información disponible y, sobre todo, ver qué impacto podía estar teniendo en la salud de los seres humanos. Los resultados fueron arrolladores.

Heces con microplásticos

Los investigadores reunieron a ocho participantes, cinco mujeres y tres hombres con entre 33 y 65 años, procedentes de diversos países de Europa, así como de Japón y Rusia. Durante una semana, todos escribieron un diario sobre su alimentación, que debía ser la habitual, además de anotar cómo estaban envasados los productos que ingerían. Después, los individuos del experimento donaron una muestra de sus heces.

Los investigadores encontraron hasta nueve tipos de plásticos diferentes, con un tamaño entre las 50 y las 500 micras, con una media de 20 partículas por cada 10 gramos de heces. Entre ellos se encontraba el polipropileno y el tereftalato de polietileno, dos plástico muy empleados en embalajes, recipientes o textiles.

«Tenemos la primera evidencia de microplásticos dentro de los humanos y necesitamos más investigación para comprender qué significa esto para la salud humana», señalaba entonces el investigador principal, el doctor Philipp Schwabl.

Microplásticos / Pixabay

Un dato que encajaba, por relación causa-efecto, con un balance de la Comisión Europea, titulado ‘Estrategia Europea para el plástico en una economía circular’, también de 2018. Según dicho informe, la producción mundial de plástico se ha multiplicado por veinte desde 1960, alcanzando las 322 toneladas en 2015 y con vistas a duplicarse en los próximos 20 años.

Es más, solo en la Unión Europea, anualmente se generan en torno a 25,8 millones de toneladas de residuos de este material, de los que menos del 30 % se recogen para su reciclado. De esta cantidad, una parte significativa sale de la UE para ser depositada en terceros países, donde rigen leyes ambientales menos estrictas.

Estudios anteriores, como el publicado en la revista The Royal Society en 2017, ya habían constatado que los fondos marinos se habían convertido en «sopas de plástico» en las que millones de peces ingerían este material. Por tanto, era de esperar que hubiese alcanzado a los humanos a través de la alimentación o incluso a través de algo tan simple como el agua potable.

La acumulación de investigaciones científicas que certificaban la presencia de los microplásticos en el medio natural y en el cuerpo humano llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a pedir una investigación «exhaustiva» sobre la exposición real a estas partículas e instó a la comunidad internacional a reducir la contaminación por plásticos para tratar de proteger al medio ambiente y reducir la exposición humana a estos microfragmentos.

No obstante, no se trata solo de una plaga de los ecosistemas marinos, sino que afecta a casi cualquier entorno. Así, los humanos se exponen a estas partículas por vía aérea, ya que al respirar se inhalan las partículas en suspensión; a través de la vía digestiva, a través del agua y los alimentos ingeridos, además de las mucosas.

Ciclo de los microplásticos en el mar / iStock

Plástico en la sangre

Basta con mirar a nuestro alrededor para comprobar que estamos rodeados de plástico. Envases, ropa, bolsas, pastas de dientes, exfoliantes, material de oficina, menaje desechable, las ruedas de los coches… objetos corrientes que se degradan con el paso del tiempo y que se acaban convirtiendo en microplásticos.

Se trata de un ejercicio sencillo que suele proponer Juan J. García Vallejo, un inmunólogo español investigador en el Amsterdam University Medical Center. Tras conocer que se había demostrado la presencia de estos micropolímeros en las heces humanas, se lanzaron a analizar si esas partículas podían haber pasado al medio interno. Y así fue. Ya están también en la sangre.

Tereftalato de polietileno, polietileno, polímeros de estireno (poliestireno, poliestireno expandido, acetonitrilo butadieno estireno, etc.) y polimetacrilato de metilo. Fueron cuatro tipos de polímeros los que se encontraron en la sangre de 22 voluntarios aleatorios y anónimos, en los que se encontró una media global de 1,6 microgramos por mililitro de plasma sanguíneo.

Aún queda por saber si es una cifra alarmante o no, pero lo cierto es que confirma lo que se temía: el plástico ya no solo está en las heces, sino también en la sangre.

Esa es la gran novedad de este descubrimiento que, irónicamente, arroja más dudas que conclusiones. Las más importantes son cuál es el proceso por el cual los microplásticos pasan, por ejemplo, del aire a la sangre y qué efectos tiene sobre el organismo.

Y también en los pulmones

Pero la invasión del cuerpo humano por parte de los microplásticos no se detiene ahí. Otro equipo de investigadores de la Universidad de Hull y el Hospital Castle Hill en Reino Unido, aportó más novedades en un trabajo publicado pocas semanas después de la investigación holandesa sobre microplásticos en el torrente sanguíneo. En este caso, los científicos comprobaron la existencia de minúsculas partículas de plásticos en el tejido pulmonar de personas vivas, en concreto, de pacientes del centro sanitario Casttle Hill.

Ejemplos de microplásticos / Nature

El equipo obtuvo 13 muestras que fueron analizadas bajo microscopio. Se hallaron 12 tipos de polímeros diferentes en 11 de las tomas examinadas por los investigadores. Se comprobó también que esta situación afectaba más a los hombres.

En resumen, el desarrollo de los acontecimientos es claro: se ha producido (y se produce) un aumento progresivo del uso del plástico en el día a día por parte de la población mundial. Esto desencadena una invasión de polímeros en los ecosistemas naturales que acaban degradándose con el paso del tiempo.

Por tanto, hay un incremento de la exposición de los humanos y las especies animales a los microplásticos, que acaban teniendo presencia en el organismo, concretamente demostrada ya en heces, pulmones, sangre, hígado, riñones e incluso en la placenta.

El siguiente capítulo es averiguar qué consecuencias acarreará (o está acarreando ya) en la salud de la población. La comunidad científica ya está volcada en ello.

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ENTREVISTA. Juan J. García Vallejo

Inmunólogo e investigador en el Amsterdam University Medical Center

"Los microplásticos están en el aire que respiramos"

Juan J. García Vallejo / La Opinión de Málaga

El estudio 'Inmunoplast' desarrollado en el Amsterdam UMC constató la presencia de microplásticos en la sangre humana. Ahora se estudian sus consecuencias.

-Se han detectado cuatro tipos de plásticos muy comunes: tereftalato de polietileno, polietileno, polímeros de estireno y polimetacrilato de metilo.

-Son los plásticos que se utilizan para todo, porque nuestra vida está rodeada de plástico. Mira a tu alrededor: en la mayoría de las cosas que tienes estos plásticos se encuentran en su composición. ¿Qué hace que esos plásticos se conviertan en microplásticos? Es el paso del tiempo, el efecto de los factores atmosféricos, la degradación por rayos ultravioleta, la fracturación por cambios de temperatura... Estos plásticos se terminan rompiendo en trocitos pequeños, cada vez más pequeños, y se convierten en microplásticos. Los microplásticos están en suspensión en el aire, en los alimentos, en las plantas...

-En su estudio concluyen que hay una concentración de partículas de plástico en la sangre de 1,6 microgramos por mililitro. ¿Son niveles preocupantes? 

-Que sean preocupantes es una cosa que está conectada con la toxicidad. La toxicidad aún no la sabemos. Sabemos que tenemos esa exposición, ahora hay que determinar el riesgo, y el riesgo es la combinación de exposición y toxicidad. Yo personalmente preferiría no tener ese riesgo, pero tendría que irme a vivir a la Luna, porque creo que ya va a ser imposible vivir sin microplásticos. Si a la larga esto está relacionado con autoinmunidad, cáncer, alergia... Hay muchos grupos de investigación trabajando en esto. Y yo tengo el optimismo de que cuando sepamos esto vamos a tener la posibilidad de que la industria cambie la forma de producción de los plásticos porque nuestra sociedad no va a prescindir del plástico.

-Plantea interrogantes de todo lo que falta por averiguar y una de ellas es si la presencia del plástico podría llegar a afectar al sistema inmunológico.

-Y, si hay algún efecto sobre el organismo, no va a ser el único. Sabemos que hay componentes en el plástico, como el BPA (Bisfenol), un agente proestrogénico que se encuentra ya en niveles detectables en el feto y eso tiene un efecto sobre el sistema endocrino. Estoy seguro que también tiene efectos a nivel neurológico e inmunológico. Y ese es uno de los miles de agentes químicos que se utilizan en la síntesis de los plásticos. El BPA se sabe desde hace tiempo que es tóxico y ahora está prohibido utilizarlo, pero se utilizan otras cosas como el BPB y el BPC, que son moléculas hermanas del BPA

-El estudio cuenta con 22 voluntarios, personas sanas y aleatorias. Esto redunda en la idea de que la afección es general, ¿no?

-Es que están en el aire que respiramos. Obviamente una persona que trabaja en una fábrica de camisetas de poliéster (un polímero que hemos encontrado en la sangre) sabemos que va a tener mayor exposición y pensamos que parte de la patología laboral a nivel respiratorio está relacionado con los microplásticos que inhalan.

-¿Piensa que no va a haber un retroceso en el uso del plástico?

-Pienso que si encontramos que algún polímero tiene un efecto realmente tóxico, el efecto inmediato será que se sustituya ese polímero por otro que no lo tenga. Creo que el trabajo que hacemos sí tiene consecuencias. Estoy seguro de que si hemos sido capaces de entender una enfermedad tan compleja como el Covid en un tiempo récord y de encontrar una solución efectiva, si nos ponemos con el plástico, lo haremos también. No tengo ninguna duda. Lo único que me preocupa es lo que la industria diga sobre esto.

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Contacto de la sección de Medio Ambiente: crisisclimatica@prensaiberica.es

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