Tengo 21 años y he usado por primera vez Blablacar: esta ha sido mi experiencia

Así fueron mis cuatro viajes en un fin de semana

Tengo 21 años y he usado por primera vez Blablacar: esta ha sido mi experiencia
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Helena Montenegro

Mi nombre es Helena Montenegro y acabo de hacer mis primeros viajes en Blablacar. Hablo en plural porque tuve que hacer dos trayectos en cuatro coches distintos. Había escuchado hablar de la aplicación varias veces en mi vida, aunque no conocía a nadie que la hubiera utilizado antes. El único trayecto largo que suelo hacer durante el año es a un pequeño pueblo en Puebla de Sanabria -Castilla y León- donde pasamos el verano en una casa familiar. Normalmente no tenía problemas en cuanto al transporte ya que íbamos y volvíamos todos a la vez desde Madrid. Este año la cosa ha cambiado un poco: he pasado los meses de julio y agosto viviendo en Oviedo sin carnet de conducir.

El verano pasado conseguí escaparme los fines de semana sin necesidad de recurrir a Blablacar; los autobuses son directos y la mayoría de conocidos que pasan el verano allí salen desde Madrid, con lo que siempre había una opción para desplazarse. Sin embargo, no existe ninguna línea directa desde Oviedo a Puebla de Sanabria ni es frecuente encontrar conocidos que hagan ese viaje. Fue entonces cuando comencé a buscar combinaciones posibles que me permitieran hacer el recorrido en el menor tiempo posible y de manera más económica. Todos los métodos me obligaban a hacer al menos un transbordo. En una de estas búsquedas, caí en que una página web que comparaba medios de transporte recomendaba Blablacar y entré a curiosear. Introduje los datos de origen y destino y me llevé un chasco: nadie hacía el viaje directo. Continué durante varios días comprobando si alguien se había animado a ofrecer el viaje de ida o de vuelta, pero no tuve suerte, así que opté por buscar combinaciones. Finalmente opté por llegar a mi destino cambiando de conductor en un punto medio.

En un principio, me costó encontrar conductores con los que sentirme segura y que, además, me cuadraran por horario para empalmar uno con otro. Tenía como prioridad encontrar perfiles verificados y con foto que, además, hubieran hecho algún viaje previamente y tuvieran opiniones. Como empecé a hacer las búsquedas a dos semanas vista, resultó más complicado en un principio. Una vez se fue acercando la fecha, salieron más viajes y acordé los dos viajes de ida con dos personas que ya tenían experiencia en Blablacar. Quedé con la primera conductora un viernes a las cinco de la tarde. El pavor a perderme y llegar tarde me empujó a salir una hora antes de casa. Había estado leyendo varias reseñas de gente que se había quedado en tierra después de haberse retrasado cinco minutos y no conocía el grado de mi compañera. Para mi sorpresa, no me perdí. No se si lo mío fue suerte, pero en cuanto subí al coche comenzamos a conversar. Era una chica joven, muy agradable y extrovertida, y estuvo durante todo el trayecto preocupándose porque estuviera a gusto. Hicimos una breve parada antes de salir de Asturias para recoger a una amiga suya con la que se iba de vacaciones. Según me contaron, harían trayecto hasta Cádiz en dos días y recogerían a un total de cuatro personas distintas. Esa noche la pasaban en Zamora, pero no tuvieron ningún reparo en desviarse del camino para dejarme lo más cerca posible de Benavente, donde había quedado con el siguiente Blablacar.

Había cogido los viajes de tal forma que hubiera espacio suficiente de tiempo entre ambos por si surgía algún imprevisto o, por el contrario, me retrasaba con el primero. Efectivamente, una vez en Benavente, el lugar donde hacía transbordo para empalmar con un nuevo viaje, tuve que esperar tan solo veinte minutos. Me recogieron un chico y una chica jóvenes que hacían el trayecto, entre otras cosas, por amor. Eran de Madrid y sus parejas vivían en Galicia, lo que convertía a Puebla de Sanabria en un punto medio. Recuerdo este viaje porque me sorprendió todas las cosas en común que teníamos entre los tres e incluso quedé con el conductor en vernos en la verbena de la noche siguiente.

Después de pasar un par de días de desconexión, me tocaba volver a trabajar. Seleccioné los trayectos con la misma premisa con la que había escogido los dos anteriores y volví a salir con tiempo. En este caso, tuve un percance que casi me arruina la vuelta a casa. La tarde antes de volver, me saltó una alerta de la aplicación: el conductor que en un principio me llevaba de Benavente a Oviedo canceló su viaje sin avisarme previamente. Esto me obligó a ponerme a buscar en seguida nuevas formas de volver que coincidieran con el Blablacar que ya tenía pagado desde Puebla de Sanabria a Benavente. Hablé a más de diez personas, busqué billetes de autobús -agotados- e incluso busqué otras combinaciones posibles. Justo cuando estaba entrando en una zona sin cobertura, sin saber aún cómo iba a hacer para llegar el lunes a Oviedo, recibí un mensaje de un par de conductores que justo cuadraban sus viajes. Lamentándolo mucho, tuve le mandé un mensaje a la que en principio iba a ser mi compañera de viaje sintiendo no poder hacer al final el trayecto con ella por cuestiones horarias y cancelé, perdiendo el dinero.

Tras una hora de espera entre viaje y viaje, mi conductor llegó a la hora aproximada. En el coche viajaban dos personas más aparte del conductor, también muy jóvenes, que salían desde Galicia hacia Madrid. Resulta que el conductor había estado viviendo en Oviedo años atrás, mientras estudiaba para el MIR, así que estuvimos compartiendo experiencias sobre la ciudad. Según me contó, al igual que las primeras chicas con las que compartí coche tan solo dos días antes, su destino final era Valencia, pero hacía noche en Madrid y recogería a varias personas entre medias. Una vez llegamos a Benavente, esta vez tuve mucho más margen de tiempo entre viaje y viaje.

Compré un café para hacer tiempo y me aseguré de estar en el punto que habíamos acordado cuando el conductor de esta ocasión llegó justo a la hora prevista. No recuerdo desde viajaba él, pero cuando paró por mí también recogió a otra persona más. Hicimos el trayecto entero cuatro y fue el viaje más relajado de todos. Notaba la fatiga de un viaje tan corto como intenso, con pocas horas de sueño, pero no perdí el hilo de la conversación entre piloto y copiloto. En este caso, mis acompañantes eran bastante más mayores y me daba más vergüenza participar en la conversación, pero acabamos hablando todos. En un principio, el conductor tenía como destino final Oviedo, pero había cambiado en el último momento a Gijón. Aun así, no tuvo problema en dejarnos a los tres en puntos distintos antes de marcharse.

En menos de quince días tomo rumbo de nuevo a Madrid, donde los viajes son más frecuentes y es mucho más sencillo encontrar trayectos directos. Aun así, ya estoy mirando para volver a hacer el viaje este fin de semana, antes de irme de Asturias, y no dudo que repetiré las veces que haga falta.

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