VACACIONES POLÉMICAS

El síndrome del 'Salvador Blanco': cómo convertir el voluntariado en postureo

El síndrome del ’salvador blanco’

El síndrome del ’salvador blanco’

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"Imagine que llega un etíope, entra en su casa y se pone a fotografiar a sus hijos mientras comen, o mejor dicho, les regala un caramelo mientras posa y dice: 'Ayuda a sonreír a un blanquito, en un día puedes cambiar su vida". Iñaki Alegría, pediatra y coordinador de proyectos sanitarios en Etiopía con más de diez años de experiencia en el terreno, propone este ejercicio de imaginación. Pero es difícil pensar que esto pudiera ocurrir. No como en países de África. Allí, por alguna razón que se desconoce, los niños parecen parte del decorado y no seres con derecho a la imagen y a la intimidad como los occidentales blancos.

No hay verano sin este tipo de publicaciones. Además de las fotografías con pequeños sonrientes, no fallan los 'hakuna matata', el look de Coronel Tapioca (o el intento de copia del vestuario de 'Memorias de África'), y frases del tipo: "Son felices con tan poco"; "La lección me la dieron a mí".

Este verano no iba a ser menos. La influencer Teresa Andrés Gonzalvo lleva una semana de luna de miel dando que hablar por sus publicaciones con los dos guías de su primera parte del viaje por Tanzania, Molel y Jacobo. Los expone como nunca hace con trabajadores occidentales. En solo unas horas (o unos pocos días) ya eran "como de la familia". Nos mostró su risa, sus zapatos hechos a mano con neumáticos y, cómo no, sus 'hakuna matata'. También su gran bolso de Christian Dior en el safari.

Los periodistas Juanma Castaño y Helena Condis también estuvieron de safari por Tanzania este mes de julio y también dejaron imágenes y palabras que chirriaron en muchos seguidores. Por ejemplo, Condis salía en una fotografía con un niño en brazos. Ya la ha borrado. También Castaño eliminó un tuit en el que explicaba que solo tenían derecho a 20 litros de agua por persona, pero que "Helena alegó tener mucho pelo para incrementar su dosis diaria. Por supuesto, lo consiguió".

Críticas que se repiten

Mucha gente se les echó encima, como ocurrió otros años con otros personajes. Es cíclico. "Está completamente normalizado. Se asume que lo mismo que al viajar a París hay que hacerse una foto frente a la Torre Eiffel, al viajar a África es inevitable sacarse una con los niños negros", resume Moha Gerehou, periodista y ex presidente de SOS Racismo.

Gerehou echa gran parte de la culpa a las campañas de ayuda humanitaria que hicieron grandes ONGs y entidades de cooperación internacional. Estas utilizaron la imagen de niños pequeños negros para lanzar el mensaje a la población blanca de que debían salvarles. El mensaje caló hasta el punto de arraigar cuestiones y actitudes que muchas personas no se quitan de encima.

Además, queda esa idea de que "una vez que estás en el terreno, tu acción va a cambiar su vida. Les vas a hacer muy felices. Y eso se salta cualquier tema relacionado con la intimidad, la privacidad y el pedir permiso a sus padres", añade Gerehou, que opina que a estos niños no se les ve como eso, simples niños, sino que se les incluye en la categoría de "negros o racializados". Una etiqueta que les exime de pixelar sus caras.

Romantizar la pobreza

"El problema que radica de estas imágenes es que se hace un atractivo turístico de la pobreza, que acaba por ser un negocio. Mientras vemos que influencers y personas con poder comunicativo publican fotos de niños y niñas como parte de un paisaje que fotografiar, detrás hay una deshumanización increíble que trae consigo una infantilización de la comunidad. Da a entender que parte del problema del país es que no hay una presencia occidental ahí", opina Pablo Sánchez, politólogo, trabajador humanitario y director de la organización The Health Impact.

Sánchez asegura que no todo el problema se achaca a personas que realizan este tipo de viajes, sino que "gran parte de la culpa es de estos intermediarios que hacen posible la explotación de la desigualdad para ganar dinero a su costa". La vulneración de los derechos de niños y de adultos, que son utilizados, se convierte en un negocio redondo: "Buscan voluntarios o gente con ganas de descubrirse a sí mismos a las que poder captar y clavarle cientos de euros en un viaje que se basa en esa idea colonialista y racista por todo lo que implica".

Suárez cree que estos voluntarios van con buena intención, sin ser conscientes del daño que están haciendo, "lo que no les exime de responsabilidad". Claro que no solo las personas con influencia en las redes sacan este tipo de imágenes. La cuenta de Instagram Humanitarians of Tinder (que lleva dos años inactiva) recopilaba fotografías de jóvenes en esta app que tiraban de su voluntariado para ligar. Algunos de los menores ni siquiera estaban vestidos.

¿Se puede hacer un voluntariado ético?

Por unos 600 euros, más visado, más billetes de avión y gastos varios, se puede ir unas cuatro semanas a hacer un voluntariado a un país africano. Pero, ¿tiene sentido ir un periodo corto? ¿Realmente ayuda a los lugareños?

"Quien va allí no lo sabe, pero no va a aportar nada. Las propias agencias y empresas conocen que la razón principal del viaje es intentar ayudar y se lo tratan de vender así, pero no es el caso en muchos aspectos. Una estancia corta, además de relacionarse más con el turismo, no permite enrolarse en el proyecto y vulnera el derecho de personas con las que se trabaja. Las poblaciones se deshumanizan y cosifican. El perjuicio es mayor que el beneficio que pudiera traer", asegura Sánchez. En su proyecto, los voluntarios van para una función específica, porque pueden ejercerla, y siempre como apoyo de los locales, que son quienes realmente conocen el terreno.

Entre los consejos sobre lo que no hay que hacer cuando se va de cooperación apunta que "no hay que hacer en Tanzania lo que no haríamos en Noruega". "Tampoco se debe pretender ser uno de los Reyes Magos. Es decir, no hay que ir repartiendo ni ropa ni caramelos ni nada a diestro y siniestro", apunta. Vamos, que mejor se evite lo que hizo la influencer Dulceida hace unos años en Ciudad del Cabo, cuando según ella hizo "feliz" a niños al regalarles gafas de sol. Fue bastante criticada por eso y por subir fotos bañándose en una bañera cuando las reservas de agua de la zona se estaban agotando.

"Está de moda la solidaridad y esto es bueno si se hace bien, pero puede perjudicar mucho en caso contrario. Debemos evitar el postureo, el 'volunturismo'. Y, para ello, recomiendo ir sin cámara de fotos y sin móvil, ser capaz de no tomarse ni una foto. Es la mejor manera de no caer en el vicio de colgarla en las redes", añade.

"La pobreza no está en África, sino en mi mirada hacia ella. Yo entendí también que los estereotipos nos separan y nos dividen. Vivimos en un mundo lleno de fronteras como una valla o un mar, pero la frontera más peligrosa somos nosotros mismos, con nuestros prejuicios. No todo vale. No de cualquier manera. La buena intención no es suficiente. Debemos hacer cooperación sin paternalismos, con humildad, con respeto, profesionalidad y excelencia", asegura. De otra forma, caemos en el llamado síndrome del 'Salvador Blanco', que "implica imperialismo, colonialismo y racismo".

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