PERFIL

Así es Jimmy Kimmel, el relevo de Chris Rock en los Oscars

El veterano presentador de 'late-night', un cómico a la vez elegante y absurdo, político y personal, regresa como anfitrión tras su labor en las ediciones de 2017 y 2018

El cómico Jimmy Kimmel.

El cómico Jimmy Kimmel. / AMANDA EDWARDS

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Tras presentar las ediciones de 2017 y 2018, Jimmy Kimmel vuelve este año a los Oscars con la complicada misión de hacer olvidar la existencia de Chris Rock o toparse con un momento tan viral como La Bofetada. Por su parte, Kimmel tampoco es extraño a la controversia, algo que le conecta con uno de sus héroes, el agitador radiofónico Howard Stern. Pero sobre todo es un amante de la ironía elegante de David Letterman, cuyo histórico late-night siempre le pareció "más importante que dormir", según escribió en un tributo al icono televisivo para Time. "Cada noche veía su programa con la clase de fervor en ebullición que se usa en los periódicos para describir a adolescentes que lo dejan todo para luchar por ISIS", escribía. Lo acabamos de decir: Kimmel también puede jugársela.

Bromas en la radio 

Pero la influencia de las tácticas de choque de Stern se traduce en su caso, sobre todo, en grandes bromazos. Kimmel fue despedido de su primer trabajo radiofónico remunerado por, entre otras cosas, gastar bromas pesadas a su jefe en el aire. La tele no entraba en sus planes, pero gracias a su primer programa como (co)presentador (el concurso Win Ben Stein's Money) se llevó un Emmy en 2001, once años antes de encargarse por primera vez de la gala de esos premios.

Del concurso pasó a la comedia de sketches medio grosera (The Man Show, Crank Yankers) y, no mucho después, un emblemático late-night (Jimmy Kimmel Live!que le mantiene ocupado en la cadena ABC desde el 2003. Es el presentador estadounidense que más tiempo lleva al frente de un programa de este estilo, después de que Conan O'Brien se retirara de la competición en 2021

En la tercera temporada, a Kimmel se le ocurrió despedir un programa pidiendo disculpas a Matt Damon por quedarse sin tiempo y tener que cortar su (supuesta) aparición. La broma gustó tanto dentro del equipo que empezó a ser chiste recurrente. Cuando en 2006 logró sentar a Damon en el sofá, tan solo le dedicó unos segundos. Y el actor se enfurruñaba, pero era todo una fantástica farsa, como otras etapas de su rivalidad.

El ascenso de Trump a la presidencia potenció un ángulo más político en Kimmel. Debido al giro, la mitad de su audiencia le dio la espalda, según ha dicho recientemente en el pódcast Naked Lunch. Lo político se mezcló con lo personal en su famoso monólogo de 2017 sobre la cardiopatía de su segundo hijo, la Tetralogía de Fallot, que afecta al flujo normal de la sangre por el corazón. Lo que parecía una (inédita) confesión personal y familiar se convirtió, además, en recordatorio de cómo se trataba a los niños con anomalías congénitas antes de la ley sanitaria de Obama, la misma que Trump pretendía por entonces desmantelar. 

Su paso por anteriores Oscars 

A muchos nos habría gustado que también en los Oscars de 2017 hubiese arremetido con esa sinceridad contra el nuevo presidente, pero se limitó a recordar los comentarios de Trump sobre lo sobrevalorada que está Meryl Streep (fake news, por supuesto). Ese mismo año dedicó mucho, mucho tiempo a un momento cómico protagonizado por aparentes turistas a los que se había engañado para entrar en el Dolby Theatre. Por el camino, Kimmel tuvo la ocurrencia de reírse del nombre de una mujer coreana-estadounidense, Yulree, algo que no tuvo gracia alguna y que soliviantó al activismo asiático. 

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Kimmel estuvo bastante mejor en 2018, cuando resolvió con fortuna la papeleta de acercarse al momento #MeToo con empatía a la vez que humor. Buen dardo para la industria: "Hicimos una película llamada ¿En qué piensan las mujeres? y el prota fue Mel Gibson". O algo para la reflexión: "Si podemos unirnos para parar el acoso sexual en el trabajo, las mujeres solo tendrán que lidiar con el acoso sexual en todos los otros sitios a los que vayan". Pero no faltó otra broma pesada en más de un sentido, en este caso la visita de Kimmel y una banda de forajidos (incluyendo el caído en desgracia Armie Hammer) a un cine de la acera de enfrente para distraer a la gente que veía tranquilamente Un pliegue en el tiempo

Lo peor que podía pasarle a Kimmel poco antes de estos Oscars era el estreno, el pasado domingo, de un especial de comedia de Chris Rock, el hombre al que debería hacer olvidar. Y con catarsis final sobre La Bofetada incluida. Pero no minusvaloremos la capacidad de este experto comunicador no solo para entretener, sino también remover, hacer pensar. Si se olvida de montar otro de sus bromazos, podría ser una noche más que llevadera. 

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