EXCONSEJERO DE MADRID

Alberto Reyero, exconsejero de Madrid: "La discriminación por edad es una violación de derechos fundamentales"

  • El que fue consejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid durante el estallido de la pandemia relata en un libro las circunstancias en las que murieron miles de mayores de las residencias y cómo, por los polémicos 'protocolos de la vergüenza', muchos no llegaron a los hospitales.

  • En 'Morirán de forma indigna' (Libros del K.O.) Reyero habla sin tapujos sobre la decisiones políticas que se tomaron entonces y cómo sus compañeros en el Gobierno, del PP, ignoraron sus llamadas de auxilio para evitar esas muertes.

  • El exconsejero rinde cuentas de forma voluntaria y critica que los temas sociales siempre han sido 'la maría' de los gobiernos y, en particular, del PP: "Arrastra una manera de entender lo social más como caridad que como un derecho".

Alberto Reyero, exconsejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid.

Alberto Reyero, exconsejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid. / Alba Vigaray

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Ha escrito Alberto Reyero Zubiri, que era consejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid durante el estallido de la pandemia de coronavirus, un libro que habla de noches oscuras, de indignidad, de gritos que nadie escuchaba en un desierto donde lo social contaba tirando a poco, de dolor -mucho dolor-, de frustración y de un esfuerzo denodado por evitar que mayores de las residencias fueran rechazados en los hospitales y murieran de la peor forma posible: sin derecho a recibir asistencia sanitaria sólo por el hecho de ser eso: mayores. "Acabo de cumplir 60 años. No quiero verme en esa situación y que se me niegue atención hospitalaria simplemente por mi condición. ¿Pero qué es esto?", se pregunta en esta entrevista con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

En 'Morirán de forma indigna' (Libros del K.O.) el exconsejero (Ciudadanos) documenta -un verbo que repetirá en diferentes ocasiones a lo lo largo de la conversación- el relato de aquellos días de noches eternas. 387 páginas, con numerosísimas notas, que detallan, de forma pormenorizada, el proceso al que asistió, con la muerte de miles de mayores -7.291 ancianos de las residencias fallecieron durante la primera ola en la Comunidad de Madrid- durante la pandemia y las decisiones políticas que se tomaron entonces. Paso a paso, el libro -con prólogo del periodista Manuel Rico- enumera las actuaciones de su consejería -que era la máxima autoridad en las residencias- para cambiar una realidad que les arrolló como un tsunami.

Confiesa Reyero su incredulidad cuando descubrió la existencia de los llamados 'protocolos de la vergüenza' -que estaban escritos, resalta- que establecían qué mayores quedaban excluidos de ser derivados a los hospitales. También el sufrimiento que vivió a medida que conocía las decisiones que se iban tomando y cómo en aquellas semanas escribía, una y otra vez, una carta de dimisión en la que exponía sus motivos para dejarlo todo. "La génesis del libro está en esas noches en las que llegaba a casa en las que, de repente, te encontrabas con hojas de excel en las que veías las personas que habían muerto en las residencias", señala. Pero, admite también, que una de las razones que le llevaron a escribirlo fue el bloqueo, en julio de 2021, de la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid por parte del PP y Vox. "Es demoledor que un gobierno se niegue a rendir cuentas", señala.

"La vida a veces no la eliges, las circunstancias te llevan" dirá en esta conversación Alberto Reyerto quien, pese a todo, siempre ha sacado algo positivo de su paso por la política. Porque cuenta que él llegó desde los recursos humanos, pero confiesa que siempre tuvo debilidad por los temas sociales, algo raro en política, admite. Los mayores, las personas con discapacidad, quienes no tienen un hogar y viven en la calle...Han sido siempre realidades presentes en su vida. De hecho, en 2010 llegó a tener un blog titulado 'No es Madrid para viejos' -que, admite sorprendido,ha conseguido recuperar- y en donde relataba una experiencia tan personal como la vivida con su propia madre, dependiente.

Cuando se supo que iba a publicar el libro, mucha gente pensó: 'El exconsejero va a tirar de la manta'. Lo ha dicho usted mismo. ¿Era ese el propósito?

Algunos piensan que debería ir a la Fiscalía con la información que tengo pero, lo explico en el libro, siempre he pensado que la valoración de esos protocolos no me corresponde a mí, sino a jueces y fiscales. La mayor parte es información conocida pero que parece que, a la sociedad española, se le ha olvidado. Y eso es por una razón fundamental: tenemos una sociedad 'edadista', que discrimina a los mayores, que piensa que al fin y al cabo eran eso (mayores), les quedaba pocos años de vida y les tocaba. Es una discriminación brutal, que supone una violación de los derechos fundamentales. Tenemos que rebelarnos porque es el futuro que nos espera. Si tenemos otra pandemia, ¿se van a tomar las mismas decisiones que se tomaron?. Pues como nadie ha cambiado nada, como Fiscalía tampoco ha dicho nada concreto...Esto no se va de meter a nadie en la cárcel, yo no quiero eso. Pero me gustaría que los fiscales y los jueces dijeran, claramente, si un protocolo como ese es o no correcto. Y si además, nadie se hace responsable del tema, es un incentivo para hacer lo mismo y eso nos afecta a todos.

Usted menciona que, cuando llega al Gobierno de la Comunidad, como consejero de Políticas Sociales, se encuentra con leyes obsoletas.

Las normas que tenían que ver con las residencias eran de los años 80 y 90, no había habido reformas posteriores. La ley de infancia, la vigente, es del 95. Ha habido una reforma nacional en el 96 y otra importante, en el 2015. Y la ley de servicios sociales madrileña es la más antigua de toda España. Es verdad que ahora hay un proceso de modificación de la nueva ley de servicios sociales, de la ley de infancia, pero eso es porque lo pusimos nosotros encima de la mesa.

"Cuando llegamos a la consejería no sabía que le llamaban 'la consejería de las penas'. Porque tienes que tratar con gente que está en dificultades".

También relata que llegaba con muchas ganas de hacer y cambiar cosas. Y que lo social siempre ha estado vinculado a su trayectoria política.

Sí, por mi activismo anterior -alude al blog que firmaba en el que relataba los problemas que vivía como hijo de una persona con dependencia- y porque mis ocho años de diputado en la oposición me sirvieron para conocer la realidad. De hecho, no he cambiado tanto. Me siguen doliendo las mismas injusticias. En política, a los que nos gusta lo social somos los 'raritos'. Si me hubieran mandado a la consejería de Transportes, pues no me hubiera gustado. Lo social es muy importante pero, normalmente, es la 'maría' del gobierno. No es el sitio en donde a la gente le gusta estar. Cuando llegamos a la consejería no sabía que le llamaban 'la consejería de las penas'. Porque con quien tienes que tratar es con gente que está en dificultades.

Critica que precisamente las políticas sociales no son las que más importan a la Comunidad de Madrid.

Sí, arrastra una manera de entender lo social más como caridad que como un derecho. No le ha importado demasiado. Los rankings que hay de entidades que emiten cómo están los servicios sociales en toda España, siempre puntúan muy mal a la comunidad de Madrid. Eso había que cambiarlo. Madrid es una comunidad muy rica y con muchas posibilidades; no todo es apostar por políticas económicas que benefician a determinadas personas. Hay que crear riqueza, pero al final tienes que redistribuir y crear políticas sociales que ayuden a las personas en su integridad y como un derecho. Todas las personas tienen derechos por el hecho ser ciudadanos y eso, que es obvio, luego no es una realidad en muchas ocasiones.

"Hubo acusaciones muy graves por parte de muchas personas. Rocío Monasterio (Vox) llegó a a decir que mi gestión era 'criminal'".

Cuando usted llega al Gobierno de la comunidad, como consejero de Políticas Sociales, ¿se siente comprendido?

Al final los que somos 'apóstoles de lo social', somos un poco incomprendidos. Dentro de mi partido, en el equipo que había en la Comunidad de Madrid, se confiaba en mí. Se me dejaba hacer. Las entidades sociales recibieron mi nombramiento muy bien y con la patronal de las residencias tenía una magnífica relación y la sigo teniendo. Había empresas de dependencia que no actuaban de forma correcta, pero si había sanciones, lo comprendían. Por parte del PP, es que realmente no había especialistas en temas sociales.

"Me fui con la esperanza de poder contar mi versión donde debía, en esa comisión, y de repente, ya no existe".

Si echa la vista atrás, ¿de dónde nace la necesidad de escribir este libro? ¿De la indignación?, ¿de la restitución de su nombre?, ¿de la necesidad de contar una verdad todavía no conocida?

Son varias de las cosas que ha dicho. La génesis del libro está en esas noches en las que llegaba a casa y, de repente, te encontrabas con hojas de excel en las que veías las personas que habían muerto en las residencias. Y pensabas: '¿Esto se va acabar en algún momento?'. Empecé a escribir cuando dejé la consejería -el 2 de octubre de 2020- y era para entender lo que había pasado. Todo era bastante turbio y oscuro, y pensé que escribir me ayudaría a entenderlo. Pensaba que podía tener interés, pero tampoco tenía del todo claro que debiera ser publicado. Cuando me doy cuenta de que es necesario que se publique es cuando se tira abajo la comisión de investigación. Me fui con la esperanza de poder contar mi versión donde debía, en esa comisión, y de repente, ya no existe. Por un lado, es una posibilidad que se les cierra a los familiares de las personas que fallecieron para saber qué pasó. Eso era importante, pero también explicar mi gestión. Hubo acusaciones muy graves por parte de muchas personas. Rocío Monasterio (Vox) llegó a a decir que mi gestión era 'criminal'. Me hubiera encantado enfrentarme a todos los grupos políticos y que me hubieran señalado errores de los que, a los mejor, no llegué a ser consciente.

Alberto Reyero, exconsejero madrileño y autor de 'Morirán de forma indigna'.

/ Alba Vigaray

Usted sostiene que el PP ha querido taparlo todo.

Me parece terrible que, en una sociedad democrática como la nuestra, no rindan cuentas. Que se quiera negar absolutamente todo. Acabo de leer una entrevista -alude a la concedida a EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, diario perteneciente al mismo grupo editorial que este medio- en la que preguntaban a Isabel Díaz Ayuso sobre lo que había ocurrido y negó siquiera que hubiera un protocolo firmado. Aquí no se trata de buscar culpables. Sobre todo en una situación en la que ha muerto tanta gente.

Cuando, por primera vez, tiene conocimiento de que existe un protocolo de derivación de los mayores a las residencias, ¿qué siente?

Incredulidad. Primero, me lo enseñan en las oficinas de la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS) un 21 de marzo (2020), sábado, preocupados. Pero estaba redactado con un lenguaje muy técnico, que no acaba de entender. Me lo traducen y la traducción de esos protocolos era que personas sin ningún problema cognitivo, que iban en silla de ruedas, quedaban excluidos cuando la mayoría de la gente que ahora vive en las residencias en España tiene dependencia grave. '¿Cómo puede ser esto?', pensé. Sentí incredulidad, que no podía ser posible, que no dejaba de ser un papel que me enseñaban....Por eso escribí los primeros emails al consejero de Sanidad (Enrique Ruiz Escudero) y al firmante del protocolo un domingo a las ocho de la mañana. Nunca se me contestó, pero luego se me explicaba que todas las decisiones que se tomaban eran de carácter clínico e individualizadas.

¿Cuándo es consciente de la realidad?

Van pasando los días y te das cuenta, por los testimonios de la gente, que eso no es así, que lo que se está aplicando es una orden política. Y, de pronto, vas viendo que las cifras de fallecidos en hospitales van descendiendo y subiendo las de las residencias. En circunstancias normales, el 20% de las personas de las residencias fallecen en el propio centro y el 80 %, en los hospitales. En esas terribles semanas ocurrió todo lo contrario: el 80% murieron en la residencias y sólo el 20%, en hospitales. Se vio que había un efecto inmediato a partir del 18 de marzo. La diferencia fundamental de Madrid -todo el mundo dice que en Cataluña había protocolos similares- es que se escribieron. ¿Por qué?. Creo que porqué esas órdenes se dieron primero de manera verbal y hubo quien dijo que, si eso no se le pasaba por escrito, no lo iba a hacer. No tengo la seguridad. Habría que preguntarlo en una comisión de investigación. Luego, intentaron justificar que pusieron en marcha un plan de choque, porque la gestión en las residencias, era un desastre.

Habla de indiferencia y gritos de auxilio.

En algunos de las cartas que envío al consejero (de Sanidad) le explico que hay dos comunidades autónomas que actúan de forma distinta. Por ejemplo, Andalucía, cuando en una residencia había un sólo caso de una persona infectada era la Consejería de Salud la que tomaba las cartas. Era lógico. Ellos tenían los medios, los sanitarios. En nuestro caso, era desequilibrado, nosotros no podíamos hacer frente con los medios que había en las residencias.

'Morirán de forma indigna', de Libros del K.O.

/ Alba Vigaray

Usted alude a un antes y un después: cuando se filtra la noticia de que se le aparta de la gestión de la Consejería.

El mensaje que trasladaban a algunos medios era que se habían encontrado un desastre y habían tenido que intervenir. Se vendió un plan de choque que realmente no existía. Todo era un contrasentido. Una gestión chapucera. Ese plan de choque supuestamente iba a suponer la medicalización de las residencias y la única consecuencia fue una operación delirante -que se llamó 'operación bicho'- y en la que se puso al mando a la hija de un alto cargo del Gobierno de Esperanza Aguirre, una mujer que estaba confinada en Castilla- La Mancha, sin formación. Provocó una sensación de estupor. Lo que no entiendo es que a día de hoy nadie de la Consejería de Sanidad o la propia presidenta haya tenido tiempo para sentarse con las familias y mirarles a la cara. Encima, se dijo que una comisión de investigación les perjudicaría, porque les haría revivir su duelo.

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¿Cree usted que algún día se conocerá la verdad de lo que sucedió en aquellas primeras semanas de la pandemia en las residencias de la Comunidad de Madrid? Y, lo más importante, ¿toda esta tragedia habrá valido para que cambie el enfoque en el cuidado a nuestros mayores?

Soy optimista. Habrá alguien que reaccione y cuente la verdad. Pero, mientras sigan parapetados en negarlo todo, será más difícil. Y quiero pensar que cambiará el modelo residencial. Necesitamos invertir mucho más. Si queremos tener una atención similar a la de los países de nuestro entorno -y no ya los nórdicos que nos llevan años de ventaja- tenemos que doblar la inversión del PIB a los mayores que ahora está en torno al 0,8% y debería estar en torno al 2%. Pero, sobre todo, tenemos que cambiar como sociedad y tener otra visión de los mayores. Todos lo vamos a ser algún día y la gente no se da cuenta.