Cara visible del covid en España

¿Qué ha sido de Fernando Simón dos años después del confinamiento?

  • El director del Centro de Alertas y Emergencias, agradece estar alejado de los focos después de "dejarse la piel" y que se la "arrancaran a tiras"

¿Qué ha sido de Fernando Simón dos años después del confinamiento?
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Patricia Martín

La vida de Fernando Simón sigue siendo ahora muy parecida a la que llevaba antes de la llegada del covid, hace dos años. Más ajetreada puesto que la pandemia apenas da tregua y como sigue siendo director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias participa en las reuniones semanales de seguimiento del coronavirus con Pedro Sánchez y en los Consejos Interterritoriales de Salud con las autonomías. Pero sus jornadas ya no son tan extensas como durante la primera ola, cuando llegaba al Ministerio de Sanidad a las 7.30 de la mañana y se marchaba a 12.30 de la noche.

Su vida sigue discurriendo entre los datos epidemiológicos y las reuniones con los organismos internacionales encargados de la salud pública. También se deja ver de vez en cuando en algún congreso médico pero se mantiene alejado de los focos desde el pasado julio, cuando dio su última rueda de prensa sobre la evolución de la pandemia. El Ministerio de Sanidad decidió 'jubilarle' de la exposición a los medios cuando el virus ya no causaba estragos tan graves, gracias al avance de la vacunación, y él ha agradecido poder concentrarse en su labor sin estar en medio de la refriega política, mediática y social.

Porque Simón ha despertado tantas filias como fobias. En un primer momento, sus ojos azules, su aspecto desgarbado, con la cabellera alborotada y esas cejas sin arreglar, y sus explicaciones pedagógicas y alejadas de tecnicismos sobre un virus tan desconocido atrajeron a muchos. Eran legión los que veían sus ruedas de prensa íntegras, durante los meses que duró el primer confinamiento e incluso meses después. Muchos agradecían su calma en mitad de la tormenta. Por todo ello, Simón, que ni siquiera tiene redes sociales, cristalizó en una suerte de icono pop, con muñecos, caricaturas y camisetas con su nombre.

Cabeza de turco

Pero también se convirtió en la cabeza de turco de los negacionistas o los críticos con la gestión del Gobierno, en parte por su optimismo visceral. Su predicción más criticada tuvo lugar el 31 de enero de 2020, cuando dijo aquello de que "España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado" y "parece que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir". Y sus mensajes en esta línea continuaron hasta el confinamiento duro. "Es una enfermedad que no es tan grave como otras. La ansiedad que se percibe en la población no es razonable con los datos que tenemos", dijo el 13 de febrero.

Pero, "la situación cambió radicalmente cuando se supo que había transmisión comunitaria en Italia", se ha defendido Simón en más de una entrevista, en la que ha explicado que hasta el 9 o 10 de marzo no se tuvo información tan preocupante como para pensar en adoptar medidas muy duras. También ha comentado varias veces cuando tuvo que exponer al Consejo de Ministros la conveniencia de confinar a todo un país, algo que sucedió justo hace dos años, y cómo a Sánchez no le tembló el pulso, algo que a él le produjo "admiración".

Motorista y escalador

Y no solo se han criticado sus predicciones erróneas, como cuando señaló que no haría falta llevar mascarilla, sino también sus apariciones públicas, como la entrevista en 'El País Semanal' en la ocupó la portada con cazadora de cuero y su moto, a lo James Dean. Ni siquiera le dejaron tomarse una semana de vacaciones a gusto. Hasta el ministro Salvador Illa tuvo que justificar que fuera sorprendido bañándose en Mallorca y grabando el programa de Jesús Calleja en septiembre de 2020, cuando en Madrid la pandemia volvía a descontrolarse.

Simón no preparaba sus apariciones atendiendo a la corrección política, en ocasiones bromeaba con los periodistas y no escondía su afición por la naturaleza, los deportes al aire libre y la escalada. Y muchos no le perdonaron que no encarnara siempre una imagen de seriedad y solvencia absoluta. "Me dejaba la piel y me la arrancaron a tiras", ha lamentado en alguna ocasión.

Por lo que ahora se concentra en su tarea al frente del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias pero huye de la exposición mediática y sueña, según ha confesado, con volver a un país en desarrollo para llevar a cabo "algún proyecto interesante". No en vano, antes de que la ministra Ana Mato le propusiera como director del centro creado en 2004 por un Gobierno del PP, ejerció como médico y epidemiólogo en Burundi, Somalia, Tanzania, Togo, Mozambique, Guatemala y Ecuador. Domina seis idiomas y su mujer y sus tres hijos están acostumbrados a acompañarle casi al fin del mundo.

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