CIENCIA

Las ranas de Chernóbil podrían ayudar a los futuros astronautas

Un equipo de investigadores españoles halla una curiosa relación entre el color de estos anfibios y su resistencia a la radiación

Rana de la especie ’Hyla orientalis’, en una imagen de archivo.

Rana de la especie ’Hyla orientalis’, en una imagen de archivo. / BENNY TRAPP

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¿Podrían las ranas de Chernóbil contribuir al futuro de la exploración espacial? Por estrambótica que parezca la pregunta, la respuesta es sí. Para entender el porqué, manténgase atentos a esta historia de investigaciones radiactivas, reptiles que se 'tiñen' de negro para protegerse de las amenazas externas y astronautas expuestos a la radiación espacial.

Nuestra historia empieza en Chernóbil. Para ser más exactos, el 26 de abril de 1986, cuando la explosión de un reactor nuclear convirtió la ciudad ucraniana en el escenario del mayor desastre nuclear y uno de los mayores desastres medioambientales jamás conocidos. Han pasado casi cuarenta años desde entonces y, según recalcan innumerables informes, todavía hay debate sobre cómo la radiación ha transformado el ecosistema de la región.  

Hace cinco años, un equipo de investigadores españoles se dispuso a analizar cómo eran los animales que aún vivían cerca de la central y realizaron un curioso descubrimiento: las ranas que vivían en la 'zona cero' del accidente eran más oscuras que las que vivían en parajes más alejados. Las ranas (Hyla orientalis) de Chernóbil eran completamente negras, mientras que las de 'extrarradio' eran de un verde brillante. También se observó que las poblaciones de estos animales se iban 'tiñendo' a medida que se acercaban a las zonas que en su día quedaron más expuestas por la radiación y aclarando conforme se alejaban de estos puntos. ¿A qué se podría deber esto?

Estudio sobre el color de las ranas de Chernóbil. / UNIVERSIDAD DE OVIEDO

Una posible explicación, según apunta un nuevo estudio liderado por el investigador Germán Orizaola de la Universidad de Oviedo, tiene que ver con la "protección" que podrían brindar los colores oscuros frente a la radiación. "La coloración oscura, asociada a una mayor concentración de melanina, podría reducir el daño causado por la radiación en los organismos vivos, al disipar parte de esa radiación o disminuir la acción de radicales libres", recalca la investigación, publicada esta semana en la revista científica 'Evolutionary Applications'.

"La coloración oscura, asociada a una mayor concentración de melanina, podría reducir el daño causado por la radiación"

Evolución natural

Los científicos españoles también estudiaron si las ranas más oscuras habían absorbido más radiación que sus compañeras verdes brillantes. Y la respuesta, basada en el análisis de casi doscientos ejemplares, parece indicar que no. El estudio apunta a que las ranas negras de Chornobyl podrían ser fruto de un proceso de selección natural generado, en primer lugar, por la exposición inicial a niveles muy altos de radiación y, en segundo lugar, a la supervivencia de los ejemplares con esta característica.

"Los individuos con una coloración más oscura, es decir con mayores niveles de melanina, habrían sufrido un menor impacto de la radiación liberada por el accidente. Esta mayor protección habría hecho que su frecuencia dentro de la población se viera aumentada, hasta los niveles detectados en la actualidad", concluye la investigación.

Exploración espacial

¿Entonces cómo pueden estas ranas ayudar al futuro de la exploración espacial? Pues bien, según explican los impulsores de este trabajo, este estudio abre nuevas líneas de investigación para entender si la melanina puede jugar en la protección frente a radiaciones de todo tipo (ya sea generadas por las centrales nucleares y sus residuos o la radiación electromagnética del espacio). 

Este tipo de conocimientos podría aplicarse, en un futuro, al desarrollo de las misiones extraterrestres. O al diseño de los trajes de los astronautas que, algún día, pisarán el planeta rojo. Protegerse de la radiación será clave para el éxito de estas misiones. Y puede que las ranitas de Chernóbil, a su manera, ayuden a los futuros exploradores espaciales

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