DEPORTES

Lewandowski y Benzema, los alquimistas del gol

Dicen que los goleadores funcionan por rachas. Benzema y Lewandovski le dejan eso al viento. Ellos no hacen concesiones

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Karim Benzema y Robert Lewandowski.

Karim Benzema y Robert Lewandowski.

Un buen amigo, excelente periodista, dice que nunca hay que titular con una película, así que para esta ocasión ha habido que descartar la opción de Dos hombres y un destino. Le venía al pelo al asunto, porque esto va de una dualidad, de una doblez en estilos, colores, olfatos, idiosincrasias y maneras. En cierta forma, también, de un antagonismo, y porque el fútbol tiene algo de western, sin los espaguetis del señor Leone ni los ojos desafiantes de Eli Wallach, Clint Eastwood y Lee Van Cleef, pero con duelos y desafíos donde no se trata sino de desenfundar, apuntar y hacer diana. Porque esto, a fin de cuentas, también tiene que ver, y mucho, con los disparos. Hay, además, un lenguaje bélico que adorna e hiperboliza las acciones de tipos mortales que son endiosados los fines de semana y también los días en que Europa es un cuadrilátero verde de grandes dimensiones.  

Esto va de un francés y un polaco, así que no nos da para los ingredientes de un chiste clásico. Karim y Robert se van a estar batiendo en duelo esta temporada en una contienda que tiene lugar, la mayoría de las ocasiones, a distancia. No es que vayan a teletrabajar. Estos son férreos defensores del presencialismo, aunque sus nombres ronden en un más allá como espíritus omnipresentes en tertulias radiofónicas o televisivas, discusiones de bar o se instalen en las gargantas de aficionados que pregonan la supremacía de uno u otro dependiendo de sus dogmas y convicciones. Para estas cosas la racionalidad suele cobijarse entre las sombras hasta que acaban los fulgores. 

Lewandowski y Benzema son dos arietes colosales. Uno, azulgrana, depredador por instinto, de mentalidad ejecutiva (o de ejecutor), obscenamente efectivo, como una especie de gurú del pragmatismo, vendaval, resorte o fusilero sin miramientos. El otro, blanco, predicador del talento, un delineante excelso con un catálogo de cualidades que se ha convertido en un manual del fútbol total, un tipo que se sentó en el trono del reino tras escapar de la sombra de un portugués que era, como la del ciprés, alargada.

Los dos son fabricantes de goles, cada uno a su manera, es cierto; con diferentes materias primas. El polaco, con impiedad y pragmatismo; el francés, más artesano, más idealista. Pero las escuelas de ambos confluyen en la consumación del rito goleador, y eso preconiza una confrontación interestelar esta campaña en la liga española. Uno pensará en el otro al marcar. Denlo por seguro. El de la rivalidad de los goleadores es un deporte de ultrarresistencia, en el que el aspecto psicológico juega un papel determinante. 

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Dicen que los goleadores funcionan por rachas. Benzema y Lewandovski le dejan eso al viento. Ellos no hacen concesiones. Primero disparan, después apuntan, alterando incluso la lógica o los pasos que indica el libro de instrucciones. No, definitivamente no son Robert Redford y Paul Newman. Nada que ver. Pero en el destino al que miran solo hay lugar para uno de ellos. Ahora falta por comprobar -con paciencia, esto acaba de empezar- quién contemplará más miradas de impotencia en los porteros rivales esta temporada. 

Robert y Karim se intuyen. Se conocen. Ambos saben que sobresalen sobre el resto por su capacidad para hacer la magia del fútbol, el gol. Esa es su piedra filosofal. Y en su búsqueda quizá se conjuguen algo de mística, arte y ciencia, como si, después de todo, fueran alquimistas del balón.