CRÍTICA

Barcelona, una ciudad mística y guerrera

En ‘La novela ideal’, Juan Miñana compone un amasijo de vidas cruzadas en los años anteriores a la Guerra Civil marcadas por la búsqueda de la utopía

El escritor Juan Miñana.

El escritor Juan Miñana. / JULIÁN MARTÍN

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Ricardo Baixeras

Las vidas y los milagros del poeta y dramaturgo Javier Viura (1882-1947) -espiritista, políglota, introductor de Richard Wagner por estos lares, "apóstol del naturismo nudista" y "místico libreculturista"-, de Federica Montseny (1905-1994) -ministra de la República, anarquista, escritora y editora- y del profesor italiano Nicolás Capo (1899-1977) -difusor de una dieta para regenerar enfermedades derivadas de una mala alimentación, la trofología, de la cultura libertaria y de la vida naturista- son el andamiaje que le sirve a Juan Miñana (Barcelona, 1959) para armar una ficción sobre una Barcelona narrada desde un arco temporal que va de los años 20 a los años 40, convirtiendo a la capital catalana en un amasijo místico y guerrero de historias cruzadas. 

Con los mimbres de la novela histórica y con una escritura limpia, certera y alejada de cualquier floritura, Miñana consigue trasladar una atmósfera que bebe de la fuente de lo verídico pero que juega con el poder de la ficción, que se cuela por doquier en un libro que cuenta la verdad como si. En esa alternancia entre historia e imaginación, la obra consigue lo que se propone: ofrecer al lector la geografía mental, social, religiosa, cultural y política de una ciudad y un país en búsqueda de la utopía, de la vida bohemia y de la libertad total pero que acabará por convertirse en un cuadro con el color gris de lo dictatorial, de lo prohibido y con el peso insoportable del sometimiento a las ideas unívocas. 

El poeta Viura -de quien Gaziel afirmó que era "la prueba del desastre que supone ser un intelectual puro en esta tierra" y sobre quien Josep Pla se preguntaba: "¿Quién era aquel hombre? Siempre me pareció un hombre del subsuelo en el que sentido que daba a esta palabra Fiódor Dostoievski"- pasará la novela en la cárcel tras una denuncia que reza así: "La presente denuncia, de fecha 23 de diciembre de 1941, se refiere a un personaje enajenado que supuestamente se ha quedado a cargo de dicha casa, y que ha dado muestras de inmoralidad al pasearse desnudo por el patio de la vivienda, a la vista de las casas vecinas, y de hablar solo y en voz alta abrazando a un árbol". Se pone de manifiesto que en la casa que ocupa el denunciante -Rosaleda, 21- viven dos hijas menores de edad educadas en la rectitud cristiana y las buenas costumbres". Su estancia en prisión se alargará durante meses, pero el lector desde el inicio asistirá a una alternancia entre la vida de la prisión y la vida de fuera. Esa es la estructura que ha elegido Miñana para su ficción y la que le permite hacer convivir los dos tiempos del personaje principal: el afuera futuro y el adentro presente de un Viura que conviven al unísono en el mundo de la ficción, en una constante ida y venida entre la exterioridad e interioridad de un personaje que tratará de luchar contra las convenciones mojigatas de una ciudad que cercena toda pretensión de libertad. 

Miñana ha querido que su retrato de Barcelona transite por los vericuetos de unas vidas anegadas por un entusiasmo romántico y por unos discursos que son emblema de una "fraternidad universal" todavía por venir. 

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