HISTORIA

“Presentes": el rugby argentino recuerda a sus 161 jugadores desaparecidos

Fueron el 70% de los deportistas asesinados por la dictadura de Videla y a finales de diciembre se les recordará con un torneo

Manuel Negrín.

Manuel Negrín. / EPE

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Iñigo Corral

El rugby argentino ha dejado de mirar para otro lado y de encogerse los hombros. Es lo que hizo durante demasiados años cuando alguien mentaba los horrores padecidos por algunos jugadores víctimas del terrorismo de Estado. La cifra se eleva ya a 161. Y puede que haya más. En su recuerdo, a principios de diciembre se disputa en Puerto Madryn, una ciudad costera situada 1.300 kilómetros al sur de Buenos Aires, el VI Torneo Nacional a los Rugbiers Desaparecidos. Durante dos días se celebrarán partidos tanto femeninos como masculinos en las distintas modalidades y categorías del rugby.

También habrá tiempo para que hablen familiares de desaparecidos. El momento más emotivo es, sin duda, cuando se leen, uno a uno, los nombres de los jugadores que un buen día no volvieron a sus casas porque así lo quisieron los militares que gobernaron el país con mano de hierro tras el golpe de Estado que derrocó a María Estela Martínez de Perdón. Al finalizar, el público responde a coro: “Presentes”.

Rugby La Plata

“Todos los días nos enterábamos de que había un jugador, un amigo o un amigo de un amigo que había desaparecido y sabíamos que jamás volveríamos a verlo”, recuerda el argentino Mario Barandiarán, actual entrenador del Universitario Bilbao Rugby (UBR) y que perteneció al Rugby La Plata, “el club que tiene el triste récord de tener 20 desaparecidos”. Todos en su equipo sabían lo que ocurría, pero eludían hablar del tema. “El miedo nos invadía”, explica. Desconocían si la persona con la que hablaban les podía delatar. Miraban incluso con gran desconfianza al jugador que llegaba nuevo al club. Así durante muchos años “hasta que se fueron los militares”.

El propio Barandiarán reconoce que tuvo “mucho miedo”. Y es que tanto él como Raúl, su hermano mayor, estaban muy comprometidos con la causa. Por eso, cuando un buen día despareció el mejor amigo de su hermano “mi padre tomó la decisión de sacarnos de casa”. ¿Dónde se escondieron? Han pasado más de 40 años y aun prefiere no decirlo.

La historia de jugadores que un día salieron de casa para no volver jamás arranca en 1975, un año antes de la abrupta llegada al poder del general Jorge Rafael Videla. Antes, los gobiernos de Perón y de Alejandro Agustín Lanusse ya habían puesto en práctica estos métodos represivos contra la sociedad civil. Eran tiempos donde anidaba una especie de obligación moral y ética de comprometerse políticamente. La neutralidad no era una opción.

El Che, referente

El epicentro de aquel movimiento fue la ciudad de la Plata, donde se concentraba una gran cantidad de estudiantes universitarios. La Universidad era el motor de distintas actividades culturales, intelectuales o deportivas, incluida la práctica del rugby. Los más radicales se convirtieron en la cantera de movimientos revolucionarios como el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Su referente era en muchos casos su compatriota el Che Guevara que, casualmente, también practicó el rugby en el Estudiantes de Córdoba.

Lo más curioso es que muchos de aquellos jóvenes provenían de la clase media y hasta de la burguesía. Querían romper con su pasado para conseguir una sociedad más justa e igualitaria. Fue en aquella época cuando la Plata Rugby Club empezó a hacerse conocida como “escuela de guerrilleros”. En realidad, según Barandiarán, solo se trataba de jóvenes universitarios con una gran inquietud política y social y, sobre todo, “muy comprometidos”. Esa fue la razón, y no otra, de que fuera una ciudad muy golpeada.

La Noche de los Lápices

Como respuesta a esos movimientos nació antes del golpe de Estado un grupo de extrema derecha bautizado como la Alianza Anticomunista Argentina, la temida Triple A liderada por José López Rega, un ex ministro peronista. Fueron los años de acontecimientos luctuosos como la llamada 'Noche de los Lápices' cuando un grupo de estudiantes de La Plata, entre los que estaba el joven Barandiaran, salieron a la calle para reclamar el billete de autobús gratuito para los estudiantes de secundaria. Aquella noche, diez jóvenes de entre 16 y 19 años fueron secuestrados, torturados y asesinados. La película de Héctor Olivera 'La noche de los lápices' recoge a la perfección todo el drama de la historia.

Tuvieron que pasar casi dos décadas para que trascendieran a la opinión pública los horrores padecidos por los jugadores de un club nacido en 1934 y que son conocidos como 'los canarios' por su camiseta amarilla. Claudio Gómez, un periodista argentino autor del libro 'Maten al rugbier', llegó a decir: “El rugby fue el deporte más golpeado por las desapariciones y también al que más se le dio la espalda”.

Enrique Walker.

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Poco a poco la verdad fue saliendo a la luz. Ya lo advertía la ingeniosa Mafalda: “Vivir sin leer es peligroso, te obliga a creer lo que te digan”. No pasó inadvertida una intervención pública de una mujer nacida en La Plata y tan importante como Cristina Fernández de Kirchner cuando acudió a inaugurar un canal de televisión llamado DeporTV. Fue durante su mandato como presidenta del país. En su alocución, se refirió a la ciudad que le vio nacer y a los jugadores de rugby que desaparecieron “muchos de los cuales eran amigos míos”. Hay quien afirma que sus palabras fueron muy sentidas porque su primer novio jugó en el equipo de San Luis en La Plata.

El primer jugador secuestrado, torturado y asesinado fue Hernán Rocca, un estudiante de Medicina de 21 años de edad. Ocurrió el 28 de marzo de 1975. Para más inri, aquel día se celebraba la festividad del Viernes Santo. Un grupo de terroristas afín a la ultraderecha y de ideología fascista llamado Concentración Nacional Universitaria (CNU) le abordó antes de que llegara a su casa y le secuestraron. ¿Motivo? Se presupone que ser un activista de la Juventud Universitaria Peronista (JUP).

Ese año, el equipo donde había jugado de medio de melé, iba a hacer una gira por Europa. Cuando ya habían cruzado el charco sus compañeros se enteraron de que Hernán había sido acribillado a balazos. La lista la completan otros 19 jugadores de su equipo. La termina Julio Álvarez, desaparecido en junio 1978. Resulta curioso el caso de Juan Gustavo Murici, un jugador con un brillante expediente académico en la facultad de Derecho. Murió al sentirse rodeado por la Policía. Uno de los que más lloró su muerte fue su gran amigo y compañero en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) de nombre Néstor y de apellido Kirchner, esto es, el marido de Cristina Fernández que gobernó el país entre 2003 y 2007.

Tortura

Dentro de ese listado del horror emerge la figura de Rodolfo Axa, toda una vida con un balón oval en sus manos como jugador del equipo de La Plata. Fue secuestrado el 12 de abril de 1977 cuando tenía 30 años, y lo último que se sabe de él es que el día anterior, al saberse perseguido, había pernoctado en casa de sus suegros. Pancho o Fel, como le conocían sus compañeros, fue militante de las FAR, un grupo que su fusionó con los Montoneros y, claro, el Ejército lo puso en su punto de mira. Hay testigos que afirman haberle visto días después de su desaparición en un centro clandestino de detención y tortura llamado La Cacha, en La Plata.

Juan Sebastián Hernández Larguía.

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Su caso fue incluido en una causa donde los responsables del centro fueron condenados por delitos de lesa humanidad. En el juicio, un preso relató las condiciones infrahumanas en las que estaban: atados con grilletes, sin apenas comida, una bolsa de plástico en la cabeza y cerca de las salas de tortura porque los detenidos podían escuchar sus alaridos de dolor de sus compañeros con toda claridad. La madre de Axat nunca se rindió. Su hijo sigue en paradero desconocido y, pese a ello, la mujer siguió pagando religiosamente la cuota social del club durante 25 años.

La propia Unión Argentina de Rugby (UAR) tardó casi medio siglo en reconocer la existencia de jugadores de rugby desaparecidos. Y no lo hizo por gusto. Fue a raíz de una visita que los All Blacks hicieron a Argentina cuando un grupo de jugadores visitó la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), un lugar que durante la dictadura se convirtió en un centro de detención, tortura y exterminio. En España se hizo famosa a raíz de la confesión que hizo el ex militar argentino Adolfo Schilingo ante el juez Baltasar Garzón sobre los vuelos de la muerte organizados por la ESMA que, básicamente, consistían en arrojar al mar desde un avión los cuerpos con o sin vida de los detenidos.

63 clubes

Se habla de 161 jugadores de rugby desparecidos por todo el país, pertenecientes a 63 clubes repartidos por 12 provincias, y en lugares tan distantes como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y, por supuesto, La Plata. Pero no son datos oficiales, son datos recogidos por Carola Ochoa que llevan a una conclusión muy esclarecedora: el 70% de los deportistas que fueron víctimas del terrorismo de Estado en Argentina eran jugadores de rugby.

Sirva el caso del ex jugador de Tacuará, Fernando Piérola, como ejemplo de la crueldad con la que se empleó la Policía. El estudiante de arquitectura y miembro de los Montoneros fue torturado hasta la muerte. Un ex compañero de celda aseguró que Piérola fue colgado por los pies y que sus torturadores apagaban sus cigarrillos en su cuerpo. Luego, le fusilaron en La masacre de la Margarita Belén junto a otros diez compañeros.

Jorge Alejandro Ulloa.

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Sin ese exhaustivo trabajo de Carola Ochoa la mayoría de los casos seguirían sólo en el recuerdo de familiares y amigos. En declaraciones a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, comenta que durante 35 años diversos organismos vinculados con la defensa de los derechos humanos rindieron homenajes “esporádicos” a “rugbieres” desaparecidos con escasa participación del mundo del rugby. Así que en 2014 se propuso la terea de honrar a esos jugadores. Viajó en solitario por todas las provincias del país “buscando historias en los clubes de rugby donde podía haber jugadores desaparecidos”.

Comprobación uno a uno

Uno a uno, iba comprobando sus datos con los registros de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) hasta llegar a la cifra de 161 desparecidos. Poco después se unió a la tarea el ex internacional argentino Eliseo Nicolás Branca “que supuso para mí un gran apoyo emocional y la persona que me ayudó a admirar los calores que atesora este noble deporte que es el rugby”.

Su labor de investigación y las charlas con muchos veteranos “compartiendo momentos inolvidables” ayudó a la creación de un torneo que sirve para rendir homenaje a esos 161 jugadores. Ahora bien, la UAR no parece muy entusiasmada con la idea. “Todavía hay mucho rechazo y pienso que debe ser por la gran resistencia a escuchar al que intenta algo de corazón”, se lamenta Ochoa. Ella piensa que hacer las cosas “sin ninguna ambición monetaria” y desde el sentimentalismo “asusta a los más poderosos”. Sin embargo, se muestra esperanzada en que un día la UAR incluya en su calendario este tipo de torneos “que sirven para construir un rugby y una sociedad más justa e igualitaria”.

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