LA RIOJA

Pedro Merino: "Los curas no son tontos castrados; nuestra decisión es consciente"

El prior del Monasterio de Yuso, situado en San Millán de la Cogolla, Pedro Merino.

El prior del Monasterio de Yuso, situado en San Millán de la Cogolla, Pedro Merino.

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Pedro Merino es prior del Monasterio de Yuso, situado en San Millán de la Cogolla, Patrimonio de la Humanidad desde 1997, y cuna del idioma castellano. Fraile, profesor, viajero, huésped y anfitrión, pide a la clase política que baje a la tierra y una sociedad menos individualista.

¿Cómo es la vida de los Agustinos Recoletos en el Monasterio de San Millán de la Cogolla?

Tranquila, pero muy organizada. Es clave estar unidos como hermanos que compartimos intereses comunes. Tenemos una parte de rezos comunitarios, recibimos a los visitantes, servimos a las parroquias asignadas y compartimos reflexiones para no perder la temperatura de la vida ordinaria. Recomendamos libros que merezca la pena leer o nos referimos a algún dato político que nos sobresalte por lo poco ajustado que está a los valores, pero también señalamos lo positivo.

En 2020 abrieron las puertas de su institución a la Conferencia de Presidentes autonómicos.

Nunca lo hubiera imaginado. Fue una experiencia maravillosa para demostrar que un monasterio no es un lugar cerrado, sino desde el que se transmiten valores de paz y respeto, imprescindibles para cualquier función pública. A los representantes les recordamos que para ser frailes había que hacer renuncias. El hábito no hace al monje, sino que lo adquiere después de haberse preparado a conciencia.

¿Cómo está actualmente la relación entre la Iglesia y el Estado?

Navegamos cerca, manteniendo la singularidad de cada uno. El respeto por los valores es fundamental y estos pueden ser muy diversos. Entendemos la legítima independencia de cada una de las partes. Aunque ninguna institución va a ser capaz de encontrar algunas respuestas que residen en uno mismo. Por eso el valor religioso no puede ser solapado o quebrantado por otro. 

España cambiará cuando dejemos de creernos dueños y gestores de todo"

Antes de ser prior fue profesor. ¿Qué valor le da a la formación?

Tiene una importancia definitiva, por eso me da pena cómo a veces la docencia se somete a concesiones que atienden a la singularidad de cada individuo. Empezamos por permitir que se avance de curso con un suspenso. Después será con más. Parece que importa más pasar que la formación en sí misma. Pero la gente te valora por lo que eres capaz de hacer, entender y resolver, no por lo que dice un cartón. Los gobiernos no ayudan en ese sentido y terminan haciendo concesiones para mantener un puesto. Y así no se sirve, sino que se engaña al pueblo, que confunde lo realmente importante con lo circunstancial. 

En las profesiones que ha desempeñado, la vocación es clave. ¿Sigue existiendo?

Por supuesto. Pervive precisamente porque no es nuestra y es independiente del poder político o económico. Pero no es una cuestión que afecte solo a religiosos, la vocación es una llamada para ser persona; Dios se encarga del resto. Necesita un silencio para que nos preguntemos: “¿Para qué estoy aquí?”. La respuesta implica dudas, como bien dijo San Agustín: “Buscad lo que deseáis -que es la felicidad-, pero sabed que no está donde lo estáis buscando”, dijo, en reflexión que vale para el materialismo.

¿Por qué cada vez menos personas creen en Dios?

Es un tema en el que reflexionamos. Estudiamos cómo evangelizar en un tiempo en el que cada individuo quiere ser libre sin depender de nadie. La gente dice que su cuerpo es suyo. Las madres pueden decidir si su hijo nace o no. Es una interpretación equivocada de la titularidad de la vida. ¿Quién ha comprado la suya? Es un don y tenemos que tratarlo con el máximo respeto. Yo también he tenido 18 años. He podido viajar por toda Europa. He estado donde he querido. Nadie me ha obligado a ser religioso. Los sacerdotes no somos tontos de segunda línea a los que han castrado . Hemos contemplado todas las posibilidades y somos muy conscientes de nuestra decisión. Para ello es clave distinguir el cuerpo de la inteligencia y reflexionar sobre la propia vida que hemos recibido como un préstamo. 

Habla de madres, ¿cómo entiende actualmente el rol de la mujer la religión?

El valor femenino es insustituible en la fundamentación teológica. Dios, para hacer algo serio en este mundo y dar un toque de atención, buscó una madre para el nacimiento de su hijo. La mujer entra por principio en la historia de la salvación y de la familia, que no podemos imaginar sin ella. Sería absurdo intentar una sociedad sin el valor que aporta a la misma la mujer.

¿Y cómo ve la sociedad española de los próximos años?

¡Quién es capaz de saberlo! Pero la gente tiene que desengañarse y labrar su mundo interior. España cambiará en la medida en que vayamos bajándonos del burro de creernos auténticos gestores y dueños de todo. Entendamos que es valiosa, pero que no podemos gestionarla solos. Necesitamos la fuerza superior de Dios, ese director de orquesta externo que siempre estará disponible para escucharnos.  

¿Y qué papel jugará La Rioja en esta nueva construcción social?

Es una región con ventajas pese a ser pequeña, porque nos organizamos mejor. Tenemos riqueza vitivinícola, paisajística y recursos para generar trabajo con proyectos industriales o culturales. En el Monasterio de San Millán se encontraron las glosas emilianenses, el primer ejemplo en lengua castellana. Partiendo de esta base, desarrollamos junto al Gobierno de La Rioja El Valle de la Lengua, que junto a otras iniciativas busca convertir a los visitantes en residentes, algo necesario e n la España Vaciada.  

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