REPORTAJE

La Campiña Segoviana, en pie de guerra contra las macrogranjas: "No queremos ser la pocilga de España"

Obras de ampliación de una industria cárnica especializada en cochinillo, en Tabladillo, Segovia.

Obras de ampliación de una industria cárnica especializada en cochinillo, en Tabladillo, Segovia. / ALBA VIGARAY

En la provincia de Segovia hay más de 8 cerdos por habitante. La industria de la explotación intensiva porcina, altamente contaminante, amenaza con crecer sin control.

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Llueve en Bernardos, un pequeño pueblo de menos de 500 habitantes en la comarca de la Campiña Segoviana. En la Plaza Mayor lucen pancartas y carteles contra lo que que se les viene encima: la construcción de 48 nuevas granjas de cerdos en toda la provincia. Las explotaciones ganaderas industriales, las mismas que ha criticado Alberto Garzón esta misma semana, ya asoman la patita. Un modelo industrial que ha hecho estragos en Cataluña, Aragón y Andalucía, y que amenaza ahora con arraigar en las dos Castillas. Especialmente en Castilla y León, donde queda menos de un mes para las elecciones.

La provincia de Segovia es la más pequeña de toda su comunidad autónoma. También la segunda menos poblada (sólo superada por Soria) con poco más de 153.000 habitantes. Por contra, es la que más cerdos tiene. El cochinillo es el buque insignia segoviano y eso se nota. El censo porcino excede con holgura el millón de animales. "Se encuentra en torno a los 1.300.000 ejemplares en toda la provincia. Sale a casi 8,5 cerdos y medio por persona".

Se lo cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Belén Bernardos. Ella, que se apellida como su pueblo, emigró pronto a Madrid. Ha regresado ahora a sus orígenes para encontrar en el entorno rural una vida más apacible. Pero se ha encontrado con que quieren convertirle el pueblo "en la pocilga de España". Y no están dispuestos. Ni ella, ni los vecinos del pueblo, ni los de los municipios colindantes. Añe, Domingo García, Armuña... Todos amenazados por la posible construcción de nuevas macrogranjas y la ampliación de las ya existentes.

Por eso han montado una plataforma vecinal que congrega a estos municipios de la Campiña Segoviana. Un enclave rural que siempre ha vivido de la agricultura (especialmente el cereal) y la ganadería. "Pero la ganadería extensiva y sostenible; la de toda la vida. No esto", puntualiza Rafael Chamorro, otro de los integrantes de la entidad. Se llaman Plataforma Futuro Limpio Campiña Segoviana y se unen así a otras homólogas que ya funcionan en Zamora, Cuenca o Albacete. Reciben a este periódico en la Plaza Mayor de Bernardos, justo el día en el que la oposición ha pedido una rectificación al ministro Garzón por abordar de forma polémica en The Guardian la cuestión de las macrogranjas.

Estas son las consideradas Zonas Vulnerables de la provincia de Segovia por la contaminación

/ Alba Vigaray

España, con casi 33 millones de cabezas (según Eurostat), es el país con más ganado porcino de la Comunidad Europea (por delante de Alemania y Dinamarca). Y el tercero del mundo, sólo por detrás de China y Estados Unidos. Segovia es un puntal nacional en este sector y aquí manda el mercado. Ahora, los vecinos de la campiña temen que ese cambio de paradigma les cambie también la vida. Y no lo dicen sólo ellos. La propia Junta de Castilla y León ha decretado 24 zonas vulnerables por la contaminación por nitratos, que comprenden 387 municipios y 10.000 kilómetros cuadrados.

Sin embargo, los proyectos siguen adelante y el sector no deja de crecer. Muy cerca de Bernardos se encuentra Cárnicas Tabladillo, la empresa segoviana especializada en servir cochinillo. Vende su producto en más de 20 países y ha sido condecorada como mejor empresa segoviana del año. Las máquina excavadoras trabajan en torno a la planta. Se encuentra en un proceso de ampliación que empezó en 2018 y que les va a permitir incrementar su producción en un 60% y pasar a sacrificar 10.000 cochinillos al día.1 Hemos intentado hablar con ellos, pero no nos han atendido,

Tres problemas

Son tres las principales preocupaciones que traerían las macrogranjas a los habitantes de la zona: el incremento de la contaminación en aire y agua, los olores que van a tener que soportar a diario y el trasiego de camiones y maquinaria pesada por un pueblo que no tiene ni una gran avenida por donde transitar. El primero es el que más preocupa. Especialmente la contaminación del agua. Son muchos los municipios de la provincia que no pueden consumir el agua de sus grifos a causa de la contaminación que generan estas industrias. Esto ya es así sin presencia de macrogranjas. "Si salen adelante estos proyectos, imagínate de qué agua estaremos hablando", explican desde la plataforma.

Rafael Chamorro y Belén Bernardos son portavoces de la plataforma contra las macrogranjas.

/ Alba Vigaray

"Sobre la comarca se cierne una tormenta de estiércol", advierten en la campaña que han lanzado en Change.org para tratar de parar lo que parece inevitable. Porque esa es la clave de este conflicto: los denominados purines, que son los excrementos de los animales, son altamente contaminantes. Amoniaco, nitrato y fosfato que en la actualidad ya envenenan el agua del río Eresma, se multiplicarían de forma exponencial. "Se vierten sin control alguno", cuenta Belén.

Tampoco se tragan el gancho habitual de que las macrogranjas traerán empleo: "Tratan de convencernos diciendo que van a crear muchos puestos de trabajo. Son muchos más los empleos que se destruyen, porque muchos pequeños ganaderos locales se ven obligados a cerrar por no poder competir con las grandes empresas. Al desaparecer estas granjas se pierde población y la producción de carne de la mejor calidad. Estas empresas solo buscan el beneficio económico y carecen de sensibilidad hacia las personas que vivimos en estos pueblos y hacia su calidad medioambiental", cuentan desde la plataforma.

Dan la clave así de otro de los daños colaterales de la implantación de este sistema de ganadería intensiva: el daño a la España Vaciada. La paradoja de que crezca la industria en estos parajes no comporta un incremento de la población. Más bien al contrario: "Por la contaminación del agua y del aire, y por los malos olores, perderemos el turismo que ocupa las casas rurales. No se construirán viviendas de segunda residencia ni se rehabilitarán las viejas. Los profesionales que viven de la construcción y oficios afines se quedarán sin trabajo. Las tiendas y pequeñas industrias perderán sus clientes habituales. Nuestros pueblos se quedarán desiertos definitivamente", pronostican.

Desde Cataluña

El problema de las macrogranjas llega, cuentan desde Greenpeace a este diario, desde Cataluña. Fueron pioneros en este método de ganadería intensiva. El gigante Agropecuària de Guissona, ubicado en el municipio ilerdense del mismo nombre, implantó estas macrogranjas en Cataluña y ahora lo hace en Aragón, la comunidad autónoma con la que linda. "Intentaron abrir más granjas allí, pero se encontraron con una moratoria parcial de la Generalitat que se lo impidió. Por eso ahora expanden hacia Aragón, que es la zona más preocupante ahora mismo en España", asegura Luis Ferreirim, portavoz de los ecologistas. EL PERIÓDICO DE ESPAÑA se ha puesto en contacto con la empresa catalana, pero han declinado hacer declaraciones.

Este es el solar en el que se instalaría la próxima macrogranja porcina de Bernardos

/ Alba Vigaray

Las macrogranjas ya hicieron estragos en el agua de Cataluña. Según los datos de la Agencia Catalana del Agua, en 1998 había 204 municipios declarados Zona Vulnerable a Nitratos. Pero para 2015 ya habían pasado a 422 (más del doble en menos de dos décadas), lo que supone casi la mitad de los municipios catalanes. La Agencia concluía, en su Plan de Gestión de Distrito de Cuenca Fluvial 2022-2027, que “el 73% de las masas de agua subterráneas de Cataluña en un estado químico ‘malo’ lo son por exceso de nitratos”. Un informe de Greenpeace concluyó que la ganadería industrial de Cataluña es la que más contribuye de toda España a la crisis climática.

Denuncian además los ecologistas las condiciones de vida a las que se ven sometidos los animales de las este tipo de explotaciones. Activistas de Greenpeace se colaron en una granja intensiva porcina de Castillejar (Granada) y concluyeron que el ganado vive en una situación, que prácticamente no hay control ni inspecciones y que los incumplimientos de la ley raramente son sancionados. Lo más impactante del reportaje, no obstante, son las fotos.

La polémica de las macrogranjas parecía un problema circunscrito a municipios de la España Vaciada que se han unido también en esta cruzada. El ministro Garzón ha sido el que ha levantado la liebre esta semana, denunciando la situación en una entrevista en The Guardian. Unas declaraciones que han provocado también un seísmo político en España. El PSOE se desmarcó y la oposición exigió una rectificación inmediata.

Y de fondo, las elecciones. El próximo 13 de febrero se juega en las urnas el futuro del gobierno castellanoleonés. Unos comicios polémicos desde su concepción, desde que Alfonso Fernández Mañueco (PP) echase a Ciudadanos del gobierno y anticipase la cita electoral. En Bernardos y los pueblos aledaños, a nadie le cabe duda de que el cochinillo segoviano acabará siendo una inesperada baza a jugar por parte de los candidatos.

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