TRES VIAJES REALES

Los Reyes visitan Las Hurdes cien años después del histórico viaje de Alfonso XIII

Los estudios del doctor Marañón en torno a la situación sanitaria y de hambruna de la comarca cacereña animaron a Alfonso XIII a realizar un viaje que cambió la historia

El rey Alfonso XIII charlando con los vecinos en Las Hurdes.

El rey Alfonso XIII charlando con los vecinos en Las Hurdes. / EL PERIÓDICO DE EXTREMADURA

5
Se lee en minutos
Miguel Ángel Muñoz Rubio

Mucho antes de que Marañón hiciera mella en Alfonso XIII, otro facultativo, el doctor Bide, ya había puesto sus ojos en Las Hurdes y en 1892 presenta un documento en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, en el que denuncia las difíciles condiciones de vida de los hurdanos. Años después, en 1904, Gabriel y Galán vuelve a hacer una llamada de atención, y en 1913, Unamuno revela aún más las circunstancias sanitarias de sus habitantes.

Sin embargo, no es hasta posteriores informes de los doctores Gregorio Marañón, Goyales Bardají, que más tarde será subsecretario de Sanidad, cuando Alfonso XIII se decide a conocer la comarca en 1922, en un recorrido al que también se suman el ministro de Gobernación, Severiano Martínez Anido, y varios periodistas madrileños.

Tras la visita real surgen iniciativas para promocionar el desarrollo hurdano, primando el factor asistencial. No obstante, la comarca cacereña pasa a convertirse en el paradigma del atraso del medio rural en España, a raíz de la película ‘Las Hurdes, tierra sin pan’, que Luis Buñuel realizó en 1932 y cuya visión sobre la dura situación de esta tierra generó gran controversia.

Alfonso XIII recorre Las Hurdes del 20 a 24 de junio de 1922. En la comitiva que le acompañaba, aparte de personas de la Casa del Rey, iban los doctores Marañón y Varela. El Rey se trasladó hasta aquí preocupado por la escasez de infraestructuras, de servicios médicos, por los problemas sanitarios que azotaban a la población, como el bocio, el paludismo, el tifus, la viruela o la desnutrición que provocaron unas altas tasas de mortalidad en una de las zonas rurales más abandonadas de la época.

Este jueves, los Reyes, don Felipe y doña Letizia, viajan a Pinofranqueado, la localidad más poblada de Las Hurdes, con motivo del centenario de la visita del bisabuelo del monarca. Antes, sus padres, Juan Carlos y Sofía, lo hicieron durante dos días, en abril de 1998.

El tercero de la dinastía

Don Felipe será pues el tercer Rey español en pisar de nuevo la comarca, ¿pero cómo fue ese viaje de Alfonso XIII? El Borbón reinó en España desde que tenía 16 años, del 17 de mayo de 1902 hasta la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Durante cuatro días, recorrió a caballo unos 150 kilómetros por unos caminos de difícil acceso, pero que le sirvieron para ser testigo directo de las condiciones de vida de los hurdanos. El séquito visitó pueblos, charló con sus vecinos e instaló tiendas de campaña en los caminos para atender sus demandas. Dicen las crónicas que cuando el soberano entró en una de las casas de pizarra donde dormían juntos animales y personas, no pudo reprimirse al exclamar: "Es horroroso. Ya no puedo ver más".

Lo que sí parece claro es que la travesía de un siglo atrás puso el foco en este lugar y supuso su despegue. De hecho, tras el primer viaje de la monarquía se creó el Real Patronato de Las Hurdes, presidido por el propio Alfonso XIII, y en el que participaron todos los ministerios para "remediar -dijeron- las singulares necesidades de la comarca". Comenzaron a construir carreteras, puentes, se impulsó un plan de alfabetización y se implementaron medidas sanitarias.

El recuerdo de esa visita se ha mantenido a lo largo del tiempo. En 1998 Rosario Terrón tenía 85 años. Entonces ella era la propietaria de la casa donde durmió el rey Borbón en la primera parada del viaje: Casar de Palomero, donde el monarca arribó montado a caballo, en mangas de camisa y con corbata. Ella, en ese momento una niña de 9 años, recibió dos besos de parte del Rey cuando fue a saludarle en presencia de su padre, Acacio Terrón, representante del Partido Conservador.

Era la noche del 21 al 22 de junio de 1922 y la familia ha mantenido desde entonces intacto el estado de conservación de la alcoba donde durmió Su Majestad, incluso las sábanas de hilo con las que se arropó el monarca. 

El desnudo

A partir de ahí, el Rey continuaría su viaje hacia Pinofranqueado no sin antes pasar por Azabal y Pedro Muñoz. En una entrevista publicada el 18 de junio de 1963 en el diario Pueblo, el fotógrafo Pepe Campúa, apodado por Alfonso XIII como ‘El Pajarito’, recordaba los obstáculos que encontraron a lo largo de su periplo: "Fueron siete duras jornadas a caballo, por caminos difíciles y abiertos en la roca. Había que bordear montañas a unas alturas escalofriantes y yo he visto al Rey que en algunos trechos tenía que bajarse de caballo y pasar a pie, porque tenía vértigo y le daban mareos. En el curso de cada jornada pasábamos un calor sofocante", decía textualmente.

Cerca de Pinofranqueado se produjo una de las anécdotas que más se han repetido en las crónicas periodísticas. Don Alfonso, agotado, propuso que se bañaran en una charca del río Los Ángeles. Relatan que se quitó la ropa y se metió en el agua. Lo mismo hizo Marañón, que se bañó en calzoncillos. El monarca pidió a Campúa que inmortalizara el momento. La instantánea dio la vuelta al mundo.

Luego siguieron por El Mesegal y Caminomorisco. Después, Cambroncino, donde el Rey visitó la Iglesia de Santa Catalina, para más tarde llegar a Vegas de Coria. Allí, Alfonso XIII conoció a Pablo Domínguez, que entonces tenía seis años. En la residencia club de ancianos de su pueblo este hombre pasó la última etapa de su vida.

El encuentro con Pablo

En 1998 Pablo tenía 82 años. "Lo que más le gustó al Rey Alfonso XIII fue el agua fresca de mi pozo en la finca La Laguna", recordaba este hurdano que apenas contaba 6 años en 1922 pero aún mantenía vivo el recuerdo de un joven Alfonso XIII subido en lo alto de una loma -con pantalones bombachos y sombrero calado- hablando con su mujer, Victoria Eugenia de Battenberg, por una emisora, algo inusual para la década de los veinte y comunicándole las bondades de la hospitalidad extremeña.

"Me encuentro en un punto muy céntrico de Las Hurdes, estoy muy bien, he comido muy bien y he bebido un agua muy fresca". Esas palabras que el bisabuelo de Felipe VI enviaba a su esposa repiqueteaban en la memoria de Pablo, que fue curandero del pueblo y que arreglaba desde una pierna maltrecha hasta los problemas de las mujeres después del parto para dar el pecho a sus bebés.  

De vuelta, el Rey siguió el curso del río Hurdano, que lleva a la localidad de Rubiaco, y de allí a Nuñomoral, donde Alfonso XIII fundó la Factoría del Jordán. Recorrió Cerezal, Martilandrán y La Fragosa hasta encontrar el municipio de El Gasco. Ya en Nuñomoral tomaron hacia Casares de Hurdes; allí durmieron el día 22, para después partir a Ladrillar. De ahí a Cabezo y Las Mestas.

El recorrido incluyó noche en el Monasterio de las Batuecas hasta que el día 24 visitaron La Alberca, desde donde emprendieron camino de regreso tras un viaje real que cambió la historia. 

Noticias relacionadas