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¿Qué les pasa a los 'All Blacks'? "Antes creía que ganaríamos siempre y ahora..."

La mítica selección de rugby Nueva Zelanda acumula ya cinco derrotas en 2022, un hecho anormal que pone en entredicho su fiabilidad de cara a la Copa del Mundo del año que viene

Sam Cane, capitán de los All Blacks.

Sam Cane, capitán de los All Blacks. / Efe

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A Henry Ford, que algo sabía de todo lo que significa una crisis, se le atribuye la frase de “el fracaso es solo la oportunidad de comenzar de nuevo de una forma más inteligente”. Es probable que al fundador de Ford Motor Company no tuviera ni idea de rugby. Ahora bien, sus palabras encajan a la perfección con lo que les ocurre a los All Blacks, una selección poco acostumbrada a hincar la rodilla ante sus rivales y que cada derrota es interpretada en Nueva Zelanda como si hubiera ocurrido una especie de cataclismo. Es lo que tiene ser el mejor equipo del mundo, por mucho que el ranking le sitúe ahora en la cuarta posición. Y eso que hace un mes descendió a la quinta, algo impensable hasta hace bien poco.

En 2022, su etiqueta de equipo casi invencible se ha desteñido. Cinco derrotas en un mismo año parecen demasiadas. Con los dientes de sierra que presentan sus estadísticas, se hace difícil no acuñar la recurrente acepción de crisis. Ganar a Australia el pasado jueves en el último minuto, y gracias a un regalo arbitral en el que colaboró la desidia de Bernard Foley para sacar el balón fuera del campo, no basta para ganar en fiabilidad.

El escudo del helecho plateado en la camiseta y la hakka previa nunca garantizan la victoria. Los neozelandeses, ahora envueltos en un mar de dudas, habían ganado la Blesdislioe Cup a los australianos de forma ininterrumpida las últimas dos décadas y el balance histórico de enfrentamientos presentaba un saldo a favor de 75 (120 frente a 45, al margen de ocho empates).

A los neozelandeses les queda otro partido contra los Wallabies en la Rugby Championship y otros cuatro más dentro de su gira otoñal frente a Japón, Gales, Escocia e Inglaterra para tratar de afinar un poco más en el diagnóstico. Mientras tanto, Brad Linklater, un jugador neozelandés que ha vestido en 31 ocasiones la camiseta de Los Leones, considera que no es “normal” que los All Blacks acumulen tantas derrotas en un mismo año. "Lo que ocurre es que estamos muy mal acostumbrados", cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

77% de victorias

Los números lo dicen todo para referirse a los All Blacks como una especie de leyenda. De hecho, es el equipo masculino de rugby con el mejor balance de victorias desde que se estrenaron en el plano internacional allá por 1903. Hasta 2021, de sus 612 partidos internacionales habían vencido en más de las tres cuartas partes de sus actuaciones (77,12%).

Salen airosos ante cualquier análisis estadístico donde se escrute su actuación frente a otro rival. En su curriculum deportivo, además, figura el hecho de haber sido la primera selección en ganar 500 partidos o de haber sido los únicos que han conseguido levantar hasta en tres ocasiones la Web Ellis Cup de campeón continental. Así que Linklater prefiere ver el vaso medio lleno: “No creo que haya crisis porque si el objetivo es ganar el Rugby Championship no hay más que echar un vistazo a la clasificación y ver que Nueva Zelanda va primera y que está en el buen camino para obtener el título”.

No es cuestión de aburrir con números para engrandecer aún más la leyenda de los All Blacks. Por dar un solo dato más que resume a la perfección su dictadura a nivel deportivo, basta con recordar que desde que en octubre de 2002 World Rugby introdujo un sistema de clasificación, los neozelandeses han ocupado el primer lugar en el escalafón durante más del 80% del tiempo. Sin ir lejos, cabe reseñar que desde 2009 hasta diciembre de 2018 nadie consiguió apearles de esa privilegiada plaza.


/ Afp

Linklater, actual entrenador del Getxo Rugby Taldea, ni siquiera ve que ahora se estén haciendo las cosas mal en su país. “Cada año todo es más profesional y los equipos se dotan de las herramientas para mejorar”, afirma. Eso da como resultado que, si bien hace diez años Nueva Zelanda y un par de equipos más eran los claros dominadores del rugby a nivel mundial, “ahora han surgido otros tres o cuatro que te pueden ganar en cualquier momento”.

El técnico neozelandés considera que, al llegar la profesionalización al mundo del rugby, algunos países han conseguido mejorar sus selecciones de forma bastante notable. En cambio, en Nueva Zelanda, su liga nacional llamada NPC (National Provincial Championship), “no paga mucho a sus jugadores y pierde millones de dólares cada año”.

El problema es que, aunque la liga sea deficitaria, ha de seguir adelante con el proyecto “para que salgan jugadores que luego puedan ir a la selección”. Los tiempos aquellos en los que arrancar a un neozelandés de su isla era una quimera han quedado atrás: “Antes no eran tan accesibles porque lo primero que querías era aguantar en Nueva Zelanda antes de ir a probar a otro país. La idea de jugar en Inglaterra era siempre la última opción”.

En la actualidad, en Nueva Zelanda, ocurre todo lo contrario. Tiene casi 500 jugadores profesionales repartidos por todo el mundo y, por lo tanto, no pueden ser seleccionados. El dinero llama a las puertas de las grandes estrellas y su federación solo es capaz de retenerlas con más dólares: “Ahora mismo estamos viendo que muchos jugadores tratan de buscar un contrato mejor o unas condiciones de vida diferentes y se aprovechan de que al ser profesionales cada uno busca los suyo, y si puedes ganar cinco o seis ves más, hay que entender que cada uno es libre de buscarse sus propios sueños”.

"Palos" de la prensa

Y, ¿cómo se las gasta la prensa neozelandesa cuando pierde su selección? “Pues algo muy parecido a lo que pasa aquí con el fútbol. Dan muchos palos”, responde Linklater. Para entender mejor lo que sucede en las antípodas cuando caen los All Blacks, el actual entrenador del Getxo Rugby Taldea pone un ejemplo muy ilustrativo: “El año que la selección va mal el primer ministro no quiere convocar elecciones porque sabe que le van a echar”.

Y es que este tipo de asuntos afectan a todo el país “al punto de que algunos pueden llegar a perder su trabajo”. Pese a todo, ahora mira con optimismo la próxima Copa del Mundo. Eso sí, sin tanta euforia como antaño. “Joder, es que antes, siendo neozelandés, siempre pensaba que íbamos a ganar fijo y ahora dependes de muchas cosas, sobre todo de que no haya lesiones importantes. Lo que sí te digo es que Nueva Zelanda está en el grupo de tres o cuatro selecciones que pueden ganar porque está todo muy equilibrado”.

Hay datos que no demuestran por sí mismos la existencia de una crisis, en cambio ayudan a aventurar que las cosas ya no son como antes. Por ejemplo, en 2021 no hubo representación All Blacks en las nominaciones a mejor jugador del año. Era la primera vez que ocurría en dos décadas porque antes, nombres tan ilustres como los de Dan Carter, Richie McCaw, Beauden Barret, Kieran Read o Brodie Retallick, acaparaban la gran mayoría de los galardones.

El invierno austral, a su vez, trajo titulares de prensa impensables hasta hace unos meses. “It´s time for change” (es hora del cambio), proclamaba en su portada el diario New Zeland Herald el pasado 7 de agosto con una enorme fotografía del seleccionador Ian Foster ocupando buena parte de la portada. Hasta el propio Linklater llegó a pensar que iban a echar a todo el staff técnico y a quitar a algunos jugadores “pero han tenido fe y han seguido con en ellos”.

"Juegan mal al rugby"

El día anterior, los All Blacks habían sido derrotados 26 a 10 por los Springboks en suelo sudafricano y la paciencia de la prensa empezaba a hacer aguas a un año vista de la próxima cita mundialista que se le celebrará en Francia dentro de un año. “Los hombres de Foster juegan mal al rugby y se desaniman con demasiada facilidad al mismo tiempo que se desordenan y se confunden en la ejecución de sus roles”, sentenciaba el cronista del partido. Llovía sobre mojado porque en sus últimos seis partidos los neozelandeses habían mordido el polvo en cinco de las seis últimas confrontaciones internacionales.

Y, claro, la prensa se encargó de recordárselo. La gira europea del pasado mes de noviembre transcurría sin sobresaltos: victorias convincentes ante Estados Unidos, Gales e Italia. Luego llegaron los partidos contra irlandeses y franceses que se saldaron con sendas derrotas (29-20 y 40-25, respectivamente). Las voces críticas fueron entonces minoritarias, aunque sí un tanto alarmistas, porque la amplia derrota ante los anfitriones de la próxima Copa del Mundo provocó tal cúmulo de dudas entre los aficionados que les restó credibilidad a la hora de partir como favorito para recuperar el cetro mundialista.

A falta de compromisos internacionales durante el periodo estival en las antípodas, la tranquilidad llegó de nuevo al vestuario neozelandés. Sin embargo, el invierno austral trajo a las islas un visitante incómodo con el que ya había perdido en su casa nueve meses antes: Irlanda. Los neozelandeses comenzaron la serie a tres partidos en plan arrollador (49-10). De repente, todo se torció. Dos derrotas consecutivas en su propia casa fue un duro castigo, en ningún caso injusto, para los de negro.

Tras el tropiezo frente a Sudáfrica (26-10), el peor registro en territorio enemigo en los últimos 90 años, arreciaron las críticas ante unos resultados “condenatorios”. No tanto por la pesada losa que supone perder un partido, sino también “por la forma de las derrotas que es lo que realmente cuenta”. En ese mes de agosto, los All Blacks descendieron hasta la quinta plaza de la clasificación de World Rugby, la peor de su historia. Otro dato:. tras el partido Foster tenía un récord de 16 triunfos, un empate y nueve derrotas, esto es, una efectividad del 60 por ciento, muy por debajo de la media histórica del equipo.

Primera derrota en 120 años

Una victoria siete días más tarde frente a los Springboks en su propia casa sirvió para tapar algunas grietas y amansar a los más críticos. La tregua duró solo una semana. Los All Blacks, tras casi 120 años de historia, perdían por primera vez en su propia casa frente a Argentina (18-25). Ya no hubo piedad hacia el entrenador ni hacia sus jugadores, aunque el señalado por el fracaso con nombre y apellido fue su capitán: Sam Cane.

Desde Inglaterra, el reputado columnista Stuart Barnes, cuyas opiniones sirven de guía a los aficionados de su país, publicó en The Times un artículo donde tuvo la osadía de llamar “tontos” y “estúpidos” a los jugadores neozelandeses, al tiempo que dejaba a la altura del barro a Foster y a Cane. La frase que levantó tantas ampollas fue: “Nunca pensé que describiría a los All Blacks como tontos (…), pero fueron tan estúpidos como inteligentes los argentinos”, escribió en tono chabacano y faltón el que fuera apertura de varios equipos como Bath o Bristol.

La cita de Henry Ford se hace necesaria tenerla siempre presente cuando se habla de los All Blacks y juegan con su orgullo herido. Los ojos casi fuera de órbita de Aaron Smith dirigiendo la hakka en el partido de revancha contra los argentinos dejaba entrever el ansia de venganza de los de negro. Salieron a morder al rival y con el cuchillo entre los dientes desde el primer minuto. Los Pumas no tuvieron la más mínima posibilidad de ganar. Se vieron desbordados durante los ochenta minutos reglamentarios y acabaron recibiendo una tunda de cuidado (53-3).

Entonces, ¿hay crisis o no? De momento, nadie se ha atrevido a mandar a los All Blacks al rincón de pensar, aunque si aspiran a ganar el mundial en Francia tendrán que pasar uno a uno por el diván para que alguien les ayude a buscar soluciones de todo lo que les ocurre.

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