EL CUADERNO DE... (7)

En la guarida de Ruth Lorenzo: "Me dijeron que había que endulzar mi imagen porque el público no conectaba conmigo"

Eternamente soñadora, la cantautora jamás ha renunciado a los principios artísticos en los que ha cimentado su carrera: su música, encabezada hoy por el grito de liberación 'Woman', refleja los altibajos que ha sufrido con tal de defenderlos

Puedes ver la entrevista completa a Ruth Lorenzo aquí

Entramos en la guarida de Ruth Lorenzo: el Hard Rock Hotel le ha inspirado para escribir algunas de sus canciones.

ALBA VIGARAY | PI STUDIO

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Tras el porte de Ruth Lorenzo, aguarda una chica sincera, frágil y cariñosa. Eso no quiere decir que sea débil, para nada. Sino que ha tenido que acorazar el tórax para soportar los embistes que, desde pequeña, ha debido enfrentar. En esta particular armadura hay tantos arañazos como canciones ha compuesto, pues sólo en ellas ha encontrado el espacio más seguro para abordarlos. La música le ha ayudado a canalizar la rabia, la pena y la angustia que trajo la separación de sus padres, la anorexia, el cambio de país, la incomprensión artística, el contrato fallido...

Tres sentimientos que, aunque maquillados de éxito, han condicionado su vida hasta la actualidad: a sus 40 años, la artista se ha desprendido del hierro que le protegía... y ahogaba. Ahora, al desnudo, disfruta de la libertad que abandera en Woman, un cántico de guerra por las mujeres que no se callan, que no se dejan pisar, que no bajan la cabeza. Como ella.

Ruth muestra el boceto de 'Woman', la canción que quiso presentar al Benidorm Fest 2024.

Ruth muestra el boceto de 'Woman', la canción que quiso presentar al Benidorm Fest 2024. / JAVIER BARBANCHO

“Cuando quieres avanzar no te queda otra que saltar obstáculos. Yo soy una idealista loca. Me encanta el poder que tenemos de ser las mejores versiones de nosotros. Y, en especial, observar cómo podemos destruirlo todo de la noche a la mañana. Tenemos habilidades bestiales, la cuestión es de qué manera resonamos por dentro”, asegura Ruth, que reconoce estar en el mejor momento de su carrera. Por primera vez, no para de alumbrar temas con un poso luminoso: la inspiración es la misma, pero el enfoque ha cambiado.

Quizá, porque hoy respira sin ningún peso sobre la espalda. Así lo demuestra durante la entrevista, organizada en la suite del Hard Rock Hotel de Madrid: EL PERIÓDICO DE ESPAÑA entra en uno de sus rincones favoritos de la capital. Uno que, entre guitarras de Antonio Vega y vestidos de Rihanna, le ha dado calor a tantas madrugadas en vela.

Entre guitarras de Antonio Vega y vestidos de Rihanna, Ruth se pasea por el Hard Rock Hotel. 

Entre guitarras de Antonio Vega y vestidos de Rihanna, Ruth se pasea por el Hard Rock Hotel.  / JAVIER BARBANCHO

Desde aquí, piensa a menudo en la niña que dejó su Murcia natal para arrancar de cero en Utah (Estados Unidos). Junto a su madre y hermanos, puso rumbo al país donde los sueños no terminaron de tomar cuerpo. Aunque, al menos, inició una conexión con el arte que se ha vuelto indestructible: nada más llegar, a instancia de sus profesores, se presentó a las pruebas de selección de El fantasma de la ópera y My Fair Lady, dos musicales que avivaron su entonces incipiente llama.

“Maduré antes que el resto. Soy sensible e intuitiva, lo que me ha permitido saber si las cosas van bien o no. Odio el conflicto y, para evitarlo, saco las patitas donde sea necesario con tal de que haya armonía. Es horrible, lo sé. Porque, además, no podía expresar lo que sentía para no convertirme en una carga más. Todo ello se va posando en un lugar que, cuando menos te lo esperas, empieza a agitarse para salir”, sostiene.

P. ¿Estas experiencias las ha reflejado ya en sus letras?

R. Unas, sí. Otras, no. De hecho, algunas no las puedo ni cantar. Me pasa, por ejemplo, con Pain. Soy incapaz. Hay momentos en los que te subes a un escenario y te sientes vulnerable por exponer algo tan personal. Entonces, tienes dos opciones: ¿te conviertes en un producto para no mostrar tu interior? ¿O acarreas con las consecuencias? Yo soy esta última.

P. Qué valiente.

R. La música me ha salvado. Tener un trastorno de la alimentación significa que estás sufriendo una depresión. Y alguien que lucha contra eso necesita válvulas de escape. De lo contrario, estás perdido. La mía fue la necesidad constante de crear. Tengo una imagen clavada en mi mente de cuando, aún en Estados Unidos, iba a trabajar a una hamburguesería: vivíamos a tres manzanas del Burger Supreme, donde curré en el almacén y, más tarde, en el drive-through. Durante el trayecto, me recuerdo cantando. Y eso fue lo que me ayudó a crear una burbuja en la que me sentía protegida.

P. ¿Le ha dedicado algún verso ya a aquella renacuaja?

Todavía no. En cualquier caso, le diría que no se preocupe. Las expectativas no tienen por qué ser el camino real.

Un contrato millonario


Regresó a España con 16, momento en el que decidió formarse en canto. Una actividad que pronto tuvo que dejar aparcada por los problemas financieros de la familia. Sin embargo, esto no lo frenó y, con 19, fundó una banda con la que giró durante tres temporadas. Tras intentarlo en Operación Triunfo, puso rumbo a Reino Unido: allí, entró en X Factor, donde llegó a la fase final gracias a sus impecables versiones de Purple Rain, Always y Knockin’ On Heaven’s Door.

A pesar de no contar con una región británica que la apoyase, empezó a recibir halagos de rostros de la talla de Judi Dench, Simon Cowell, Johnny Depp, Gordon Brown… Los 15 millones que aglutinaba cada semana el programa la convirtió en una rock star: “Mis momentos favoritos eran las sesiones en Abbey Road. Y los que compartí junto a Ronda Smith, bajista de Prince, y Amy Wadge, autora del Think Out Loud de Ed Sheeran”.

Judi Dench, Simon Cowell y Johnny Depp fueron algunas de las personalidades que apoyaron a Ruth en 'X Factor'. 

Judi Dench, Simon Cowell y Johnny Depp fueron algunas de las personalidades que apoyaron a Ruth en 'X Factor'.  / JAVIER BARBANCHO

Para entonces, Virgin Records ya le había ofrecido un contrato de un millón de libras. Lo aceptó, pero varios desencuentros propiciaron su ruptura. “Cuando eres joven, cuesta poco rechazar algo así. Yo era una kamikaze, sentía que era la decisión correcta. Si bien, al entrar en la compañía, estaba claro lo que querían hacer conmigo, las ideas se fueron diluyendo y fui pasando por diversos A&R. Esto es peligroso porque la mayoría son cantantes frustrados que quieren hacer su arte a través de ti. No era feliz, pues lo más probable era que acabase en un cajón", explica.

De repente, ocurrió algo: la empresa quebró. Y, entonces, le dieron la opción de rescindir el acuerdo o de continuar con Universal, que la había absorbido. Optó por lo primero. Y en libertad, con el dinero que le había ingresado Hacienda, adquirió las canciones que escribió durante su estancia en ella.

P. Tiene que ser jodido firmar autógrafos mientras hace números para tomarse una cerveza.

R. Los ahorros que tenía los invertí en comprar mis canciones, por lo que me quedé sin un duro. Así que me tuve que buscar la vida: si no tenía para comprar de todo, robaba el resto. He comido muchos yogures caducados, ¿sabes? Hay quien me dice que es mejor que no cuente esto, ¿por qué no? Seguro que hay quien está en una situación similar. Tenía una doble vida muy dispar. Por un lado, me colaba en el metro. Y, por otro, vestía la mejor ropa gracias a los showrooms. Sin duda, fueron mis mejores años. Una época de macarra total.

P. Por aquel entonces, varios países le ofrecieron la papeleta de Eurovisión.

R. Sí, Irlanda y Reino Unido. Y lo rechacé… porque lo que solían llevar eran cuadros. Como estaban acostumbrados a perder, mandaban truños. Y, para mí, hay que tener respeto a cualquier escenario: siempre hay que subirse a ellos dispuestos a dar lo mejor de ti. Y no se trata de ser más o menos friki: la propuesta de Rodolfo Chikilicuatre, por ejemplo, me gustó por tener un concepto propio, aunque luego en Belgrado la ejecución fuese demasiado seria. Lo mismo me sucedió con Finlandia y los monstruos de Lordi.

P. En 2014, representó a España con Dancing In The Rain. Y no le fue mal. ¿Le compensó?

R. Me convenció Pastora Soler. No estaba en mis planes presentarme a una preselección. Y, por supuesto, valió la pena: poder empezar de nuevo sin tener que arrancar de cero es un regalo. El amor que he recibido de mi tierra ha sido bestial. Mi música no ha llegado aún al lugar en el que quiero que esté, pero me siento arropadísima.

La RAE, en pie de guerra


La historia detrás de su candidatura resulta cuanto menos pintoresca. El estudio donde componía se localizaba en Battersea, el barrio donde la diseñadora Vivienne Westwood tenía su taller. Cada día, daba igual el tiempo que hiciese, incluida la lluvia, la veía llegar en bicicleta. Ese arrojo le inspiró en un periodo en el que sus cimientos empezaban a tambalearse: “Por mucha mierda que caiga, hay que seguir adelante”, pensó. Una plegaria que se transformó en la canción que devolvió a España a los 10 primeros puestos de Eurovisión y que, por incluir frases en inglés, enfureció a la Real Academia Española.

El entonces director de la institución, José Manuel Blecua, envió una carta al presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique, manifestado su “inquietud” por el matiz lingüístico de la propuesta. La cantautora no sólo desoyó sus proclamas, sino que añadió aún más estrofas en este idioma: “Se pusieron muy pesados. Lo importante es que el tema sea bueno. Punto”.

Ruth Lorenzo, durante los ensayos de 'Dancing In The Rain' en Eurovisión. 

Ruth Lorenzo, durante los ensayos de 'Dancing In The Rain' en Eurovisión.  / RTVE

Impulsada por el buen resultado obtenido, Ruth comenzó a trabajar en el que sería su álbum debut. Tras el bofetón recibido en Londres, era el momento de curar esta herida. Planeta azul (2014) llegó al mercado con un sonido distinto y desencajado.

“Eran los cortes que quería, pero con la producción que no debía. Como curiosidad, una se quedó fuera porque la consideraban demasiada alternativa. Se llamaba El río y, posiblemente, la recupere en el futuro. Si pudiera volver a hacerlo sería otro disco diferente. Se buscó que encajase con un tipo de audiencia que no era la mía. Acepté las decisiones para comprobar si las que tomé en Reino Unido estaban erradas o no. También para evitar que, de nuevo, me volviesen a tachar de complicada y compleja”, mantiene.

P. ¿Le llamaban así?

R. Un montón de veces. Me decían que había que suavizar y endulzar mi imagen. Que no debía hablar de tal modo para no parecer dura. O que parecía fría y que, por tanto, era difícil conectar conmigo. Comentarios que me afectaban porque yo no soy así. Además, está la presión de que quieres encajar y que el proyecto funcione porque sabes la inversión que ha hecho el sello. Así que intentas amoldarte… pero la realidad es que no funcionó.

P. Con Loveaholic, de esencia oscura y densa, se alejó bastante del elepé anterior. ¿Fue un cambio premeditado?

R. Era lo que quise hacer desde un principio. De ahí que recuperase Moscas muertas, The First Man, Amanecer y, por supuesto, Another Day. La hice con Jeff Beck, con quien tuve una conexión muy bonita cuando colaboramos en Tribal. Así que le pedí que tocase un solo en uno de mis temas. Me dijo que le enviase los que tenía y escogió éste. Increíble. Lo triste es que ha habido gente en España que me ha preguntado cuánto le pagué. ¿Perdona? Si él no quiere, no lo hace. Es como si te quitaran valor. A este álbum le tengo un amor increíble… pero se quedó en un limbo después de que mi mánager se saturase y desapareciera. Me gustaría relanzarlo.

P. Con el tercero tampoco lo tuvo fácil: Crisálida no llegó ni siquiera a editarse.

R. Hubo un conflicto de intereses con la discográfica. No puedo contar más porque, gracias a Dios, es un asunto cerrado y puedo avanzar. Lo que sí puedo decir es que fue doloroso. Lo maravilloso es que ahora he podido lanzar mi grito de liberación en La reina.

Sí (pero no) al Benidorm Fest


Los tres títulos que conforman este epé no tienen necesidad de viaje. Es su estado natural. Sin tapujos ni medias tintas. En Libre, por ejemplo, subraya: “No me das opciones, más que saltar al vacío. Y es que no soy tuya, soy sólo mía y de nadie más. No me das opciones, más que contar mi verdad. Apuntar al pecho y sin piedad cantar”. Una letra que empezó en 2015 y finiquitó en 2022.

Tal vez, porque hasta entonces no se sintió todo lo fuerte para encarar un mensaje así: “Estaba viendo las noticias en casa con el volumen bajito cuando, de pronto, apareció Isabel Pantoja entrando en la cárcel. La vi con un temple tan grande pese a la circunstancia que me salió el estribillo al momento. Se la quise mandar, pero no lograba acabarla. Lo conseguí cuando alcancé la libertad que llevaba tanto sin disfrutar: tardé siete años, no me gusta empujar las canciones. Salen cuando les toca”.

El último trabajo de Ruth Lorenzo es 'La reina', el primero de una nueva etapa en su carrera.  

El último trabajo de Ruth Lorenzo es 'La reina', el primero de una nueva etapa en su carrera.   / IMAGEN CEDIDA

En , por contra, se atreve a hablar de aquello que le hizo daño en el pasado: “Si aprendes a mirar desde otro prisma tus mierdas, verás que merecen la pena. El aprendizaje es más valioso que la ausencia de dolor”. Un proceso que, desde su resurgir, está guiado única y exclusivamente por su corazón: el único interés que la dirige es la satisfacción de seguir sus dictados. Por ello, sacó Woman de este álbum: un pálpito la ánimo a guardarla para el Benidorm Fest.

“Me chivaron que iban a cambiar a las bases y aceptar letras íntegramente en inglés, pero no ha sido así”, señala. Un revés que no sólo ha frustrado su regreso a Eurovisión, sino también la posibilidad que la cita contase con un nombre de altura para consolidarse. No obstante, sus miras van más allá. Y, como la niña soñadora que fue, aún sigue colocándose con la guitarra delante del espejo gritando: “Madison Square Garden, Madison Square Garden, Madison Square Garden…”.

P. ¿A quién le dedica sus éxitos?

R. A mi madre. Si me dan un premio, se lo mando de inmediato. Sacó adelante sola a seis hijos y fue una de las primeras españolas en divorciarse. Montó una empresa. Y es la feminista más feminista que conozco. Una diosa absoluta y auténtica.