INCLUSIÓN SOCIAL

Rugby inclusivo, una válvula de escape para los deportistas con discapacidad intelectual

Cuatro equipos vascos compiten en la Liga Bultza, una competición sin resultados, ni clasificación destinada a la inclusión social de las personas con dificultades cognitivas

Iñaki Galarreta, jugador del Valtecsa Universitario Bilbao Rugby.

Iñaki Galarreta, jugador del Valtecsa Universitario Bilbao Rugby. / Alberto Montaña

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Adriana no duda un instante en recordar la experiencia más importante que ha tenido en los casi dos años que lleva en el equipo de rugby inclusivo del Getxo. “Pues que una vez me enamoré de un compañero”, dice con la naturalidad y sensibilidad propias de las personas que padecen algún tipo discapacidad intelectual y que no dejan de sorprender a quienes no están familiarizados con ellas.

A lo mejor no lo sabe, pero posee un tono de voz que también enamora. Destila una dulzura que, unida al desparpajo que tiene a la hora de contestar las preguntas, descoloca. Y mucho, además. Si el periodista le pide que se defina como jugadora, responde: “me gusta placar duro”.

En apariencia, puede dar a entender que le gustan los deportes con contactos fuertes o de mucha agresividad. Ayuda a sostener esa falsa creencia su devoción por las películas de terror, con mención especial para Paranormal Activity, que a veces no están exentas de cierto grado de violencia. Pues no es así. “Es que soy una persona cariñosa y me gustan muchos los abrazos” explica con esa inusual ternura que, por desgracia, ya no se estila mucho.

El rugby no deja de ser una válvula de escape para esta clase de jugadoras. La pesadez por el obligado confinamiento de la pandemia tuvo, sin embargo, algo de positivo. Hubo mucho tiempo para pensar. Y, claro, al final surgieron ideas que permiten visualizar que el rugby todavía cuida esos valores que siempre le han hecho presumir de ser un deporte diferente.

Liga Bultza

Es difícil de imaginar una competición donde no haya resultados, ni clasificación, ni que se celebre una final para que haya un ganador. Pues existe. Se trata de la denominada Liga Bultza (empujar, en euskera) de rugby inclusivo en la que participan Valtecsa UBR, Getxo, Hernani y Vithas Gaztedi de Vitoria. Es la primera liga de rugby inclusivo organizada por una federación, en este caso la vasca. Se juega a lo largo de seis fines de semana con partidos en el mismo campo a doble vuelta, todos contra todos y sin límite de cambios.

La capitana del equipo inclusivo del Getxo es una estudiante de electrónica que “de vez en cuando” también realiza “chapucillas” de soldadura. Ahora bien, su pasión es el rugby. No lo oculta a pesar del autobombo que hace sobre sus dotes culinarias de cómo hacer espaguetis con pollo. Es precisamente ese amor por el deporte del balón ovalado lo que hace que nunca se pierda los entrenamientos de los miércoles en las instalaciones de Fadura y, aunque le gustaría entrenar más días, se conforma con lo que hay porque “también lo necesitan otros jugadores”.

Adriana juega de delantera con su mejor amiga, Sonia. Lo hace, además, en un equipo donde hay más chicas que chicos “y por eso a veces dejan que mandemos un poco nosotras”. De sus entrenadores y monitores habla maravillas. “Son majísimos”, repite hasta la saciedad. Son ellos quienes le han transmitido los valores que ella misma traslada a sus compañeros en el campo: “mejor disfrutar que ganar o perder, así que vamos a por ello”.

Entusiasmo

El ala izquierdo en el equipo del Valtecsa Universitario Bilbao Rugby (UBR) responde al nombre de Iñaki Galarreta. Tiene una discapacidad cognitiva del 39% y problemas de visión. Aun así, derrocha entusiasmo para practicar un deporte al que se apuntó “por probar” cuando tenía 40 años. Antes también practicaba el futbito “jugando pachanguillas” en el polideportivo de Rekalde.

Han transcurrido ya 24 meses desde que, por primera vez en su vida, estuvo “cinco minutillos” en contacto con el balón ovalado. Tiempo suficiente para asimilar los valores del rugby. “Aquí nos juntamos todos para hacer una piña y si vemos que alguno está bajo de ánimo enseguida vamos a apoyarle”. Prueba de su afición por este deporte es que ha convencido a su novia para que juegue en su mismo equipo. Antes tuvo que trazar un plan que salió a la perfección, y ahora los dos están “encantados”. El primer paso fue llevarla a ver un entrenamiento, el segundo fue “pincharla un poquito” y el tercero, y último, “fue animarla a probar”.

Adriana, jugadora del Getxo.

/ Jordi Blasi

Esa labor de captador de jugadores y jugadoras de rugby la compatibiliza con su trabajo en una empresa donde realiza montajes basculantes de torretas de electricidad o de pequeños chips electrónicos. Su otra afición es bailar en su grupo de dantza (baile) del barrio bilbaíno de Deusto. Ensaya los lunes y los miércoles. Los viernes los reserva para el rugby. Galarreta reconoce que ahora el equipo inclusivo está un poco “justito” de efectivos.

La pandemia

“Estamos siete u ocho, así que tenemos que tirar muchas veces con gente del senior o con chicas del equipo de liga vasca”, se queja. Es la factura de la pandemia que, además, en el País Vasco presenta uno de los índices más altos de incidencia acumulada. Sin embargo, su club ha podido jugar algún partido para matar el gusanillo. Su rival más duro ha sido el Hernani porque son “bastante rápidos”, juegan “muy bien” en delantera y en defensa “son muy complicados de desbordarles”.

En Hernani, el equipo de rugby inclusivo lo entrenan un ex jugador internacional como Jon Insausti (40 caps) junto a Aritz Otaegi. Como explica Andoni Lizeaga, dinamizador del grupo, se enteraron por la prensa de que en Vitoria, el Gaztedi, había comenzado un proyecto en que se aglutinaba personas con discapacidad intelectual o sin ella, y tras varias tomas de contacto, decidieron apostar por crear un equipo mixto.

“Desde el primer minuto empezamos a interactuar con ellos y eso me ayudó a que desaparecieran todos los miedos que tenía porque el trabajo resultó de lo más sencillo”, afirma. Lizeaga, cuya actividad profesional está relacionada con la docencia, nunca había trabajado de forma directa con este tipo de personas. El paso del tiempo le ha hecho conocer más a fondo el tema de la discapacidad intelectual y con esa experiencia invita incluso a los padres con alguna duda a que lleven a probar a sus hijos. Lo hizo con el vástago de unos amigos y “ahora mismo el chaval está enganchadísimo”.

Con la recién creada Liga Bultza, Lizeaga entiende que se ha abierto una posibilidad de que estas personas participen en la vida social del club. “Se trata -añade- de que el club se enriquezca con sus aportaciones porque si este tipo de actividades ya se dan en la vida real por qué no iban a tener cabida en los clubes”.

"Hemos aprendido mucho"

El dinamizador del Hernani ha descubierto que con el paso de los años ha variado también su mirada hacia estos deportistas. Fue cuando empezó a poner su atención “no en sus discapacidades sino en sus capacidades, y ahí es donde hemos aprendido todos mucho”. Se refiere al aprendizaje de cuestiones técnicas como placajes percusiones o cruces.

“Es que es un puntazo y una alegría enorme ver cómo en el campo son capaces de combinar bien una jugada o de hacer un cambio de dirección”, afirma. No se olvida de los progenitores “que son los auténticos pilares en los que se asienta el rugby inclusivo” porque apoyan “muchísimo” al club cuando participan en rifas, venta de lotería o la organización de comidas solidarias “que forma parte de nuestra vida social”.

El Vithas Gaztedi de Vitoria fue el verdadero impulsor del rugby inclusivo en Euskadi. “Había personas que querían jugar y nosotros nos limitamos a crear un entorno apropiado; no hay más misterio”, resume el presidente del club, Moisés San Mateos. En este caso la casualidad tuvo algo que ver. “Se aliaron todos los astros”, recuerda.

Un jugador del club trabajaba como orientador educativo en Down Araba Isabel Orbe. Se planteó a la presidenta la posibilidad de llevar a cabo alguna actividad y ahí empezó todo. “Al principio fue muy costoso y debatimos mucho sobre la posibilidad de cambiar o no las reglas antes de decidir que no buscábamos un deporte adaptado para personas con alguna discapacidad intelectual”, añade.

Prejuicios

También costó lo suyo convencer a los padres “porque el rugby tiene ese estereotipo de ser un deporte violento y pensaban que íbamos a echar a sus hijos a los leones”. La mala prensa que aún tiene esta disciplina deportiva tampoco ayuda, “pero eso se arregla en sólo cinco minutos cuando ven un entrenamiento y comprueban que no tiene nada que ver con lo que les habían contado”.

Y es que, como recalca el presidente del Gaztedi, a ese empeño por desterrar esa imagen violenta del rugby ha contribuido su propia evolución porque “hace años que pasó de ser un deporte de contacto a ser un deporte de evasión”. Una vez convencidos los padres ya todo es coser y cantar. “Es fácil implicarlos porque cuando ven que sus hijos se lo pasan bien todos los miedos pasan a segundo plano”, comenta.

Sobre la novedosa Liga Bultza señala que el objetivo no es competir, “sino jugar y que se diviertan al mismo tiempo”. Es “evidente”, como dice San Mateo, que cuando un jugador salta a un terreno de juego siempre quiere ganar. Sin embargo, con esta iniciativa se trata de que no haya un ganador para que nadie se desmoralice si ha tenido malos resultados. Además, el hecho de tener un respaldo federativo aporta un plus que antes no había cuando sólo era una competición organizada por los clubes. Ahora, todos los jugadores tienen que estar federados, se redacta el acta del partido y hay un árbitro y delegado de campo, esto es, “exactamente igual que en los partidos oficiales”.

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