Derechos LGTBI

El primer matrimonio homosexual español festeja su amor 17 años después

Emilio Menéndez y Carlos Baturín recuerdan ese día con alegría y celebran que hoy en día "para salir del armario hoy en día da igual estar en un pueblo que en una ciudad"

Emilio Menéndez y Carlos Baturín, de vacaciones en Asturias.

Emilio Menéndez y Carlos Baturín, de vacaciones en Asturias.

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Jairo Segurola

Emilio Menéndez, asturiano de nacimiento y residente en Madrid, se casó hace 17 años con el neoyorquino Carlos Baturín, que ya lleva "cincuenta años en España", apunta su marido. Fue la primera boda homosexual que se celebró en España, un hito que posicionó al país en la vanguardia mundial de los derechos LGTBI. Confiesa Emilio que la intención de la pareja era casarse en Massachusetts, donde se conocieron, ya que, por aquel entonces, allí era legal: "Cuando votaron la ley en España, Carlos ya había sacado todos los papeles y había recogido toda la documentación necesaria. Así que cuando se aprobó, el primer día de vigencia de la ley, ya estábamos en Madrid en el juzgado para solicitar el expediente matrimonial. Teníamos esa prisa porque pensábamos que no iba a durar", relata. Tenían el temor a que la norma la llevasen al Constitucional, "como hicieron", y que aquello se tumbase: "Así que dijimos: ‘Por lo menos que haya alguien casado’".

Diecisiete años después, Pola de Allande (Asturias), el pueblo donde nació Emilio Menéndez y que a Carlos Baturín "le gusta mucho", vivirá un momento especial. Este sábado se celebrará allí una fiesta del Orgullo al estilo asturiano y forma parte del proyecto 'Hay Ganas de Orgullo de Pueblo', con el que se pretende dar a conocer el 'sexilio' que vivieron –y en algún caso aún viven– muchas personas LGTBI, obligadas a abandonar su lugar de nacimiento por su identidad u orientación sexual.

El festejo, que recorre diferentes puntos de España, contará con el protagonismo de Menéndez y Baturín. Emilio siente "una gran alegría y un orgullo de pueblo. Si el pueblo ha decidido hacer una fiesta así, me parece sorprendente y muy positivo. No puedo decir más que estoy muy orgulloso de la gente de Pola". Confiesa que no se lo hubiera imaginado años atrás, pero que es bien cierto que ya "hay otra forma de pensar muy distinta de cuando yo era pequeño". Y eso que tiene que reconocer que desde la primera vez que llevó a su pareja a Asturias, en 1975, "nunca he visto una mala cara".

Emilio Menéndez alude a la expectación que generó el día de su boda en Tres Cantos (Madrid) y le entra la risa: "Fue algo muy bonito y relajado. Los medios se comportaron fantásticamente". El mismo día del casamiento, por la mañana, les llamó la secretaria del Ayuntamiento para avisarlos de que había "casi cien medios" que querían acreditarse y asistir: "Quería saber si permitíamos su autorización". Se acuerda también de que, tras hacerse famosos con aquella boda, "nos fuimos de vacaciones y todo el mundo nos saludaba por todas partes, la gente se quería hacer fotos con nosotros, fue muy divertido. Tuvimos quince días muy agitados".

Y si no se casaron en Allande fue porque "he estado siempre en Madrid y llevo toda mi vida aquí. No fue por ningún aspecto de miedo o pánico: de hecho, en Madrid era más probable que se presentara algún escándalo con los grupos homófobos que en un pueblo". Han pasado años y este asturiano considera que "para salir del armario hoy en día da igual estar en un pueblo que en una ciudad". Si acaso, lo que de verdad cree es que en un pueblo "es muy difícil estar en el armario; de hecho, cuando salí del armario a la gente no le sorprendió".

Diecisiete años después, más de 40.000 parejas han seguido su ejemplo.

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