RELACIONES DE PAREJA

¿Es el amor hetero una trampa del patriarcado?

El ensayo "Reinventar el amor" examina con mirada feminista los mecanismos que nos llevan a enamorarnos

¿Es el amor hetero una trampa del patriarcado?
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"¡Aquí estamos las feministas!", gritaban miles de mujeres en las manifestaciones multitudinarias del 8M de 2018. Toda una declaración de intenciones: estaban allí y era para quedarse, para dar la vuelta a un mundo que las penaliza, desde la economía a los cuidados. El amor es, quizá, la última isla por diseccionar y reconstruir en clave igualitaria desde el feminismo.

Ésa es la misión titánica de la periodista y escritora Mona Chollet en Reinventar el amor (Ed. Paidós), un ensayo en el que explica por qué, al enamorarnos, hombres y mujeres estamos condicionados por mecanismos de desigualdad, dominación y subordinación. Sin eludir dolorosas contradicciones, la autora analiza por qué el patriarcado es tan poroso en la vida íntima y hace del amor "un camino lleno de trampas", cuando no de opresión y violencia: "Esta sociedad nos enseña la adicción al amor -a las mujeres- y luego nos ridiculiza por ello", escribe.

La gran contradicción está en el mismo amor, precisa la autora, pues es portador a la vez de alienación y sabiduría.

En su libro, Premio Europeo de Ensayo 2022, llama a la valentía de desterrar los esquemas prestablecidos para construir una forma de amar hermosa y sólida: "No creo que el amor heterosexual exista simplemente para servir al patriarcado de caballo de Troya en el corazón de las mujeres. (...) Pero la relación entre hombres y mujeres está efectivamente envenenada por la dominación. Y si uno ama al amor, debe tener el valor de examinar lúcidamente ese veneno". Ese ejercicio que propone en el ensayo es "un acto de heroísmo".

"Durante mi adolescencia, nada vino a poner en cuestión la visión idílica que me daban las películas o las novelas, y creo que durante bastante tiempo albergué la ilusión de que las desigualdades, la dominación y la violencia estaban ausentes de nuestras vidas sentimentales. Se produjo algo angustiante y desestabilizador al comprender que podemos sufrirlas incluso allí donde se concentran algunas de nuestras aspiraciones más profundas, allí donde somos más vulnerables", confiesa. La negación, aunque tentadora, no salva.

Así que Chollet, con la absoluta convicción de que "el amor vale la pena", se entrega al objetivo de examinar con cuidado los mecanismos que nos hacen enamorarnos. Y lo hace de la mano de grandes teóricas como bell hooks, Eva Illouz, Jane Ward, Wendy Langford, Catharine MacKinnon o Noèmie Renard.

Una pareja se besa este domingo en la costa del municipio de Garachico, en el norte de Tenerife.

/ EFE/Ramón de la Rocha

¿El amor es cosa de mujeres?

¿Sirve el romanticismo para disimular las relaciones de poder? ¿Se ha erotizado la desigualdad? ¿Por qué muchas mujeres se ven forzadas a elegir entre la realización amorosa y la integridad y realización personal? ¿Cuándo vamos a dejar de ennoblecer la violencia contra las mujeres en nombre del amor? ¿El amor es cosa de mujeres? ¿Lo infravaloran los hombres? ¿Es un error amar con audacia y valentía?

Analizar el amor heterosexual con mirada feminista puede ser osado, una empresa que no sea vista con buenos ojos por algunos sectores del feminismo; pueden asociarlo a una "debilidad embarazosa" más que como una búsqueda intelectual legítima. Como recuerda bell hooks: "No hemos abordado plenamente nuestra intensa aspiración al amor por miedo a que esa confesión comprometa nuestra imagen de feministas poderosas y consumadas. (...) Podemos hablar de nuestro deseo de poder, pero no de nuestro deseo de amor. Este ha de permanecer secreto. Formularlo sería alinearse con los débiles y los sentimentales".

"El amor a puerta cerrada es embriagador cuando todo va bien, pero también puede fragilizarnos terriblemente. Necesitamos un discurso público que rompa ese aislamiento", afirma Chollet.

La sociedad, explica, bombardea con perversidad a hombres y mujeres, a quienes insta a la heterosexualidad, al mismo tiempo que los educa y socializa metódicamente para que sean incapaces de entenderse.

Cita a Kevin Diter para señalar que se aprende desde muy joven que el amor es cosa de chicas y que interesarse demasiado en ello puede poner en peligro la reputación y definición de los niños como chicos y, por consiguiente, su estatus dominante.

Imágenes de la manifestación del 8M en Madrid.

/ Reuters

"¿Qué función cumple el condicionamiento de las mujeres ante el amor? Aunque no creo que la heterosexualidad se resuma en una trampa del patriarcado, me parece innegable que, alimentando a las niñas y las mujeres con romanzas, alabándoles los encantos y la importancia de la presencia de un hombre en sus vidas, se las alienta a aceptar su rol tradicional de proveedoras de cuidados. Se las coloca así en una posición de debilidad en su vida sentimental: si la existencia y la viabilidad de la relación les importan más que a sus compañeros, en caso de desacuerdo son siempre ellas las que cederán, las que llegarán a un compromiso o se sacrificarán. Se educa a las mujeres para que sean máquinas de dar y a los hombres para que sean máquinas de recibir", reflexiona la escritora.

Desequilibrios

Desigualdad en la empatía, en los cuidados, en las tareas, en la implicación emocional, en el compromiso... Reforzada por la desigualdad económica que suele existir entre los miembros de la pareja y que refuerza la dominación. "La implicación mayor con la que las mujeres se implican en el amor representa la huella de la dependencia total a la que estuvieron sometidas durante mucho tiempo. Durante siglos, obtuvieron su estatus social y económico y su identidad únicamente del matrimonio". Las cosas han cambiado mucho, pero hay ciertos resortes integrados.

El primer desequilibrio está en la socialización desde la infancia, que se refuerza con representaciones románticas, expone Chollet, construidas sobre la sublimación de inferioridad de las mujeres, a las que se les dice que son "demasiado" para gustar a los hombres: demasiado altas, demasiado brillantes, demasiado fuertes, demasiado creativas... Para no amenazar al ego masculino, se insta a la mujer a adoptar un papel secular. En el capítulo "¿Hacerse pequeñita para ser amada?", la autora aborda cómo la inferioridad de las mujeres está encapsulada en el amor romántico, una organización sentimental que se basa en la subordinación femenina.

De esta forma, la debilidad, la impotencia, la delgadez, la abnegación, la ingenuidad y la juventud se conciben como atributos seductores en las mujeres, mientras que el hombre es bello cuando es poderoso. Incide Chollet, y lo hace con palabras de Paul B. Preciado, que los gustos y deseos también se fabrican políticamente. "¡Erotizad la igualdad!", pidió Gloria Steinem.

La realidad es que muchas mujeres se ven ante la disyuntiva de la identidad o del empequeñecimiento en nombre de la realización amorosa: "Como si lo uno fuera posible sin lo otro, como si se pudiera conocer la felicidad, dar y recibir amor a partir de un ser truncado", se queja la autora.

No será el único cruce de incompatibilidades que apunta Chollet: en la cultura, por un lado, se les ofrece la espera y el sufrimiento amoroso como destino, al tiempo que se alimenta en ellas el sueño de una felicidad amorosa perfecta. Esperar al príncipe azul milagroso que definirá su identidad. Ensalzar el amor sublime y contrariado y la abnegación.

Además, sostiene el ensayo, los estereotipos sexistas hablan de mujeres caprichosas y tiránicas, con exigencias afectivas desorbitadas, mientras que a ellos se les pinta como seres autónomos con la cabeza fría. Así se insta implícitamente al silencio y a la contención. "Sentirse insatisfecha, abandonada y desestabilizada no puede funcionar", advierte la autora.

El desequilibrio entre hombres y mujeres tiene su máxima expresión en la violencia machista. No elude Chollet que el amor y la pareja son probablemente el lugar de mayor vulnerabilidad para ellas y se detiene en los mecanismos que hacen que las mujeres maltratadas lleguen a priorizar las intereses y bienestar de su maltratador por encima de su propia seguridad y su vida. La primacía que la sociedad otorga a las emociones de los hombres -con una cultura que reserva incluso un espacio a los agresores pero silencia a las víctimas- contribuye a que las mujeres, anuladas y con autoestima destruida, se pongan sistemáticamente en el lugar del verdugo y se olviden de sí mismas.

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Hay una tercera disyuntiva analizada: la de sexo versus emociones. "Una se expone a ser despreciada cuando vive libremente su sexualidad, con una mínima implicación afectiva, pero también cuando se muestra demasiado sentimental". ¿Es el desapego afectivo una conquista feminista o una manera de conformarse a las expectativas masculinas?, plantea Eva Illouz. Propone Chollet defender a la vez el derecho de separar el sexo del amor y el de no censurar los sentimientos.

El silencio en ellas y el desapego y la indiferencia en ellos, aprendidos desde niños, causan grandes sufrimientos. Es hora de reinventar el amor para que los amantes se encuentren como seres humanos plenos, de igual a igual. Chollet parafrasea a Scott Peck para definir el nuevo camino: Amar es la voluntad de extender el yo a fin de alimentar el propio crecimiento espiritual y el del otro, como el hecho de trabajar a la vez en la realización propia y la del otro.